La decadencia de Víctor Fayad
Un fiscal especial determinó que el autor de una serie de mensajes de celular agresivos y sorprendentes, tipeados en horarios extravagantes y en cantidades enfermizas, con textos amenazantes e injuriosos destinados al Director de este diario y a dos políticos –aunque sin olvidarse de mencionar a otros dos periodistas de este medio- es muy probablemente el intendente de la Ciudad de Mendoza.
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Para los investigadores, la tarea sucia se hizo desde su teléfono, en horarios en que se supone que él lo lleva consigo y en una secuenciación que lo implica directamente.
Personalmente, jamás hubiese creído en su autoría, si no mediaran las pericias realizadas y los testimonios recogidos por el fiscal especial que así lo dictaminó. Más allá de las cuestiones de fe en torno al tema, de creer o descreer en torno a la imagen del acusado hay algo concreto y demoledor y es que esto no lo dicen sus acusadores: lo afirma un fiscal.
Diversos elementos de prueba han derivado en un hecho inédito en la historia de Mendoza como es la imputación del jefe comunal de su Capital. Ahora tendrá que defenderse de los cargos que sobre él pesan.
Frente a lo sucedido, resulta incómodo trazar un perfil del imputado. Y esto ocurre porque se trata de una persona muy diferente a la que los mendocinos conocimos como uno de los candidatos a Gobernador más jóvenes de la historia, en 1991, con tan sólo 34 años.
Fayad fue la ilusión de toda una generación que vio en sus actitudes juveniles el desenfado que le estaba haciendo falta a la política, tras la recuperación de la democracia y en una provincia fuertemente conservadora. Simbolizó entonces –a falta de mejores ejemplos- el puente entre la actividad militante pura e idealista (aunque a veces sólo acomodaticia) y la responsabilidad de que los militantes se transformaran en gestores, una vez en el poder.
Durante años, Víctor Fayad fue simplemente “el Viti”. Mucha gente creyó que podía liderar la renovación política de Mendoza y él así nos lo dio a entender con innovación en la gestión y cierta dosis de autoridad que, con el paso de los años, se fue tornando una característica más personalista y menos renovadora, hasta degradarse en lo que hoy es una de sus particularidades: la toma de decisiones en absoluta soledad y la confusión del poder delegado en él por la ciudadanía con sus deseos personales.
La idea que la sociedad puede tener en torno al jefe comunal puede no haberse alterado demasiado a lo largo de todos estos años. Pero Fayad sí ha cambiado. Aquel que en 1987 representó “lo nuevo”, hoy se consolida como la expresión más fiel de “lo viejo” de la política.
El deterioro es notorio y es ahora cuando se evidencia de cuerpo completo. ¿Quién podría reaccionar de manera similar a la detectada por la Justicia en torno a las amenazas e insultos recibidos por este diario? Las opciones que se manejaban eran diversas, pero acotadas a un solo grupo de posibilidades. Antes de que le pusieran nombre y apellido al señalado como autor del delito se pensó que podía tratarse de un desquiciado, de una persona “jugada y sin fichas”; pero también de alguien que se cree o sabe impune o bien, simplemente de alguna víctima de efectos alucinógenos.
Pero no fue así. Saber a quién apunta la Fiscalía Especial nos derrumba, pero sobre los escombros del acusado.
Fayad fue la ilusión de toda una generación que vio en sus actitudes juveniles el desenfado que le estaba haciendo falta a la política, tras la recuperación de la democracia y en una provincia fuertemente conservadora. Simbolizó entonces –a falta de mejores ejemplos- el puente entre la actividad militante pura e idealista (aunque a veces sólo acomodaticia) y la responsabilidad de que los militantes se transformaran en gestores, una vez en el poder.
Durante años, Víctor Fayad fue simplemente “el Viti”. Mucha gente creyó que podía liderar la renovación política de Mendoza y él así nos lo dio a entender con innovación en la gestión y cierta dosis de autoridad que, con el paso de los años, se fue tornando una característica más personalista y menos renovadora, hasta degradarse en lo que hoy es una de sus particularidades: la toma de decisiones en absoluta soledad y la confusión del poder delegado en él por la ciudadanía con sus deseos personales.
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Pero no fue así. Saber a quién apunta la Fiscalía Especial nos derrumba, pero sobre los escombros del acusado.

