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Una suma de decisiones inexplicables

¿Hacía falta convertir en escándalo el desencuentro con Washington? ¿Era necesario hacer de una tragedia ferroviaria una pelea política? El Gobierno se nueve entre la pobre gestión y las obsesiones políticas y electorales. La guerra contra Scioli aumenta, aunque lo disimulen.
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Nilda Garré, la ministro de Seguridad, comunicó una baja en la tasa de criminalidad en Buenos Aires la misma semana que hubo una oleada de crímenes en esa provincia y en Capital. La coincidencia pudo haber sido obra de la fatalidad. El doble error cometido, en cambio, no: Garré jamás aportó un dato estadístico sobre aquella supuesta caída; León Arslanián, el ex ministro bonaerense, luego de malas experiencias, siempre aconsejó prudencia antes de cotejar la realidad con las estadísticas.

“Un solo muerto te deja en ridículo” , repite.

Héctor Timerman, el canciller, resolvió convertir en un escándalo diplomático y político una diferencia con Estados Unidos que pudo zanjarse, sin tantos sobresaltos, de otro modo. Un avión de la Fuerza Aérea estadounidense trajo material bélico para un curso de adiestramiento en el que participarían 40 oficiales de élite de la Policía Federal.

Algo de ese material, lo aceptó Washington, no estaba en regla . El canciller ordenó su incautación y se paseó por la Aduana, abriendo valijas, como pudo hacerlo Don Adams, aquel espléndido actor que inmortalizó a Maxwell Smart, el Super Agente 86. También Timerman es una persona rara, algo cachivachesca.

Inútilmente la relación bilateral alcanzó otro pico de tensión .

Dos de las cinco consultoras privadas que Guillermo Moreno intimidó por las mediciones sobre la inflación sufrieron en la última semana episodios extraños.

“Irrupciones tecnológicas” , describió un joven economista. El secretario de Comercio comunicó que impondrá sanciones a las empresas que difundan cálculos económicos sin exactitud. ¿Quién establecerá esa exactitud? El INDEC informó que la inflación de enero fue del 0.7%. Las consultoras, aunque todavía no de manera oficial, la fijaron entre 1.7% y 2%. Moreno parece ir recuperando los atributos de arbitrariedad que habían decaído tras la muerte de Néstor Kirchner.

Julio de Vido, el ministro de Planificación, transformó una tragedia ferroviaria, con muertos y heridos, casi en una competencia política . Sostuvo que el accidente en San Miguel ocurrió por responsabilidad de la formación de Ferrobaires que embistió al de la línea San Martín. Ferrobaires depende de la gobernación de Buenos Aires, es decir, de Daniel Scioli. El San Martín es operado por un consorcio que regentea el Estado nacional. Scioli terminó resolviendo la intervención de Ferrobaires. Semejante desgracia hubiera merecido una intervención más digna de parte de De Vido. Las intrigas políticas contaminan todo en el sórdido mundo kirchnerista.


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