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Cristina se mostró como una candidata

Joaquín Morales Solá, en su columna de hoy en La Nación, se enfoca también en el discurso de la presidenta. Cuidado: el título, a primera vista, puede llamar a equívoco, pues, en realidad, esconde la habitual crítica negativa del periodista a la gestión nacional.
Cristina Kirchner se adelantó ayer a los analistas políticos: ¿cómo podría conseguir una reforma constitucional un gobierno que no pudo lograr que le aprobaran a libro cerrado el presupuesto de este año? Tiene razón. Era, en efecto, la conclusión más obvia sobre la fiebre re-reeleccionista que se abatió en los últimos días en la abstraída burbuja de los kirchneristas.

"Cristina eterna" (slogan que es una profesión de fe en la monarquía absoluta, tan lejana a la democracia) no fue, sin embargo, sólo un ataque de adulación a un liderazgo por parte de alguno oficialistas. El proyecto de reforma de la Constitución tiene sentido para otro proyecto más inmediato, terrenal y legítimo: la candidatura de la Presidenta a la reelección en las elecciones de octubre próximo. Aunque sea, como lo es, una causa perdida de antemano, el reformismo constitucional podría construir la imagen de una presidenta en condiciones de relevarse a sí misma en 2015. Fantasía en estado puro. La política argentina es imprevisible más allá de la próxima semana.

Pero la política también se construye con mitos. El actual mito en montaje de una "Cristina eterna" es una consecuencia no querida de la muerte de Néstor Kirchner. La Presidenta sabe, mejor que nadie, cómo fue el debate interno en el kirchnerismo en 2007 que la llevó a la candidatura y a la presidencia. Su esposo decía que no hay poder real sin reelección y él no la tendría después de un segundo mandato. Es lo que sucedería con Cristina Kirchner si ganara las próximas elecciones.

El problema del oficialismo es que naufragó empujado por la precipitación. Ese proyecto reformista, mítico o lírico, sólo podía explayarse después de una elección ganada y no en medio de una campaña electoral con final abierto. La propia Cristina sabe que nada está resuelto todavía con miras a octubre. Es candidata. No hay dudas, hoy por hoy. ¿Qué quiso decir, si no, cuando señaló que "una persona" necesita ocho años para implantar un proyecto, como lo afirmó hace poco? Aclaró que es "una persona" (y no dos) para que la sociedad no le endose a ella los cuatro años de su marido muerto. Sus actos son los de un candidato. El conurbano empapelado de afiches cristinistas responden claramente a una campaña presidencial. Con todo, ayer se abstuvo de ratificar su candidatura. Seguirá con sus oscilaciones discursivas. Hoy no; mañana sí.

A pesar de todo, fue un discurso más puntual y concreto que otros discursos que dijo ante la Asamblea Legislativa. Anunció que enviará algunos proyectos al Congreso, al revés del año pasado cuando les avisó a los legisladores que acababa de ignorarlos con un decreto de necesidad y urgencia para hacerse del control de las reservas. Algo es algo.


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