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La irresponsabilidad de un Congreso que insiste en desprestigiarse

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Escupen para arriba. ¿No tiene el derecho un Gobierno a influir para contar con su Presupuesto de gastos y recursos? Los legisladores de la oposición, ante un cúmulo de llamadas de funcionarios de primera línea para reclamar el voto positivo a su proyecto central para terminar la gestión de CFK, salieron espantados a denunciar "presiones".

Pero no fue así de sutil. Lo que han dado a entender es que se trató de un "escándalo", otorgándole a una negociación política una estatura criminal.

El Congreso ya pasó por esto una y mil veces. La ocasión en la que más nos impactó fue aquella en la que se denunció el pago de sobornos para aprobar la flexibilización laboral. Pero lo que diferencia a esta circunstancia de aquella son los elementos de prueba y la intervención de la Justicia.

El tratamiento del Presupuesto ha quedado forzadamente equiparado a un caso que si fue bochornoso. La distancia entre un caso y otro es, sin embargo, la misma que hay entre legisladores que embarran la cancha en medio de una disputa preelectoral, que pretende culpar al gobierno nacional de coimero pero sin ofrecer pruebas, y las remotísimas posibilidades de que el Congreso se concentre en discutir qué modelo de país se sostiene con uno u otro proyecto de Presupuesto.

La exageración se nota. La evidencian las excusas que comienzan a dar los propios legisladores que al principio hablaban de delito y ahora, acosados por los títulos de la prensa (que sus dichos ya no pueden sustentar) comienzan a confesar que, en realidad, fueron presiones. Algo a lo que los legisladores nacionales no debería soprenderlos y que, por cierto, no debe ser la única vez ni desde el único sector que las reciben.