Los hijos de la crisis: las historias de los okupas mendocinos
Jesús Moreno está desandando el camino de su familia. O más bien repitiendo el mismo camino, empezando otra vez de cero. “Yo vivo con mi madre, somos 10 los que vivimos en la casa con hermanos, cuñada, niños. Ya no hay más lugar. Ya no da para más, asique por eso vinimos acá”, dice. Tiene 20 años, un hijo y es parte de las familias que tomaron un terreno al costado del Acceso Sur, en Godoy Cruz. Casi lo mismo hizo su madre hace un par de décadas: ocuparon un terreno, levantaron un asentamiento y luego lograron que les construyeran una casa, la misma donde Jesús creció y de la que ahora intenta salir. “No se puede vivir, te peleas con tu cuñada, con tus viejos, con tus hermanos. No podés tener una pelea de pareja…no lo podés tener. No tenés intimidad”, relata.
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A Yamila Castillo le pasa algo parecido. Tiene 24 años y vive en la casa de sus suegros, también en el barrio Tres Estrellas. “Mi mamá estuvo 15 años esperando en el asentamiento a que le dieran una casa. Ahora queremos saber cuánto tenemos que esperar nosotros”, dice la mujer.
Los “okupas” mendocinos son los llamados “hijos de la crisis”, y desnudan una serie de problemas estructurales: viven hacinados en las casas de sus padres por falta de vivienda, no llegaron a completar los estudios y por eso se les complica conseguir un trabajo estable.
Vivir “a costillas del otro”
Jesús se queja y pide una mano de alguien. Hoy tiene 20 años, una joven esposa y un hijo. Era un niño cuando le tocó vivir la crisis del 2001. De hecho todos sus “compañeros de toma”, son de la misma generación. “La mayoría vive con los padres, o con los tíos o con los abuelos. Pero siempre a costilla de otro. La mayoría de la gente tiene entre 20 y 25 años. Eso es lo que se hace ahora. Se hace una convocatoria de gente joven que está cansada de estar viviendo a costilla de otro”, relata.
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Cuando Jesús y sus amigos del barrio crecieron, en Mendoza, por ejemplo, había récord de deserción escolar. En 2002, cuando tenía 11 años, el 62% de los niños de su edad vivían en la pobreza y más de la mitad de ellos en la indigencia. Con esa historia detrás, hoy se les complica conseguir un trabajo fijo. “La mayoría de nosotros no terminó la escuela y por eso es complicado tener un trabajo. Yo camino la calle, son vendedor ambulante y hago changas”, detalla, mientras cuida su espacio en la toma.
Hacinados
Las casas del barrio Tres Estrellas están modificadas. Cuando las entregaron como parte de un plan de radicación y erradicación de villas, tenías dos dormitorios y un comedor. Hoy muchas tienen pequeñas divisiones, habitaciones agregadas de chapa y superposición de camas para que el espacio alcance para dormir.
En los hogares pobres de Mendoza viven, de promedio, 5 personas por casa, mientras que en los hogares no pobres el promedio es de 3. El hacinamiento que se genera no es sólo una cuestión de comodidad. “Estamos cansados de molestar a nuestros padres. Ya somos grandes. En la vida cotidiana se molesta. Vos molestás a tu viejo y tu viejo te molesta a vos. Más porque se quieren meter, porque son sus nietos se quieren meter. No da. Para no terminar viviendo debajo de un puente te terminás bancando todo”, dice Juan, que vive en La Gloria.
La ocupación del terreno del Acceso Sur estuvo planificada. Según explicaron, antes hubo varias reuniones en las que se organizaron, juntaron firmas y finalmente tomaron la decisión. No les costó tanto, pues la mayoría se conoce desde niños.
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En todos los intentos de usurpación producidos en Mendoza en los últimos meses la situación es similar. El primer llamado de atención fuerte ocrurrió con la toma del barrio Norte Río Mendoza, aunque ya había habido varios intentos en terrenos desocupados. En ese caso, fueron las mujeres las que tomaron la decisión y se metieron a las casas que estaban a medio hacer.
Ellas también se quejaban porque aunque son adultas y tienen su propia familia, viven con los padres.
En los municipios hay temor por las ocupaciones y bronca porque saben que hay un problema de fondo complicado de resolver. El déficit habitacional es enorme y las familias en listas de espera se cuentan por miles (12 mil en Las Heras, 8 mil en Maipú, por ejemplo).




