La estudiantina K que viene a salvar a Mendoza
No vamos a cambiar lo que dijimos hace dos semanas en esta misma columna: la política envejece en Mendoza y hace falta recambio. Pero también vale preguntarse qué tipo de jóvenes necesita para revitalizarse.
Lo cierto es que los deseos de la familia presidencial deben entenderse aquí en Mendoza como órdenes inapelables. Así, en el tercer distrito electoral de la provincia, entraron con pase especial Lucas Ilardo y Mariana Femenía, quienes ingresaron como postulantes para la Cámara de Diputados porque ni siquiera les daba la edad para entrar al Senado.
Esta exigencia relegó a un dirigente que (sea bueno o no) nadie puede tildar de “viejo”, Eduardo Bauzá, quien es mano derecha del candidato a vicegobernador, Carlos Ciurca, y cuyo peso específico es indudablemente importante en el PJ local: poco después de bajarlo de la lista de legisladores, Francisco Pérez y Ciurca lo designaron como el jefe de la campaña oficialista.
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No se puede decir que Ilardo y su novia Fernández, o Femenía, no tengan potencial para la política. Pero lo tendrían que probar antes de aspirar a representar a los mendocinos en el Congreso o en la Legislatura.
Ese un buen valor a difundir que las cosas hay que ganárselas en la vida ¿O es mucho pedir?
Estudiantina sólo para Mendoza. La estudiantina política con sello kirchnerista de todos modos parece correr sólo para el PJ de Mendoza. Basta con ver qué pasó en San Juan para darse cuenta que no ocurre lo mismo en todas las provincias gobernadas por el PJ.
El gobernador José Luis Gioja no hizo penitencia en la Casa Rosada para definir los candidatos a diputados nacionales ni tuvo que tragarse las maniobras “renovadoras” que satisfacen y alegran solamente al hijo de la presidenta de la Nación, Máximo Kirchner. Gioja los designó en su provincia, con autonomía.
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Con todos sus defectos, Gioja ha sabido devolver golpe por golpe con la Rosada, algo que el gobernador mendocino Celso Jaque nunca hizo, a pesar de que muchas veces lo ningunearon y hasta lo perjudicaron.
Cuando Cristina comenzó a ignorar a Gioja en la disputa de la vicepresidencia, el veterano gobernador de San Juan se encriptó en su provincia y dejó de llamar a Buenos Aires, para bien o para mal. Así fue que se comió con temple de caballero el anuncio del lanzamiento de Cristina a la reelección por TV, dado que nadie lo invitó al acto. Como contraparte, resolvió el asunto de las candidaturas en su provincia de manera soberana, sin agobiantes interconsultas con la Rosada.
A pesar de todo, no le ha ido nada mal en su relación con la Nación a Gioja, hay que decir.
Jaque, en cambio, se pasó dos días enteros junto a la fórmula para la gobernación y dos intendentes entre la quinta de Olivos y la Casa Rosada, buscando lo que al final Cristina no le iba a dar: el permiso nacional para ser candidato a diputado nacional, herencia natural para los mandatarios que dejan el poder en Mendoza, dado que aquí no hay reelección.
Lo que yo digo, no lo que yo hago. La presidenta diseñó para Mendoza una lista de candidatos con toque estudiantil, aunque hay que decir que la liviana imposición de juventud al peronismo mendocino y en definitiva a su sociedad entera no se repitió tampoco en la nominación de su propio compañero de fórmula para la reelección.
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Haz lo que digo, Mendoza, pero no lo que yo hago.
Carmona, el ingrato. En lugar de Jaque, al tope de la lista de diputados del PJ quedó el ex funcionario rebelde Guillermo Carmona. El ex secretario de ambiente dio un portazo hace tiempo en el poder ejecutivo y desde entonces amenazó con competir con la fórmula oficial en octubre.
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Aunque el gobernador intentó mostrar liderazgo haciéndose cargo del anuncio de los candidatos a diputados nacionales del PJ, Carmona no tuvo desde el viernes una sola palabra de reconocimiento hacia Jaque cuando lo consultaron. “Mi postulación es fruto de la decisión de la presidenta”, asegura ante cada consulta.
