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De la pobreza a la cárcel, sin escalas


Desde el año 2002, Roberto Juárez, el "padre Roberto", ejerce una misión pastoral católica desde la capellanía de la Penitenciaría provincial. Acompañó primero y suplantó después la noble tarea del recordado Jorge Contreras.

Claro en sus conceptos y conocedor de lo que ve y vive a diario en contacto con quienes ingresan al penal, procesados o bajo condena, Juárez tiene una opinión válida sobre quiénes son los que van presos.

"Al incremento de la población juvenil del penal en los últimos 10 años -dice- hay que mirarla como producto de cosas que pasan alrededor de estos jóvenes y que merecen atención: la droga, la falta de escolaridad y la violencia de la que, primero, son víctimas y luego, cultores".

Juárez sostiene que estos pibes "son producto de condiciones de vida miserables". Y dijo estar sorprendido, junto a otros curas, "por las condiciones de vida de las nuevas villas miseria que hemos visto extenderse de golpe". "Allí -analizó- no se puede vivir con la dignidad necesaria".