Cobos mantiene su candidatura por las encuestas, pero le teme al aparato de la UCR
Sólo unas horas tambaleó Julio Cobos. El domingo a la noche, cuando el radicalismo bonaerense bendijo a Ricardo Alfonsín en la elección de autoridades partidarias, el vicepresidente de la Nación, recluido en su casa de Mendoza, parecía dar las señales de un candidato a presidente en retirada.
La manera de actuar de Cobos en Mendoza es indicio de lo que podría hacer en el futuro. El ex gobernador nunca fue un admirador de las estructuras políticas. Pero esas estructuras son necesarias para lograr determinados fines; fue así que, a partir de 2005, se respaldó en los "servicios" de dirigentes como Alfredo Cornejo y Juan Carlos Jaliff para doblegar a Roberto Iglesias en la interna de la UCR y llevarse la mayoría del partido a una alianza con Néstor Kirchner.
En cambio, no le fue bien esta vez a Cleto con Federico Storani y Leopoldo Moreau, las figuras que eligió en Buenos Aires para respaldarse. Estos hombres parecían garantizarle, antes que nada, una defensa de los contínuos ataques de Gerardo Morales y otros radicales ortodoxos, que fueron, son y serán la piedra en el zapato de Cobos.
Cuando Cobos comenzó a oler que podía perder en Buenos Aires, decidió tomar distancia de la contienda. “No militó y no salió a recorrer la calle, por eso no se puede decir que la derrota haya sido suya”, dicen hoy sus aliados mendocinos.
Hay otro caso doméstico que confirma ese modus operandi: la elección de concejales de la Capital, donde apadrinó una lista para pelear contra Víctor Fayad, que al final se tuvo que bajar por orden del propio Cobos. Como tampoco peleó hasta el final contra el Viti, Cobos pareció salvar una vez más sus ropas.
En el futuro cercano, Cobos no podrá salir ileso de la interna radical a través de una gambeta. Tarde o temprano, tendrá que hundirse en ella con sus eventuales socios para que el partido lo elija como candidato a presidente, ya sea en una "mesa de consenso" o a través de una elección interna.
Allí está su gran desafío, aunque la mayoría del cobismo dice que, superado ese problema, el resto del camino será más fácil para el aventurero ingeniero mendocino.
Encuestas, muchas encuestas
Los múltiples sondeos de opinión que maneja Cobos (sus propios socios desmienten al vicepresidente, quien ha afirmado que no hace encuestas) siguen dándole bien, según fuentes del cobismo consultadas. Los últimos, aunque son previos a la interna de la UCR bonaerense, mantienen a Cleto en puestos expectantes, con cierta caída en su imagen pública, pero todavía en competencia.
Más aún, los sondeos de encuestadoras respetables de Buenos Aires revelan un escenario casi óptimo para Cobos, que es la segunda vuelta electoral de 2011. En ese eventual esquema polarizado, según el cobismo, Cobos se impone a Duhalde, Macri e incluso el propio Néstor Kirchner.
El gran dilema de Cleto es cómo llegar a esa segunda vuelta. O sea: cómo sortear la interna radical para llegar a la general. Cómo convertirse en el candidato del radicalismo en pleno.
Después, quizás paradójicamente, la historia se simplificaría para el mendocino. Y la elección de 2011 podría ser como la de 2003, cuando Menem (el Kirchner actual, para el cobismo) ganó en primera vuelta pero se tuvo que bajar para no ser superado ampliamente en la segunda.
“Cobos va a ser candidato a presidente mientras tenga buena imagen en las encuestas que le hacen. Si pierde eso, se va a bajar”, vaticinó una fuente de su riñón ayer, cuando este diario salió a consultar si, efectivamente, la elección bonarense era argumento suficiente para pinchar sus aspiraciones.
¿Plan B?
¿Pero tiene como plan B Cobos competir en 2011 para volver a ser gobernador de Mendoza, si su desembarco en el radicalismo fracasa definitivamente?
El primer “no” surgió del propio vicepresidente, quien este lunes, días después de que el rumor hubiera empezado a correr en Mendoza, sugirió a través de un vocero revisar varias declaraciones suyas del pasado para encontrar la respuesta a esa pregunta.
Por ejemplo, la que le hizo al periodista de MDZ Carlos Fernández en marzo de 2009. “Yo no estoy acostumbrado a bajar escalones”, afirmó en aquella oportunidad, en Junín, momento que lo mostraba en compañía de los ruralistas Alfredo de Ángeli y Eduardo Buzzi.
El segundo “no” surgió de los cobistas mendocinos ayer. “Cobos no quiere ser gobernador, no tiene compromisos para serlo”, explicó el confidente consultado, para quien alguna línea del radicalismo vernáculo (¿iglesistas, fayatistas, el radicalismo federal?) metió la cola para disparar el rumor.
¿Y qué es eso de los “compromisos”?, preguntamos. La respuesta fue que se trata de aquello que asumen políticos de perfil más tradicional, quienes libran determinadas contiendas para mantener en el poder a su grupo o estructura política. “Diez o quince dirigentes que hacen reclamos”, pasó en limpio la fuente consultada.
Siguiendo este razonamiento Cobos es, en cambio, un candidato que no tiene la responsabilidad de sostener a otras personas, porque no tiene estructura. Porque desprecia estos mecanismos.
También es el candidato de las encuestas. O un peleador solitario e individualista, que echa mano del delivery de la política tradicional para lograr sus fines.
Y que todavía insiste en que se volverá a su casa si le quitan, o no reúne los méritos, para ser el candidato a presidente del radicalismo en 2011.