El tercer puesto en la lista de candidatos a diputados nacionales, que quedó para el dipu-gremialista petrolero Dante González (foto), marca una situación particular. Es uno de esos fenómenos inexplicables de la política. Se desconoce de González, que ya es diputado, algún proyecto o intervención importante en el Congreso.
González, no obstante, ha demostrado lealtad y parece ostentar un cupo mínimo indispensable en las listas de candidatos del oficialismo. El cupo gremial que tiene que estar, aunque su suerte quede atada a un triunfo importante en las elecciones de octubre.
La jubilación de Patricia Fadel. Jaque no ha sido la única víctima de Cristina y su decisión de que Mendoza abra las puertas a los jóvenes, o a cualquiera que no sea el gobernador.
Nadie se animaba a dudar hasta el viernes que Patricia Fadel, soldado de la causa kirchnerista durante años y una veterana del Congreso, iba a ser desalojada de la lista oficial. Ni siquiera una mancha perceptible en su legajo K la alejaba del logro: no tuvo, dicen, una militancia relevante de la ley de matrimonio igualitario.
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Pero fue así, se quedó afuera. Y en el anuncio del gobernador se notó cierto regocijo por su separación de la lista de candidatos a diputados nacionales. Jaque simbolizó en el derrocamiento de la diputada de Tunuyán la mentada renovación que exige el kirchnerismo nacional y que él dice acompañar.
Esa fue una pequeña vendetta del gobernador. Fadel milita en el sector de los azules del PJ, quienes han sido rivales importantes de Jaque a lo largo de toda su gestión. Es una ficha del operador Juan Carlos Chueco Mazzón, artífice de la derrota más dolorosa de Jaque, después de su marginación de la lista de candidatos a diputados nacionales: Mazzón abortó tiempo atrás la candidatura a gobernador del secretario Alejandro Cazabán.
Ahora fue Jaque el que militó o al menos no se preocupó ante la inesperada jubilación de Fadel en el Congreso, lo que marcó otro capítulo en su enfrentamiento personal con los azules.
Un pequeño gustito del gobernador, puede decirse, después de que los azules consiguieran el objetivo que se plantearon en firme el verano pasado: que ni Jaque ni Cazabán pudieran aspirar a candidatura alguna en las elecciones de octubre.
Triste cierre de época para Mendoza. La definición de la lista de candidatos a diputados nacionales del justicialismo, por otro lado, cierra un capítulo triste para la política mendocina. Jaque terminó con las manos vacías, pero el consuelo para el malargüino es que hoy no está solo en la zona fría de la política, a la que fue empujado por el kirchnerismo. Lo acompaña allí uno de sus mayores adversarios: el radical Julio Cobos.
¿Quién puede entender que estas dos figuras mendocinas, sobresalientes en 2007, menos de cuatro años después quedaron condenadas a la periferia y el abandono?
Alguna enseñanza debería dejarnos que el destino haya sido tan cruel y certero con el sorprendente último gobernador de la provincia, que ganó las elecciones cuando nadie lo esperaba; y con el no menos fulgurante vicepresidente de la Nación, cuyo brillo en el mundo de la política nacional fue tan intenso como momentáneo.
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Es cierto que a Cobos nadie lo echó de las listas de candidatos de la UCR: se fue solo, a pesar de que muchos lo querían allí. Pero su renunciamiento a pelear cualquier cargo en 2011 no deja de sonar, aún hoy, como una decisión calculada y marcada por el temor de competir contra el poderoso kirchnerismo, al que alguna vez amagó con enfrentar nada menos que en la batalla por la presidencia.
¿A quiénes encomendarse entonces cuando los héroes modernos de la política mendocina han sido derrotados? ¿A los pibes desconocidos que aman a Cristina y agitan sus trapos?
Huérfanos y desolados, hoy a los mendocinos no les queda otra que anhelar que el pobre desenlace de la novela de las candidaturas despierte nuevos y legítimos caminos de representación política en la provincia.








