Viven: la historia de dos funcionarios de Jaque que lograron salvarse del precipicio
Lo que no mata, fortalece. Por eso están fortalecidos los dos funcionarios que esta semana superaron una nueva crisis interna en el gabinete de Celso Jaque, que amenazaba con dejarlos sin trabajo.
El ejercicio también ayuda a vislumbrar cómo será el último tramo del gobierno de Jaque. Explican en qué consiste el "posjaquismo", una disputa abierta y acelerada en el peronismo mendocino que se acentúa camino a las elecciones. Y de la cual puede no estar a salvo la gestión de gobierno.
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“El gobernador soy yo y Adaro es sólo un colaborador”, fue la frase que usó Jaque para desautorizar a su ministro de Gobierno al día siguiente, tras recalcar que no iba a emitir opinión sobre asuntos que estaba resolviendo la justicia.
Pero esta semana, a pesar de que Jaque lo mandó a callar públicamente, Adaro (que no trató el episodio a solas con el gobernador) ratificó que el paso de Rico por el Poder Ejecutivo le sigue dando vergüenza. El polémico comisario fue subsecretario de Seguridad durante la gestión como ministro de Juan Carlos Aguinaga, el primer hombre que eligió Jaque para combatir el delito.
“Dije lo que me parecía como militante, la mayoría de los testimonios en el juicio lo reconocen como miembro del D2”, afirmó Adaro, sin pudores. Apenas tuvo el cuidado de aclarar que el gobernador tuvo poca responsabilidad en su breve tránsito por la gestión, ya que Aguinaga ataba su continuidad como ministro a la del propio Rico.
El argumento es por lo menos dudoso: en la Vendimia de 2008, ante los primeros embates de organizaciones filokirchneristas para destronar a Rico del gobierno, Jaque vociferó que "la seguridad de los mendocinos no se negocia". Había algo más en la relación del gobernador con el comisario sospechado.
Elecciones internas: contra los intendentes. Pero Adaro no sólo se ha transformado en un funcionario que pone incómodo a Jaque por su exacerbada militancia de los derechos humanos. Esta semana, el funcionario también salió a exponer públicamente su postura respecto de las elecciones internas del año que viene, sin cuidarse de que ese pronunciamiento era contrario a las propuestas de los intendentes de su partido.
La rebeldía dejó en ese momento de ser un mero ejercicio histórico para convertirse en un verdadero desafío para los deseos de los caciques del justicialismo mendocino.
Adaro dijo y ratificó en estos días que esos comicios deberían realizarse en agosto de 2011, fecha prevista para las primarias abiertas por el gobierno nacional, a contra mano de los intendentes, quienes ya le hicieron conocer sus pretensiones a Jaque: quieren que las internas se realicen en Mendoza por separado, a más tardar en junio.
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“Hay que tener unidad operativa y electoral, en este momento tenemos que ayudar a Cristina”, agrega Adaro. Y deja en el final una sugerencia punzante: “No estaría de más una consulta al gobierno nacional por este tema”.
Una versión mendocina de “Colina”. En su construcción política, irritante para muchos compañeros, Adaro ha ido dejando atrás a uno de sus mentores, el líder sindical del Centro Empleados de Comercio, Guillermo Pereyra. Los ha cambiado por dirigentes de peso en la CGT nacional y con entrada fluídas a la Casa Rosada, como Julio Piumato, del sindicato de los empleados judiciales, con quien se familiarizó gracias a los juicios por los delitos de lesa humanidad en Mendoza.
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“Tenemos la idea de hacer una versión mendocina de Colina”, suelta Adaro, a propósito de sus planes políticos para 2011. Y compara así su armado político a favor de la presidenta nada menos que con el movimiento de Alicia Kirchner, hermana del fallecido ex presidente Néstor Kirchner.
Los une el espanto, no el amor: en la aventura incluye nada menos que al secretario Carmona, con quien Adaro está organizando un acto kirchnerista de cierre del año que será convocado para el 21 o el 22 de este mes en la Asociación Mendocina de Box. Allí el funcionario aspira a reunir no sólo a justicialistas, sino a aliados de otros partidos y miembros de organizaciones sociales oficialistas, como La Cámpora y Tupac-Amaru.
La fecha del acto provincial depende de la reunión del Consejo Federal Justicialista, en la que la presidenta será ungida como jefa virtual del justicialismo a pesar de que Daniel Scioli es el heredero natural del partido tras la muerte de Néstor. Un día después de ese acto en Olivos, Adaro y Carmona lanzarían en Mendoza “una organización muy horizontal. Sin protagonismos y al servicio de cristina y del gobierno, que no se va a contraponer con los azules y la Línea Mendoza”, promete el ministro de Gobierno. Los codazos del posjaquismo son más que evidentes.
Los cuidados con Carmona. Si Jaque ha medido los efectos nocivos que podía tener echar al ministro que más habla de derechos humanos en Mendoza y que se muestra abiertamente "cristinista", con Carmona, el otro sobreviviente, tuvo otro tipo de cuidados.
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En esta incipiente estructura oficialista se apoyó para lanzar antes que nadie su precandidatura a gobernador de la provincia en 2011, como parte de la resquebrajada Línea Mendoza que controla el Chiqui Cazabán.
Carmona fue uno de los oradores en el ya lejano lanzamiento de la línea jaquista del PJ. Pero más cerca en el tiempo, demostró que "habla con todos": fue uno de los invitados a la cena de fin de año que organizó el Chueco Mazzón en Buenos Aires. Nadie consigue asiento en semejante tertulia si no cuenta con influencias o es bien considerado por el maxi operador de la Casa Rosada.
Nadie subestima a Carmona en el justicialismo, a pesar de su aspecto de hosco peleador solitario. El daño que podía hacerle a nivel interno a Jaque (con quien compitió en la interna para gobernador del 2007) debió pesar en la reunión a solas que mantuvieron el gobernador y el funcionario el martes, cuando en el gobierno soplaban a gritos que el funcionario sería echado, pero esto al final quedó en sólo "un intercambio de opiniones sobre la minería", según la explicación del secretario de Ambiente.
Aunque los temores (oficiales y privados) a que se radicalizaran las protestas en Mendoza contra la actividad minera con la ida de Carmona también tuvieron que ver en la decisión.
Carmona y Adaro, dueños de su destino. La supervivencia de Carmona en el Gobierno de todos modos es más difícil que la del ministro Adaro. Con su férreo control, visto como obstaculizante, del proyecto minero San Jorge en Uspallata, el secretario de Ambiente está al filo de pararse contra una actividad económica que promueve no sólo Jaque, sino la propia Cristina de Kirchner.
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Todos los ojos están puestos sobre su manejo del expediente San Jorge y el gobernador lo emplazó a aprobarlo hace 10 días. Aunque el liderazgo que ejerce el gobernador es ambigüo y ha demostrado que, en su gabinete, nadie más que sus ministros son dueños de su destino.