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La ansiedad destituyente

No sé hasta dónde y hasta cuándo. Pero parece que la ansiedad destituyente no quiere esperar las elecciones en 2011. Resulta que ahora parece que algo le va a pasar a Julio Cobos.

No, no se conforman con tener todo el arsenal de guerra en sus manos. Tienen el odio, mas las vacas, los granos, los medios, la opinión pública, la relativa mayoría en el Congreso, un vicepresidente antigobierno victimizado, el establishment social, las opiniones de los periodistas más afamados, Inglaterra, España, el gerente, el garante y hasta el mismísimo demonio.

No se conforman. Quieren más, quieren todo, quieren destruir, destituir, desmontar. Lo vienen demostrando. Lo quieren todo y van por ello. Se autoconvencen que son más democráticos, más institucionalistas, los más buenos frente a los más malos. Y nos quieren convencer a todos que así son para que el efecto sea “popular”, “masivo”, “indiscutible”.

Que Chávez es malísimo y se come a los niños venezolanos por las noches, que Correa en Ecuador es un dictador civil que somete a bananazos a sus ciudadanos, que Evo es un indio nomás, un indio negro mal vestido y malpeinado, malhablado y malparido. Que Evo es un accidente de los indios que tiene vida corta y que desprestigia a la raza, a la región, al Mercosur, a toda América Latina. Que Mujica es un guerrillero asesino que llegó por error a la presidencia uruguaya;  y cuántas cosas más. Pero resulta que a todos esos tipos los eligieron por muchísimos votos las poblaciones de sus países. Y no una vez, en algunos casos en más de una ocasión. Igual no vale. No sirven, no son representativos. Se visten mal y son enemigos.

Pero babean por Lula ahora. Hasta por Tabaré y Bachelet, dos ex presidentes de países hermanos, políticamente correctos, cosméticamente correctos. Que si pensás que hay algo que este gobierno argentino hizo bien sos un comprado con guita, o que no pensás, o que no dormís bien; o simplemente que sos un drogadicto y un alcohólico perdido.

Ahora te venden al Pino Solanas como el gran crítico de los “escándalos” de gobierno. Te lo llevan a Dos Voces, a Tres Voces, a Cuatro Voces. Te lo llevan al coro Kennedy para que todos vean cómo, un viejito que supo de peleas, ahora se peleó con él mismo y come con los de la vereda de enfrente, en el bar de enfrente, ese que tiene otras luces en arañas con caireles. ¿Qué te pasó Pino, no querés estar más Solanas?

No sé hasta dónde y hasta cuándo. Pero parece que la ansiedad destituyente no quiere esperar las elecciones en 2011. Resulta que ahora parece que algo le va a pasar a Julio Cobos. Un esguince de tobillo, un tajito por una mala afeitada, los meniscos por tanto corretear por los bosques de Palermo, una tendinitis, una simple gripe. Cualquiera de esas posibilidades constituye un atentado oficialista. “Mirá lo que le hicieron al Julio che, le duele la panza”. “¿No serán estos malparidos que le pusieron un chorizo viejo al locro del 25?” “Por ay anda Garay” -diría mi abuela.