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La oposición se consolida como tal pero no logra convertirse en una alternativa
Los opositores festejan haber conseguido legitimidad, luego de siete años de sufrir el escarnio del kirchnerismo y a casi 10 meses de las últimas elecciones en las que la ciudadanía les dió la posibilidad de cambiar la configuración del Congreso. Pero su tarea no concluye aquí. Sólo han conseguido legitimarse como tales y poco más. El análisis de uno de nuestros editores sobre la actualidad política, aquí.
Siete años después, los partidos que se oponen al kirchnerismo se recibieron de tales. Costó. Primero tuvieron que infringirle algunas derrotas al partido gobernante el 28 de junio del año pasado y lograr “venderlas” como un gran triunfo. Sin conseguir articularse como una sola oposición, recién esta semana lograron, a pesar de todo, asumir el rol de contralor del Poder Ejecutivo.
Ecléctica, heterogénea (vaga, difusa, contradictoria a veces, por hacer una lista de adjetivos) tuvo que sentar junto a Carlos Menem para que éste les diera, finalmente, el voto más caro de la historia: ese que los catapultó a dominar las comisiones del Senado, pero que los dejó pegados a un pasado sobre el que todavía pesa una fuerte condena política.
El futuro es lo más difícil de calcular, en este momento. Con una “fast gloria” en el bolsillo, los opositores corren el riesgo de actuar de ahora en más como un grupo de “nuevos exitosos”. Pero como aquellos “new rich” del menemismo están a un paso de dilapidar lo conseguido en función del mismo egoísmo que, hasta ahora, les ha impedido transformarse en una alternativa al actual Gobierno.
La cuestión es enfocarse en cómo transcurrirán en la Argentina los meses previos al traspaso de gobierno: una cosa será si los opositores deciden, finalmente, que quieren gobernar el país y otra muy diferente si continúan con el simulacro y apuestan, una vez más, a pequeños triunfos parciales que aseguren a sus líderes en los ámbitos legislativos.
Nada indica que haya “una oposición”, sino varias. Ni que exista un verdadero proyecto alternativo al que hay, guste o no guste, sea éste bueno, regular o malo.
Y tampoco el triunfo en las comisiones del Senado configura un verdadero “triunfo de la oposición”, más allá de que quienes quieran mostrarlo como eso, insistan y aún cuando pueda leerse correctamente la nueva situación como una “derrota del kirchnerismo”.
Ahora hay que demostrar pasta para controlar y capacidad para hacer generar iniciativas superadoras. Sin dudas, no les bastará con entorpecer, cuestionar y levantar la voz. Mucho menos, amontonarse en fotografías desconcertantes.
Para llegar a ser gobierno la nueva configuración legislativa no es un atajo. Y para sostenerse en el gobierno, luego, si se gana el favor del electorado, hace falta mucho más que esto.
Y tampoco el triunfo en las comisiones del Senado configura un verdadero “triunfo de la oposición”, más allá de que quienes quieran mostrarlo como eso, insistan y aún cuando pueda leerse correctamente la nueva situación como una “derrota del kirchnerismo”.
Ahora hay que demostrar pasta para controlar y capacidad para hacer generar iniciativas superadoras. Sin dudas, no les bastará con entorpecer, cuestionar y levantar la voz. Mucho menos, amontonarse en fotografías desconcertantes.
Para llegar a ser gobierno la nueva configuración legislativa no es un atajo. Y para sostenerse en el gobierno, luego, si se gana el favor del electorado, hace falta mucho más que esto.