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Derrota de Capital: otra crisis "maquiavélica" en el peronismo

La derrota del domingo fue la segunda en un año para el oficialismo. La pelea con Mazzón. Jaque jugó a ignorar el mensaje de las urnas y a que nada cambie: sigue al frente Cazabán.
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El sentido común indica que las derrotas electorales provocan estados de crisis y, en consecuencia, precipitan cambios. Pero Celso Jaque se empeña en rechazar este principio: las dos últimas elecciones perdidas por el oficialismo no motivaron ningún viraje político del mandatario. ¿Cuál será, entonces, el destino de un gobierno para el cual ha sido una vocación ignorar el mensaje de las urnas?

Los análisis posteriores a la elección de concejales de la Capital todavía no hicieron un foco preciso en el desastre electoral del PJ, el segundo en menos de un año.

Sebastián Godoy Lemos, el candidato oficial, terminó quinto. Arrasó, como en junio de 2009, otra vez la UCR. Pero el oficialismo también quedó atrás de un partido en crisis (el PD), una agrupación pequeña y hoy inexistente en el esquema legislativo provincial (el socialismo) y hasta de un candidato independiente, que hace unos meses ni siquiera se imaginaba participar en política (Orly Terranova, del PRO).

El peronismo perdió sin atenuantes en la Capital y la razón principal fue que, esta vez, directamente no participó de la contienda. A fines de enero, el PJ aún no se organizaba para tratar de tener un desempeño al menos digno en un territorio siempre hostil para sus aspiraciones. Por el contrario, a dos meses de las elecciones, la discusión puertas adentro del peronismo era bastante más básica: los peronistas directamente se preguntaban si les convenía presentar un candidato propio.

¿Puede un partido que gobierna la provincia excluirse de una disputa electoral en el principal departamento de Mendoza? No parece razonable, pero es lo que en definitiva ocurrió. El sector azul de Juan Carlos Mazzón (foto) bajó una orden a la que el gobernador Celso Jaque se allanó: no exponer al gobierno en este turno electoral, porque la batalla estaba perdida. Y lo peor: la orden complementaria era "ayudar" de todas las maneras posibles a Víctor Fayad para que lograra una victoria aplastante, con el objetivo de fogonear la interna radical y hacerle daño a Julio Cobos.

Godoy Lemos fue entonces un candidato simbólico en esta elección. Cualquier intento de elaborar un discurso opositor a Fayad (si es que lo hubo) chocaba con los actos de cortes de cintas conjuntos entre el gobernador y el intendente radical, que se aceleraron conforme se acercaban los comicios. Ningún votante pudo entender claramente para qué equipo jugaba el candidato del PJ. Y así le fue.

Calvario capitalino.
Pero el calvario que atravesó este abogado peronista  para terminar como un candidato casi ignorado por el electorado arrancó antes de la campaña. En los primeros días de febrero, Godoy Lemos luchaba, bajo el amparo del ministro de Gobierno de la provincia, Mario Adaro, para que le permitieran convertirse en el postulante del oficialismo. Para que, en definitiva, el justicialismo tuviese algún candidato en la Capital.

La presión directa de los azules se hizo sentir encima del PJ capitalino en aquellos días. Los azules fueron los encargados de “dormir” todas las discusiones respecto del candidato en los comités. Sólo estaban dispuestos a permitir que el peronismo acompañara algún frente kirchnerista, a cambio de disimular el escudo del partido detrás de ese frente. 

Esta situación le provocó el último ataque de acidez a Juan Marchena, antes de despedirse de la presidencia del justicialismo mendocino.

La tensión se prolongó hasta que surgió una solución a la principal traba de la candidatura, que era la permanencia de Godoy Lemos en el cargo de subsecretario de Justicia y Derechos Humanos, una situación incompatible con los designios azules de no meter al Gobierno provincial en la elección de la Capital.

Godoy Lemos no dejó su cargo en el Gobierno por una convicción ética.  Lo hizo porque lo obligó el sector azul. Y por la presión directa sobre su cabeza del hombre fuerte del Ejecutivo: el secretario general de la Gobernación, Alejandro Cazabán, fue esta vez el ejecutor de la orden de los azules.

Al candidato lo echó Cazabán para que el Poder Ejecutivo no quedara pegado en la elección. Fue tan clara la estrategia que, ahora que pasó el comicio, todos esperan el retorno de Godoy Lemos al Gobierno, tal vez en el cargo de subsecretario de Trabajo, que está vacante.

Maquiavelo. Entre otras señales de la nueva crisis que vive el oficialismo por las elecciones de Capital, está la que dio un diputado del PJ, Guillermo Pereyra, quien culpó directamente al Chueco Mazzón por el pobre resultado del domingo pasado.

Acostumbrado a no callarse nada, el legislador comparó a Mazzón con Nicolás Maquiavelo, que con su obra "El Príncipe" fundó las bases del pragmatismo salvaje en la política.

