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El resultado de una obsesión

Después de una semana crucial para el Gobierno Nacional, donde la Presidenta hizo su denuncia sobre Papel Prensa, el periodista Pepe Eliaschev hace su minucioso y detallado análisis periodístico.
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Melancólica semana argentina. Tras largos meses de "in crescendo", advertencias, aprietes y augurios, la noche del martes 24 se respiraba en el país político una sugestiva mezcla de alivio y decepción.

En el lenguaje de la calle, la conclusión era firme: ¿Tanto lío para eso?

El Gobierno no sale indemne de su zambullida contra los medios, simbolizada en la extensa cadena de batallas que viene librando. Se manejan las autoridades nacionales con la convicción de que esta guerra es la principal y excluyente. No parece que evalúen la posibilidad de cicatrizar sus heridas y cambiar de rumbo.

No son interpretaciones periodísticas. Hay especialistas que están coleccionando prolijamente los mensajes de 140 caracteres que envían por twitter funcionarios del mayor rango, como Aníbal Fernández y Héctor Timerman. Algún día, su lectura completa y desapasionada será una firme verificación de la decadencia argentina.

La denuncia oficial contra Clarín y La Nación, acusados por Cristina Kirchner de apropiarse de las acciones de Papel Prensa S.A. en 1976, gracias a un supuesto pacto con las Fuerzas Armada, no se desarrolló con criterios y razonamientos coherentes.

Fue tal la improvisación y el amateurismo que todo el episodio le hizo enorme daño al Gobierno. Haberle encargado el operativo anti Papel Prensa a Guillermo Moreno, Carlos Kunkel y Timerman, fue un severo y fatal error de concepto.

Si el Gobierno cuenta con un Procuración del Tesoro que asesora jurídicamente al Estado, ¿Por qué armó un grupo de tareas paralelo con operadores inadecuados? ¿Por qué no preparó esmeradamente sus conclusiones para luego despacharlas a la Justicia en lo Criminal y Correccional Federal? ¿No dijo acaso la Presidenta que hubo asociación criminal para doblegar la voluntad de la familia Graiver y que ese plan habría incluido su cautiverio, amenazas y torturas, todos ellos delitos de lesa humanidad que, como consecuencia, no prescriben?

El Gobierno se manejó al revés. Primero hizo la denuncia en un acto público por cadena nacional y recién después atinó a dar elementos de juicio a la opinión pública, para preparar luego la denuncia ante la justicia. ¿Por qué procedió así?

Todo sugiere que en la tarde del martes 24 la administración Kirchner reculó en pantuflas. El resultado se vio en el discurso de 72 minutos que la Presidente verbalizó por cadena nacional. Fue una pieza llena de inexactitudes y omisiones. Están explotándole ahora mismo en la cara a todo el Gobierno.

Pero el Gobierno no ha podido demostrar que efectivamente ocurrió aquella citada "apropiación ilícita", algo que -de haber sucedido- invalidaría la venta de Papel Prensa de los Graiver a Clarín y La Nación.

Para que una imputación de ese tipo fuera acreditable, se debería haber apalancado en un testimonio unánime de todos los integrantes del Grupo Graiver.

No sucedió eso. La viuda Lidia Papaleo es la intérprete de la postura del matrimonio Kirchner ("mérito", se dice, de Kunkel), pero su hija María Sol y su cuñado Isidoro están en la vereda de enfrente.

¿Es Papel Prensa S.A. un monopolio que perjudica a los diarios que no forman parte de la sociedad? ¿Manipulan los precios del papel? Este columnista le da la derecha, por un instante, a este argumento de la propaganda oficial.

Digamos que sí, que Papel Prensa es un monopolio dañino para todos los demás rotativos. Entonces, ¿quiere decir que desde el 25 de mayo de 2003 hasta el 24 de agosto, durante sus siete años  en el poder los Kirchner admitieron seguir siendo socios accionistas de la empresa, sin oponerse ni cuestionar jamás las alegadas "maniobras"? ¿Cómo se le explica a la fervorosa militancia progresista que este gobierno jamás aplicó la legislación anti-monopólica argentina, algo a lo que estaba legalmente obligado?

Siete años son muchos años. ¿Por qué no reguló aranceles de importación para estimular la competencia durante todo este tiempo? ¿Hubo, acaso, pedidos y reclamos puntuales de los supuestos afectados? El Gobierno sobre esto no dijo ni mu. Se maneja como si una buena mañana se hubiera despertado y, luego de un longevo matrimonio, hubiera descubierto que yacía junto a un monstruo, y que recién entonces se daba cuenta.

Los interrogantes son interminables. ¿Demandaron por la vía judicial los Graiver la nulidad de esa venta de 1986? ¿Cuestionaron el supuesto precio vil y denunciaron las alegadas amenazas a través de las cuales la supuesta banda delictiva Clarín-La Nación les arrancó un consentimiento inválido? El único hermano de Graiver y la hija del accidentado financista se ubican en estas cuestiones capitales en una posición que desmiente y desacredita completamente al Gobierno.
  
El único aliado de Lidia Papaleo es su hermano Osvaldo, cuyas declaraciones y actitudes públicas en estas horas eximen de mayores abundamientos porque se condena solo.

Lo que la Presidente ha preferido no mencionar es la historia negra de esta tragicomedia argentina, incluyendo la sociedad de Graiver con los Montoneros y los tratos del Grupo Graiver con las Fuerzas Armadas antes y después del trágico interregno peronista de 1973-1976.

Los Graiver fueron generosamente indemnizados en democracia, cuando a la Argentina la gobernaba el presidente Raúl Alfonsín.

El secuestro de varios integrantes de la familia Graiver fue oportunamente investigado pero jamás se lo pudo conectar con ese supuesto robo de sus acciones. Pregunta clave: ¿Por qué Lidia Papaleo e Isidoro Graiver no denunciaron, cuando la Argentina retornó a la democracia, lo que ahora denuncia sólo la viuda, si nada lo impedía en pleno estado de derecho?

Hay verdades incómodas. La única hija de Lidia Papaleo, María Sol Graiver, ha desmentido a la madre, con la que no tiene relación. ¿Fue usada inescrupulosamente una mujer viuda y afectada de muchos conflictos, como peón en la cruzada del Gobierno por ampliar su poder y castigar a sus enemigos?

Algo es evidente, en definitiva. Con una torpeza asombrosa el Gobierno se ha calzado un salvavida de plomo y hormigón. Sólo basta escuchar la incontinencia verbal de Papaleo. ¿Así se proponían el Gobierno recuperar a la clase media?

En su furioso editorial de este viernes, el madrileño "El País", el diario español de más circulación en lengua castellana en el mundo, lo resume así "los Kirchner quieren aprobar una ley para que sea el Estado el que controle la producción de papel.

Es un paso más para ahogar las voces críticas, y que muestra la veta cada vez más autoritaria de la pareja, obsesionada por conservar el poder y que, como las peores dictaduras, podría esta vez haber manipulado el pasado reciente, que tanto pesa en los argentinos, para salirse con la suya".