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Imágenes de 2001: el mendocino que se quedó solo en la Rosada

Un 31 de diciembre a la mañana, pero hace nueve años, el ex gobernador Rodolfo Gabrielli tuvo el extraño privilegio de abrir las puertas de la Casa Rosada. Era el único funcionario que no se había ido en medio de la peor crisis del país. El recuerdo de aquellos días y las perspectivas de un político que siempre está a la espera de que lo llamen.

A los gobernadores mendocinos siempre les ha costado acceder a la Casa Rosada. Pero hubo uno que consiguió tenerla para él solo por unas horas, a pesar de que había poco rédito que sacarle a la situación. Se trata de Rodolfo Gabrielli (gobernador de la provincia entre 1991 y 1995), quien durante la mañana del 31 de diciembre de 2001, en medio de la profunda crisis en que se sumió el país tras la renuncia a la presidencia del radical Fernando de La Rúa, descubrió que sobre sus espaldas descansaba la institucionalidad del Gobierno Nacional.

Gabrielli era en ese tiempo ministro del Interior de la Nación. Lo había convocado para esa tarea Adolfo Rodríguez Saá, apenas ocho días antes. Pero el efímero mandato del puntano acababa de finalizar tras una tensa reunión de gobernadores del peronismo en Chapadmalal, donde varios pesos pesados (De la Sota y Reutemann entre ellos) no asistieron. “Bueno muchachos, ahora consíganse un De La Rúa porque yo no soy un forro de ustedes” vociferó aquel día Rodríguez Saá a sus compañeros del PJ y no volvió nunca más a Buenos Aires, por lo menos como presidente de la Nación.

“Tuve que ir y abrir la Casa Rosada para que funcionara. La sensación de soledad era absoluta, pero mi obligación era ir y estar”, recuerda Gabrielli, sobre aquella agria víspera de Año Nuevo. Afuera, en Plaza de Mayo, había manifestantes de todos los colores. Y ya se habían producido muertes por la represión.

Los acontecimientos fueron veloces entre esa solitaria apertura de las puertas de la Casa Rosada y la mañana del 1 de enero de 2002, cuando Duhalde fue proclamado presidente por la Asamblea Legislativa. Ramón Puerta, presidente del Senado, renunció a ocupar la presidencia. Por la tarde apareció para atenuar su soledad Eduardo Camaño, presidente de la Cámara de Diputados y eventual presidente del país…hasta la mañana siguiente.

El entonces único ministro del gobierno nacional también dialogó ese 31 de diciembre por teléfono con los peronistas más importantes (Duhalde, Néstor Kirchner, José Luis Gioja, De La Sota, Reutemann). Asegura que todo el mundo le pedía que se quedara, a pesar de epidemia de renuncias, y así lo hizo.

“Esos días –continúa Gabrielli- fueron muy complejos, porque había una gran cantidad de manifestaciones por día frente a la Casa Rosada. Yo decía que todos tenían razón, pero si sumábamos todos los pedidos, no cerraba. Fue una época de resistencia y ordenamiento, pero nunca pensé que el país se fuera a disolver”.

Hoy se cumplen nueve años del comienzo de una de las etapas más negras para la historia argentina. En menos de dos semanas, juraron como presidentes cuatro dirigentes peronistas y el país se hundió en una crisis profunda.

Gabrielli fue ministro del Interior durante las cuatro “gestiones” de aquellos días, incluida la única que realmente duró: la de Eduardo Duhalde. Siguió siendo ministro del Interior y luego se convirtió en vicepresidente del Banco Nación. Pero cuando se fue Duhalde y arribó al poder Néstor Kirchner, continuó ocupando puestos de cierta relevancia en el gobierno nacional, hasta hace poco.

La historia de este sobreviviente mendocino no termina allí. Hoy, el Rolo es uno de los referentes de la “Línea Mendoza”, el sector interno del oficialismo provincial creado por el gobernador Celso Jaque, y no descarta volver a ser protagonista en el PJ provincial.

Estas líneas tratan, entonces, de explicar cómo ha logrado Gabrielli mantener esta vigencia.

Sentido de la oportunidad. La sorpresiva llegada de Gabrielli al ministerio del Interior tuvo que ver, según su explicación, con sus vínculos con los gobernadores del interior del país, que formaban una suerte de “liga” para apoyarse entre sí frente a la provincia grande: Buenos Aires. Son ellos quienes vieron en el mendocino el hombre capaz de “reordenar las relaciones entre la Nación y las provincias”, que estaban hundidas en el caos: en cada lugar había una cuasimoneda distinta y las deudas en dólares, que crecían sin parar tras el fin de la convertibilidad, ahogaban a muchos distritos.

Sin dramatismo para pensar la política, aún en casos extremos como el 2001, el ex gobernador mendocino sostiene que este tipo de oportunidades se van dando en la vida de las personas sin que éstas se lo propongan demasiado y que lo único que hay que resolver es tomar las chances o dejarlas pasar.

“El día que me ofrecieron el ministerio del interior, fui a mi casa y mi mujer me preguntó si me convenía. ´No se si me conviene, es lo que me ha tocado´, le respondí. Las cosas de la política son cuando son, no cuando uno quiere”, recuerda.