“El sector azul del PJ acompañó maquiavélicamente a otros partidos”, disparó Guillermo Pereyra (foto) en la noche del domingo, quejándose así de los fondos para hacer campaña que recibió desde Buenos Aires la candidata del frente Encuentro por la Ciudad, Angélica Escayola; y que al final le provocaron al PJ el sangrado de algunos votos.

Esos sufragios que se fugaron al frente K de Escayola habrían alcanzado para depositar a Godoy Lemos en una banca del Concejo de la Capital. Y al peronismo, segundo o tercero en la elección. Pereyra puso esto en evidencia y con ello no sólo desnudó los manejos de Mazzón, sino que también dejó en duda sus beneficios.

El contraataque no se hizo esperar. Dos diputados azules, Jorge Tanús y Carlos Bianchinelli, negaron la denuncia de Pereyra, a pesar de que Mazzón es un experto en el diseño de colectoras kirchneristas.

Tanús y Bianchinelli también acusaron al legislador nacional y al ministro Adaro de no haber aceptado la ayuda del "aparato azul" para la campaña en la Capital. Uno de los filos de la interna peronista es, precisamente, el enfrentamiento abierto entre los líderes del PJ en la Cámara de Diputados y el jefe de la cartera política.

El presidente del PJ, Rubén Miranda, también salió a neutralizar a Pereyra y a fortalecer el scrum a favor de Mazzón: dijo que al justicialismo de la Capital le faltó “militancia” para enfrentar la elección.

Y habló por último Celso Jaque, quien al igual que en la anterior derrota, subestimó el resultado electoral y el conflicto interno del PJ. Sin propiciar ninguna reflexión seria, sin hacer un mea culpa, consideró apenas que la victoria radical era previsible y que, en todo caso, su triunfo personal de 2007 en tierras capitalinas fue una sorpresa.

Jaque tuvo con los comicios de la Capital una actitud parecida a la que mostró después de que el Frente Cívico le sacara 20 puntos en las elecciones legislativas del año pasado: ignoró el cachetón ciudadano y siguió como si nada.

Si aquella vez no reaccionó, tenía cierta lógica que tampoco lo hiciera ahora, cuando se disputaron sólo bancas en el Concejo Deliberante de un departamento.

Aunque la elección de Capital tuvo una diferencia clave con las de junio 2009. Aquella vez, los estrategas peronistas buscaron dejar al gobernador fuera de la campaña oficialista por su mala imagen, mientras que ahora, Jaque tuvo un rol activo, pero en la "contracampaña": se mostró desprejuiciadamente junto al intendente del radicalismo, quien en los papeles era el rival a enfrentar por el PJ.

Todo sigue igual. Y de que todo sigue igual en el Gobierno a pesar de haber perdido otra elección ha habido más de una señal en la última semana.

El Gobierno fue, es y será Alejandro Cazabán. Todo pasa por las manos del supersecretario jaquista. Y ese control obsesivo suele producir dilaciones notables cuando llega la hora de tomar las decisiones más importantes.

Ejemplo: el Ministerio de Gobierno tiene sus dos subsecretarías vacantes. Justicia, por la  renuncia de Godoy Lemos para ser candidato; y Trabajo, debido a que su titular asumió como camarista.

Para el Gobierno es una complicación importante no tener un subsecretario de Trabajo en momentos de paritarias y conflictos salariales con la administración pública, cuando es necesario contar con alguien que amortigüe los fuertes reclamos sindicales, que en este caso van en aumento.

Pero ninguna necesidad de gestión es más relevante que el visto bueno de Cazabán en el caso de los cargos. Y esa aprobación todavía no está.

El de la Subsecretaría de Trabajo no es el único sillón que sigue vacío por decisión de Cazabán y de Jaque. Hasta el hartazgo se ha denunciado por los medios la demora del Gobierno en la designación de un nuevo fiscal de Estado.  Y ahora , para colmo, el Gobierno está frente a un nombramiento mucho más importante: el Poder Ejecutivo deberá nominar un candidato a ministro de la Suprema Corte de Justicia, en remplazo de Aída Kemelmajer, quien se jubila el mes que viene.

Mientras se espera una “operación paquete” en la que el Ejecutivo negociaría los cargos vacantes con toda o parte de la oposición, los rumores sobre los candidatos para la Corte se comen los pasillos de la Casa de Gobierno.

Tanto que esta semana, el propio gobernador se vio forzado a hacer una puesta en escena para tratar de ordenar a la tropa y neutralizar las operaciones de sus propios ministros en favor de tal o cual candidato.

En una reunión de gabinete que incluyó funcionarios de tercera línea, el mandatario recurrió a la ironía para recalcar que él es el único facultado para poner al nuevo ministro de la Corte. "Estuve releyendo la Constitución provincial y me encontré con que dice eso", expresó Jaque, en un intento de realzar su liderazgo.

Pero los antecedentes demuestran otra cosa: el verdadero poder están en manos de Cazabán en el Gobierno. Eso todos lo saben y por ello más de uno duda que la letra de la Constitución se cumpla.