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Luego de la derrota, la UCR va camino a un recambio obligado y resistido

La derrota de Iglesias aparece como una etapa final para una generación de radicales que se mantiene desde 1983. El contexto fortaleció a Alfredo Cornejo, quien resistió el embate del PJ y será el presidente de ese partido. Los intendentes sufrieron el "mal menor" del cristinazo.

No lo reconoce y se enoja cuando se lo preguntan. Pero la derrota de ayer es una especie de retiro de Roberto Iglesias de los primeros planos de la política, al menos en cuanto a las contiendas electorales. Pero con él también queda mal parada a una generación completa de radicales que resiste. Se trata del  grupo que comenzó a construir poder con la llegada de la democracia, en 1983, y que ayer recibió un cachetazo. Fueron intendentes, gobernadores, hicieron internas, acuerdos y se reciclaron en cada gobierno radical. 

Sólo por dar un ejemplo, Iglesias fue dos veces intendente, tres veces candidato a gobernador, Jaliff buscaba ser por segunda vez vicegobernador y la mayoría de sus colaboradores también cargaban experiencia en las gestiones de todos los gobiernos radicales. Iglesias ayer se resistió a esa idea de recambio generacional y hasta se animó a decir que quienes piensan así buscan discriminarlo. “Habría que llamar al Inadi”, dijo, luego de aseguran que a él y a sus congeneracionales les queda mucho para dar.

Como contrapartida a ese derrumbe, quien quedó posicionado como nuevo conductor de la UCR es el intendente de Godoy Cruz Alfredo Cornejo, quien logró mantener por amplio margen su comuna. El plus que adquiere ese resultado es que el PJ había puesto como uno de los objetivos políticos estratégicos ganar ese departamento para intentar mochar cualquier resurgimiento radical.

Cornejo asumirá como presidente de la UCR y apunta a hacer pesar ese cargo, adentro y hacia afuera del partido. Por eso ya hace cuentas sobre la nueva composición de la Legislatura para saber cómo enfrentar al Gobierno de Paco Pérez.

Cornejo no hizo la “revolución de los coroneles”, como alguna vez prometió para apurar a Iglesias, y optó por una estrategia más paciente: guardarse en su rancho, y esperar que su rival se funda en su lava, dándole apoyo en cuentagotas. Ahora tiene la mesa servida como líder de la oposición. “Vamos a ver cómo se planta el Gobierno, si hacen lo mismo que Jaque, con su política de sumisión y muerte o si van a dialogar. Ciurca es una persona de dialogar más, pero hay que ver qué criterio se impone más”, dijo ayer Cornejo.

Una campaña de más de un año

Iglesias hizo campaña como nunca antes. Incluso estuvo más de un año en ese proceso, desde que comenzó la disputa interna en su partido, cuando el contexto indicaba que la UCR podría ser gobierno nuevamente sin esforzarse demasiado. Pasó los filtros y se proclamó como candidato a gobernador, luego de un acuerdo con su rival Cornejo en el que quedaba claro algo: la jugada, en términos de poder, era a todo o nada.

Según explican con el resultado puesto algunos radicales, el “mula” hizo alarde de su apodo y no corrigió nunca algunos errores del armado para la campaña. Una de ellas fue la falta de llegada a la juventud. “No podés ganar una elección sin tener en cuenta al grupo de entre 18 y 30 años. Se recomendó modificar la fórmula, no por mala relación, sino por una cuestión estratégica y nunca se aceptaron esos consejos”, relató uno de los estrategas.

Los municipios y el “mal menor”

El huracán Cristina se veía venir incluso antes de las elecciones primarias. Fue una de las razones por las que Cornejo se corrió del escenario provincial y también comenzaron las maniobras desesperadas para evitar consecuencias. En ese contexto, el resultado de ayer dejó menos heridos de los que se creía en el territorio radical. Cornejo, Pinto, Abed y Mansur (a quienes se suma Fayad) retuvieron el poder en sus departamentos.

Se trata de los mismos intendentes que estuvieron a punto de dejarlo solo a Iglesias adelantando las elecciones. El único que le había jurado fidelidad, había sido  Eduardo Giner, quien en definitiva  fue el que más caro pagó el cristinazo. El intendente perdió por menos de 50 votos y dejó sin nada al sector iglesista. En ese contexto los eternos territoriales también piden pista para tener más protagonismo en la toma de decisiones.