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La revolución de la política: un llamado a recuperar el servicio y poner a la persona en el centro

Las autoras cuestionan el descrédito de la política y proponen impulsar una nueva agenda enfocada en la maternidad, los primeros 1.000 días y los sectores más vulnerables.

En el conurbano existen muchas políticas que inspiran y contagian.

En el conurbano existen muchas políticas que inspiran y contagian.

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“La forma más alta de Caridad” o “Caridad política ”, son algunas de las definiciones de política, cuyo ejercicio hacen referencia al servicio público, a aquella actividad en donde perece la acción individual para dar paso a lo comunitario.

Es la entrega generosa con una mirada a largo plazo, superadora de lo circunstancial y coyuntural que pone el foco en desplegar todas las herramientas disponibles para promover estructural, orgánicamente y con una perspectiva trascendental la dignidad de la persona, como centro y destinataria de toda política pública a fin de lograr el tan preciado Bien Común. Sin embargo, la realidad se impone de manera prepotente, encontramos a la política desprestigiada, denostada, desacreditada; todo compromiso político, a priori, se encuentra tamizado bajo el prisma ciego de la ideología, esa que aleja de toda tentativa de encontrar consensos, puntos de encuentro y la búsqueda incesante del Bien de la comunidad.

La realidad se impone de manera prepotente

Pensarla como actividad noble entonces resulta para muchos una quimera, una verdadera utopía perseguida por idealistas. No obstante, la política la hacemos los hombres, bien entendida es el poder para el servicio, es compasión que se conmueve por el dolor del otro (y se pone en acción para ayudarlo desde el Estado), en definitiva, es la opción por los más desfavorecidos; por el contrario, cuando el fin es la consecución del poder por el poder mismo se cae en la “trampa de la omnipotencia” en donde la soberbia la hiere de muerte, una y otra vez. El desafío para rehabilitar la política es “meterse” en política. Al mal se vence con el bien, y mientras más personas comprometidas con el Bien Común haya en política más posibilidades tenemos de que el marcador cambie. Es posible. Hay quienes se lanzaron a la aventura de la política convencidos que es desde ahí donde se puede hacer mucho bien, porque el alcance que tiene el Estado para dar soluciones a problemáticas desde la raíz no lo tiene ninguna otra institución.

La política es la entrega generosa con una mirada a largo plazo.

La política es la entrega generosa con una mirada a largo plazo.

La buena política se contagia, inspira y da esperanza

Es un motor que inspiró hace mucho tiempo, a personas que dejaron huellas para siempre, es el caso por ejemplo de Pier Giorgio Frasatti, joven italiano, que vivió por los más desfavorecidos y no dudó en “meterse” en política porque sabía que la acción colectiva superaba lo individual, dio testimonio con sus obras, su vida inspira hoy a muchos jóvenes tanto por su compromiso social, político y por su virtuosa vida espiritual. Fue declarado santo por el papa Francisco el año pasado. Giorgio La Pira, dos veces alcalde de Florencia (Italia), vivió su vocación de servicio al prójimo a través de la política. Realizó un sinfín de acciones por los más pobres, promovió la paz y vivió su labor política a través de su vocación cristiana. En 1986 se inició el proceso de canonización y en 2018 el Papa Francisco lo declaró venerable.

Konrad Adenauer, Robert Schuman, Alcide De Gasperi: hombres de liderazgo y fe, que trabajaron por la de toda Europa y son ejemplo de honestidad, austeridad, audacia y valentía. Hildergarda Burjam, es fuente de inspiración para muchas mujeres que trabajamos en política y sobre todo en temas vinculados a la maternidad. Hildegarda fue madre, esposa y una política austríaca que fundo hogares para madres, hospitales, trabajó por lo más desfavorecidos y toda acción social y política estaba atravesada por su fe. Fue beatificada en 2012. Podríamos seguir con vidas que inspiran e invitan a la acción, pero a la luz de nuestro tiempo estamos convencidas que existen muchos más de lo que imaginamos… La propuesta entonces es hacer política y rehabilitarla con políticas revolucionarias centradas en la dignidad de persona, focalizadas en la familia, la belleza, la vida y el amor.

Hoy en concreto, una política revolucionaria estratégica y urgente, es la política pública que promueve el apoyo y cuidado de las embarazadas, las mujeres y sus bebés sobre todo las más vulnerables. Necesitamos de políticas superadoras, ya no se trata de pensar en una política que iguala el punto de partida para favorecer al desarrollo del capital social de la comunidad, estamos ante un desafío geopolítico global que afecta a lo local. El descenso de la tasa de natalidad es un hecho, a esto se suma el flagelo de las drogas (consumo durante el embarazo o cursar el embarazo en contextos de consumo). Hay cada vez más neonatologías con recién nacidos con abstinencia, madres que son separadas de sus hijos porque no pueden cuidarlos, mujeres que sufren violencia y una y otra vez están en el circulo que aborda el efecto y no la raíz, mujeres presionadas para abortar y que no encuentran acompañamiento y lista sigue: violencia, múltiples carencias tangibles e intangibles, materiales y espirituales, en definitiva esto hace que la línea de largada para muchos sea desoladora, y allí debe estar el político para revertir ese mal comienzo.

Hay quienes se lanzaron a la aventura de la política convencidos que es desde ahí donde se puede hacer mucho bien.

Hay quienes se lanzaron a la aventura de la política convencidos que es desde ahí donde se puede hacer mucho bien.

Muchas mujeres trabajamos en politica

Por lo anterior implementar políticas públicas para promover el cuidado materno infantil, durante los primeros 1000 días de vida ya no resulta una opción sino un deber de todo decisor, sobre todo desde los localismos, que es donde se teje y se desarrolla el verdadero entramado ascendente del Estado. La revolución del amor en la política, la revolución de la Caridad política, la revolución de la Comunidad -porque nadie se salva solo-, la revolución de buscar también en la política la trascendencia (en cada acción, pues somos cuerpo, pero también alma y al alma hay que alimentarla con espacios de vida, de amor, de paz), la revolución de cuidar a los niños desde el vientre materno, la revolución de volver a poner en valor la maternidad.

En el conurbano existen muchas políticas que inspiran y contagian, somos privilegiadas en poder ser parte, y esa certeza y experiencia nos impulsa a saber que la multiplicación se puede realizar. Con método, con trazabilidad, sistematización, semaforización, índice de vulnerabilidad infantil, registros, profesionalismo y con amor. Para lograrlo, no hacen faltan grandes recursos, el diferencial es la decisión política, ese sí y la convicción de que se puede hacer mucho bien, insistimos y damos fe que ¡es posible! Ante lo frustrante que puede llegar a ser, los sinsabores que trae aparejado (nadie dijo que sería fácil), es un hecho que una sola buena acción en política conlleva ecos para toda la eternidad.

Hay que intentarlo hasta el último aliento

Por eso a quienes nos apasiona la política entendida como esa herramienta para multiplicar el bien y mejorar, de veras y al hueso, la vida de las personas sobre todo de los que sufren, no dejamos de intentar y proclamar lo noble y el alcance, el eco e impacto que tiene. Esto es una invitación a los que quieran sumarse a la revolución, empezar a pensar políticas públicas locales estratégicas para el presente y el futuro. A gastar la vida y contagiar a que cada vez seamos más los que hagamos la revolución de la política.

* Lic. María Cecilia Bordón. Politóloga. UCA.

* Lic. Bernardita Bordón. Politóloga UCA, especialista en diseño, implementación y evaluación de políticas públicas.