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Espejismos


En los desiertos tórridos, en las rutas soleadas, cuando el aire toma contacto con el suelo caliente aumenta su temperatura y su densidad varía de manera tal que, contrariamente a lo que las leyes de la física dictan, el aire frío se mantiene por encima del más caliente. Esto, según define la Wikipedia, crea una densidad desigual en el aire que le otorga varios índices de refracción. En síntesis, anticipándonos al final, lo que produce en el observador es una reflexión de luz que distorsiona la imagen. Un asfalto caliente se verá, entonces, como una laguna llena de agua, nada más lejos de la realidad.

Esto se parece bastante a lo que sucede en la vida institucional del país, condicionada por múltiples versiones cruzadas de lo que ocurre que se reflejan sobre un desierto de ideas, programas y alternativas, atormentados por una fricción política a la que a veces no le encontramos sentido práctico.

Así, quienes transitan la vida cotidiana y no son advertidos a tiempo del fenómeno, encontrarán frente a sí realidades diferentes, aún caminando en el mismo sentido.

Sobre el calor del debate cotidiano, alimentado sana y satisfactoriamente por voces contrapuestas, también rebotan flashes interesados, que nacieron distorsionados y que, por lo tanto, se proyectan de igual manera.

El cruce de versiones a favor y en contra de lo que hace o no hace el Gobierno provoca –en un fenómeno que por primera vez anuncia un extraño maridaje entre las leyes físicas y la ciencia política- imágenes diferentes pero convincentes de lo que la realidad nos depara para más adelante en nuestra ruta institucional.

Bajo esos efectos estamos todos. Resulta muy difícil sino imposible distinguir quien se salva de enfrentar a un espejismo en la Argentina.

Traducido, en el arco del paraoficialismo, están desde quienes creen ver la reencarnación del Perón y Evita del 45 en Néstor y Cristina, hasta los que se creen parte de una facción que baja desde Sierra Maestra; desde los que aseguran que son víctima de una operación de todas los sectores de poder en su contra, los que dan cuenta de la posibilidad intrínseca de la vuelta de los golpes de estado, con tal de conseguir un abroquelamiento en la tropa propia, y hasta los que están seguros de estar viendo, frente a sí, a la reencarnación –en una síntesis increíble- de los caudillos provincianos en común acuerdo con un redivivo Sarmiento, pero del siglo XXI.

En la otra punta, desde la atomizada oposición, la realidad se refleja como en un sistema de múltiples espejos convexos, con las consecuencias que están a la vista. Allí dan testimonio de mil fines del mundo con epicentro aquí y aseguran que se les presenta ante sus ojos todas las posibilidades de ser gobierno en 2011, cosa que pocos más que ellos, logran percibir.

La sociedad se ve sometida a estas irradiaciones que rebotan en los medios de comunicación que no quieren ver restringido su poder por la primera Ley de Medios que parió la democracia y, por lo tanto, tergivesan el sentido de las cosas.

Con la excusa de ponerle un filtro a esa “luz mala”,, a su turno, los medios estatales manejados por el oficialismo y los que están en poder de los amigos del poder político, no sólo se limitan a decodificar a su gusto los mensajes de la realidad, sino a construir un ideal de país cercano a una fábula con final feliz.

Así, estamos entre la hecatombe y los saqueos que llegan “mañana mismo”, todos los días, y la falsedad de una inflación que “no existe”. Entre la oposición que parece ser la dueña de la verdad y la verdad del Gobierno, poniendo en duda, finalmente, a ambas y dándole paso al escepticismo que es la base de la antipolítico.

El espejismo atenta, de esta manera, contra las normas básicas de la física: es una excepción, pero justificada por efectos y contraefectos. En cambio, la vida política se construye, aquí y en aún en la China, con datos concretos, duros, tangibles; con ideas de fondo y no con slogans; con personas y no con hologramas.

El camino hacia las elecciones (siempre está abierto, por suerte, la ruta electoral) se ve minado, entonces, por los fantasmas que se cruzan en él.

Será cuestión, entonces, de encontrar la lente que nos permita ver, oír, analizar y sacar conclusiones. O nuestro rol de espectadores de lo que pasa se transformará, simplemente, de una nueva búsqueda de soluciones mágicas, exorcismos, que a lo único que han conducido es a confirmar el error, del que nos damos cuenta cuando ya es demasiado tarde.