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Y a todo esto... ¿hay vida en el Planeta Cobos?

La figura del vicepresidente parece un astro sin rumbo y sin señales de vida política. En base a esa alegoría astronómica el periodista Gabriel Conte propone examinar los movimientos de la que hoy parece como una antigua estrella que se ha ido apagando en el firmamento político.  El rol del kirchnerismo y la incidencia de la fatalidad en la proyección de Cobos como esperanza electoral incumplida.

Julio Cobos tuvo su momento de intensidad y brilló con luz propia. Algunos se apresuraron a verlo como el centro de la galaxia política argentina. Nada ni nadie pudo opacarlo durante mucho tiempo y se llegó a pensar que su fuerza de gravedad haría que muchos otros giraran a su alrededor.

Sin embargo, nadie había estudiado a fondo su comportamiento interno. Pronto el brillo mutó en espejismo y, a simple vista, se tornó un pariente cercano de Plutón, el planeta que ya no es tal y que fue expulsado por los científicos del sistema solar.

Cobos siempre actuó solo y así se fue quedando. Algunos cobólogos sostenían que nada era lo que parecía ser y algunos -como siempre pasa con los astros y sobre todo, con los desconocidos- lo interpretaron para bien y otros anticiparon su propio Armagedón.

Hoy el planeta Cobos intenta dar señales de existencia y vida, pero los instrumentos de captación de sus mensajes no saben si lo emitido es indecodificable o bien, una treta de las comunicaciones: en el espacio sideral del radicalismo hay demasiado ruido para hacer audible mensaje concreto alguno.

Fuera ya de las metáforas, la realidad da cuenta de que Julio Cobos no cuenta, siquiera, con el apoyo masivo que supo tener de los mendocinos. No lo dice el kirchnerismo, su gran mentor y detractor: es la gente de su propio partido la que exhibe encuestas que lo demarcan de las preferencias.

La muerte de Kirchner lo desconfiguró por completo en una situación que se lo llevó puesto, probablemente, también al Peronismo Federal. No pudo llevar flores al velorio de quien le abrió espacio a nivel nacional.

Intentó entonces avanzar con un  liderazgo alimentado por su propio ímpetu genético de subir lo más alto que se pueda sin mirar hacia atrás y, en esa tarea, confundió escalones con cabezas. Mucha gente se enojó con él.

Hoy habla y no lo escuchan. Pero ni siquiera sus más íntimos, aquellos auténticos "cobólogos" de los que hablamos antes, pueden argumentar cosas tales como que "predica solo en el desierto" o que representa alguna "isla en la política argentina". están todos desorientados.

Un altísimo cobista, de esos que jamás dejarán de serlo, una especie de satélite del planeta echado del sistema solar, sostuvo -ante nuestra consulta- que "no le va a quedar otra que bajar a Mendoza". El asunto es que ya nisiquiera se lo menciona con la posibilidad de liderar la candidatura a gobernador. Lo que Cobos deberá hacer es encabezar la lista de legisladores nacionales, sostiene.

La versión la confirman sus adversarios internos que se resignan a tenerlo aquí y que estaban muy cómodos criticándolo en Buenos Aires. "Pero bueno -dicen- si lo llevamos de diputado nacional, seguirá en Buenos Aires".

¿Qué pasó con Cobos? ¿Será capaz de reinventarse". "El Ernesto lo socavó y ahora hasta nos vendría muy bien que gane la interna y un mendocino sea el candidato a presidente, aunque lo sea el Julio", se sinceró otro de sus satélites, imaginando una boleta en el cuarto oscuro que, por ejemplo, empiece con Sanz, siga con Cobos y continúe con Cornejo y de allí, su ruta, para reconfigurar una nueva galaxia pero, esta vez, como "planeta invitado".

"Cobos hizo uso y abuso de su doble rol. Vivió el síndome ´Lalola´ durante demasiado tiempo, me refiero a esta particular manera de ejercer como vicepresidente y principal candidato opositor", nos dijo el periodista rosarino Reynaldo Sietecase, un cercano observador de la política nacional desde medios porteños.

Y analiza que "la simpatía que despertó en parte de la opinión pública en los días de la confrontación entre el gobierno y el campo parece definitivamente disipada. Era una posibilidad que, tal vez, no calibró debidamente".

En su decodificación del Planeta Cobos, Sietecase indica: "su celebridad nació de un gesto éticamente dudoso. Hace algunos días no sólo desertó de la interna radical, también condicionó su participación en las internas abiertas. No sé si finalmente será candidato a presidente pero una cosa es evidente: su soledad política".

Cobos es Plutón en el sistema político argentino. Uno más en una galaxia de millones de planetas que corren mejor suerte. Pero lo paradójico de Cobos es que siempre fue el que tuvo más suerte que otra cosa. Bueno, ahora parece que la sociedad reclama una dirigencia menos azarosa y con más "otra cosa".

Gabriel Conte en Twitter: @ConteGabriel