Marcelo Saín: "Los tres grandes mercados ilegales de este país tienen protección policial"
El sociólogo Marcelo Saín pertenece a la corriente reformista, que encuentra las soluciones al problema de la inseguridad en desarmar el poder de las cúpulas policiales, particularmente el de la Policía Federal.
Tuvo funciones ejecutivas (fue viceministro de seguridad de Buenos Aires en la gestión de León Arslanián e interventor de la Policía Aeroportuaria). Hoy dice estar cómodo en la actividad académica, pero volverá a la política si es elegido diputado provincial, candidatura a la que arribó por el partido de Martín Sabatella.
Cree en Cristina de Kirchner, pero especialmente en la ministra de Seguridad, Nilda Garré, a quien asesora. Y cuenta en esta entrevista cosas tremendas. Entre ellas, la supervivencia en el ámbito de la Policía Federal de 2.000 agentes de inteligencia que trabajan como una "SIDE paralela" desde la década del 50.
-La premisa de este encuentro es "Vivir sin miedo", ¿se puede?
-Esto que dice abre el juego fuera de lo policial estrictamente...
-Sí, pero a través de la Policía, porque el comisario que protege un prostíbulo donde se explotan chicas menores de edad no lo hace en horas extras, sino en función de la investidura que tiene y los recursos y aparato que el Estado le brinda. Es un Estado ilegal, que existe desde el punto de vista sociológico. Esto genera desconfianza social en las instituciones.
-¿Cree que las medidas que está tomando la ministra Garre sobre la Policía Federal pueden solucionar esta problemática?
-La ministra comparte el diagnóstico. El desplazamiento de la Policía Federal de jurisdicciones de la zona sur del Gran Buenos Aires no solo es para ganar recursos para distribuirlos en el resto de la ciudad de Buenos Aires, sino que tiene que ver con el reconocimiento de la connivencia entre esa policía y las redes criminales, que ejercen gubernamentalidad en vastos sectores carenciados, donde hay olvido social del gobierno local y ha habido vista gorda del gobierno federal hasta ahora. La salvedad es que estamos en un año electoral, pero no hay especulación, hay una perspectiva reformista. Hubiese sido aconsejable reproducir el pacto de siempre con la cúpula de la Federal y ver el año que viene quién tiene la espalda más fuerte: los reformistas o los antireformistas. Sin embargo, en plena campaña se toma la decisión de desplazar cerca de 1.400 policás federales y colocar en su lugar una base de operaciones con estructura de Gendamería y Prefectura. Es la primera vez que se toma una decisión sobre la Policía Federal sin consentimiento de la cúpula en la era democrática.
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-La Policía Federal es de mentirita. Fuera de ciudad de Buenos Aires solo hay sedes administrativas. El noventa por ciento de la estructura lo tiene por y para la Capital Federal. Ha sido la policía del poder y de los gobiernos durante años. Fueron útiles para el ejercicio de poder. Tienen cosas terribles: cerca de 2.000 agentes de inteligencia regulados por un decreto ley secreto del año 1958, en plena dictadura. Entre las facultades que tiene ese servicio de inteligencia paralelo, está que esos funcionarios de información pueden ser contratados por empresas y organismos públicos. Debemos tener un montón de esos agentes trabajando con nosotros. Tienen una SIDE fuera del sistema institucional y fuera de los controles ordinarios, aún hoy.
-¿Usted quiere volver a tener incidencia en la cosa pública?
-Estoy muy cómodo en la vida académica.
-Bueno, pero es candidato del partido de Sabatella...
-Ah sí, soy candidato a diputado provincial.
-Pero estuvo cerca de volver a la función ejecutiva con Nilda Garré...
- Soy asesor suyo, estoy colaborando con ella
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-Yo no pertenezco al partido del gobierno. Si hay un proyecto reformista sí. Nosotros apoyamos la reelección de Cristina y a este gobierno, a partir de una serie de lineamientos puntuales. No nos gustaba la política hasta diciembre pasado, a pesar de que yo era interventor de la policía aeroportuaria, pero sí apoyábamos la política social, por ejemplo con la asignación universal. Es un apoyo programático. De hecho estoy colaborando con Nilda Garré en un conjunto de tareas que se inscriben claramente en una impronta reformista. Garré es una de las ministras que no dejó en las puertas del despacho sus convicciones. Pero fuera de ese acuerdo, un cargo de responsabilidad ejecutiva me parece que no va a ser posible.
-¿Y confía en que Nilda Garré va a ir al hueso?
- Está haciéndolo. Es muy difícil volver atrás después de esto. Hay impronta de cambio institucional. Ahora hay que ayudarla a construir consenso social y político, porque cuando uno reforma cosas tiene muy pocos aliados y una enorme caterva de enemigos, que se hacen los amigos cuando estás por ganar. Yo me fui cuando decidí irme de la policía aeroportuaria, según el acuerdo que tenía con Néstor Kirchner, y eso no le gustó a mucha gente.
-Hubo un par de problemas graves después, como la polémica por el narco-jet...
-Eso demuestra que gran parte de la policía se ha dejado influenciar por alguna agencia extranjera que metió la cola del diablo ahí adentro. Hablo concretamente de la DEA.