La gestión de Gabrielli tuvo al menos un momento relevante, que fue la firma del acuerdo fiscal entre Nación y provincias, que se rubricó a comienzos de 2002. El ex ministro sostiene que aquel arreglo fue un “primer desendeudamiento” para las provincias, que estaban muy golpeadas por las deudas y la crisis económica. Ese capítulo recién se cerró este año, cuando las provincias aceptaron un programa de desendeudamiento lanzado por la presidenta Cristina para reducir y refinanciar aquellas viejas deudas de las provincias.

Mendoza estaba en una situación financiera un poco menos incómoda que varias provincias, pero eso no significaba que no existieran problemas. De los tormentosos días de 2002, Gabrielli rescata la labor “codo a codo” con el entonces gobernador por el radicalismo, Roberto Iglesias. “Él ayudó mucho con el acuerdo fiscal y yo colaboré mucho con los problemas que tenía Mendoza. Hubo que levantar la cosecha y le encontramos la vuelta con un fideicomiso. Y había problemas con el precio del vino en esos días por el precio del dólar”, comenta.

“Nunca disfruté el lugar donde estaba porque todos eran problemas”, reflexiona el ex funcionario. Y el cuadro no mejoró cuando le tocó administrar el Banco Nación: “Había que contar las monedas todos los días para ver si nos alcanzaba para abrir”

Para él, el país logró salir de ese pozo, inicialmente, gracias a los gobernadores: “La mayoría eran gobernadores fuertes y las instituciones se sostuvieron por la capacidad de ellos de resistir. La tarea mía era ayudarlos a resistir”.

Siempre con el traje preparado. “Cuando me convocan estoy y cuando no me convocan, no me ofendo. Me ocupo de mis cosas y las hago con placer”, afirma Gabrielli.

Sin embargo, cuesta encontrar una época en la que no haya estado ligado a un cargo. Tras ser gobernador, se convirtió en diputado nacional. Sobre el final de la gestión de Carlos Menem, se transformó gracias a un decreto en vocal del Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (Orsna).

Después vinieron sus pasos por el Ministerio del Interior y el Banco Nación, en la era Duhalde. Y las gestiones del matrimonio Kirchner también prodigaron cargos para el mendocino: primero estuvo al frente de ARSAT, la empresa responsable de la actividad satelital del país , y finalmente se hizo cargo de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), puesto que abandonó a mediados de este año.

Gabrielli ha tenido el don de llevarse bien con todos los justicialistas que estuvieron al frente del país en los últimos 20 años. E insiste en cuanta oportunidad tiene que lo llaman por su experiencia en la administración pública.

Su paso por el gobierno provincial quedó teñido por fuertes críticas, en especial por el uso de un resarcimiento millonario por regalías petroleras más liquidadas (600 millones de dólares), que no generó un bien perdurable para la provincia y terminó siendo absorbido por los gastos corrientes de la gestión.

Gabrielli considera en cambio que como gobernador promovió transformaciones importantes, como la reconversión vitivinícola. Por eso se entusiasmó este año con la fallida inclusión de Mendoza en la promoción industrial, el tema que volvió a conectarlo con la coyuntura política de la provincia. Cuando la promoción para Mendoza era un sueño posible, Gabrielli llegó a calificar al gobernador Celso Jaque como un “transformador”, igual que él.

Con la promoción como llave, Gabrielli pasó a gravitar en la Línea Mendoza, el sector interno del PJ que abarca al gobierno y los intendentes más importantes del oficialismo. Se asegura desde entonces que Gabrielli es un buen vínculo para Jaque con el ministro de Planficación Federal, Julio De Vido.

Con la misma levedad y ausencia de dramatismo con que recuerda los hechos de 2001, el ex gobernador analiza la actualidad de su sector interno, que está plagado de divisiones y candidaturas. “La Línea Mendoza no se va a quebrar. Para nada. Lo que ocurre es que hay que gobernar también y eso lleva tiempo. Los candidatos son tema para 2011”, sugiere.

Gabrielli, el veterano sobreviviente del PJ, no se asigna aún ninguna misión concreta dentro de la Línea Mendoza. Y las encuestas tampoco lo ubican en un lugar relevante para el futuro.

Según el encuestador Enrique Bollatti, el ex gobernador se ha convertido casi en un desconocido para los mendocinos. Los sondeos enfocan en este fin de año a Adolfo Bermejo y Carlos Ciurca, o a los intendentes Alejandro Abraham (Guaymallén) y Rubén Miranda (Las Heras), entre otros, como los potenciales componentes de una fórmula para la gobernación. Mientras que Gabrielli tiene, para Bollatti, “perfil de padrino, alguien que puede apoyar, pero no liderar el proyecto” y un alto nivel de desconocimiento en los segmentos más jóvenes.

Pero Gabrielli no se desespera por esta situación: “Nunca trabajé para un cargo u otro. La política y los cargos son una mezcla de circunstancias y situaciones. Si se dan esas circunstancias, seguro que puedo volver a tener la figuración que tuve en el pasado”.

Aunque lo disimule, en su placard, seguro debe haber un traje preparado por si alguien vuelve a solicitar sus servicios.