Enfoque: La fiesta que se volvió un velorio
El momento se presentaba como histórico: el sindicalismo más independiente y combativo se sometería a un proceso electoral para elegir, en forma democrática, a sus conductores.
Quienes han seguido con interés el proceso iniciado en los años de Carlos Menem por la Central de los Trabajadores Argentinos, en la búsqueda de un sindicalismo diferente al representó la vieja y anquilosada burocracia sindical, creyeron que ahora se coronaban largos años de lucha, iniciados en 1996 por Germán Abdala y Víctor De Gennaro, entre otros.
Sin embargo, la lección que dio el comicio de este miércoles demuele aquellas espectativas. La ambición de poder hizo sucumbir la fiesta que significaría contar con una central obrera surgida democráticamente. Reinó la trampa. Ganó lo viejo.
Desde los diversos sectores en pugna asomaban figuras de dilatada trayectoria. Sin embargo, más allá de sus nombres e historia, lo que primó es muy diferente a lo que se esperaba como acto previo a la consecución de lo prometido por Néstor Kirchner en 2003: la personería gremial.
Lo que sigue, probablemente, ya no será tan interesante y diferenciador como la promesa que permaneció latente durante tantos años. Tal vez, la CTA termine siendo cada vez más amiga de la CGT. Y en ese marco, la fiesta que se esperaba se parecerá más al velorio en donde los otrora festejantes observan impasivos los restos de una construcción que se vino abajo por los vicios propios de sus albañiles.