Elecciones que son opciones
Hay una primera pregunta, la más legítima de todas. Esas 270.500 personas que votaron en las elecciones de la llamada Central de Trabajadores Argentinos (CTA), ¿son todos lo que son, o
hay que preguntarse qué sucedió con el 81 por ciento restante, que no fue a votar? Porque en el triunfo de la lista de Pablo Micheli hay mucho más que una victoria electoral.
A lo largo de sus casi dos décadas de vida (la CTA nació en 1991, en pleno ascenso hegemónico del menemismo), este agrupamiento social se auto identificó como expresión democrática
y participativa de las bases, sin obturaciones burocráticas. Así se definía la CTA, como la central obrera del pueblo, no de las conducciones sindicales cartelizadas. Por eso, hasta vísperas de estas conflictivas elecciones, todos sus dirigentes aludían a su masa de afiliados, invariablemente cuantificada en 1.4 millón de afiliados.
Lo cierto es que cuando esta semana se confirmó el triunfo de la lista de Micheli sobre la encabezada por Hugo Yasky, la divulgación de las cifras de participación fue una ducha fría
sobre fervores retóricos que la realidad tangible no ratifica, ni mucho menos.
Pero, además del triunfo de la lista de Micheli, claramente enfrentado a las políticas y al modelo de los Kirchner, que ganó las elecciones con una ventaja de 18.249 votos sobre la de Yasky,
también debe subrayarse el penoso proceso de cuestionamientos del escrutinio. Tras 20 años de prácticas "basistas", a la hora de dirimir las diferencias en las urnas, el conteo de votos fue
escandalosamente cuestionado por una de las partes.
Micheli y su gente buscan ahora el respaldo del Tribunal Arbitral y no tienen apuro por asumir una conducción que hasta ahora está en manos de Yasky, que se ilusiona con rehacer el
resultado logrando que se vote de nuevo en tres distritos. Como el resultado sigue siendo "provisorio", un bochorno verdaderamente inaceptable, por las impugnaciones que sòlo se aclararán esta semana, se postergará que asuman las nuevas autoridades.
"Está mal que (Yasky) se atornille al sillón, pero no estoy desesperado por asumir. No vamos a entrar en una guerra de bandas, un par de días más no cambian la historia", aceptó Micheli, para quien no sería imposible iniciar su mandato en otro espacio físico, luego de que se definan primero la Junta Electoral y luego el Tribunal Arbitral Autónomo. Micheli no está enamorado de Yasky: "Que se meta esas cuatro paredes (las de la CTA) donde quiera", fue su conclusión.
El conteo de los votos reflejò que la lista de Micheli aplastó en Jujuy (22.322 a 9.210), Tucumán (9.910 a 2.372), Mendoza (6.094 a 1.300), Santiago del Estero (3.555 a 600), Salta
(3.623 a 857), Córdoba (4.119 a 1.363), Entre Ríos (6.867 a 2.225) y Neuquén (4.337 a 1.041). Gano más ajustadamente en Capital Federal, donde votaron solo unas 19.000 personas (10.855 a 8.272), pese a que la propaganda de ambas listas empapeló y pintarrajeó o la ciudad de manera despiadada.
El sector al que apoyó abiertamente el kirchnerismo ganó Buenos Aires (44.901 a 35.074) y recaudò fuerte diferencia en Santa Fe (22.817 a 4.784), aunque aquí los impugnadores fueron los de Micheli, que sin embargo descuentan que el recuento no alcanzaría para modificar las cifras finales.
Es poco probable que ambos sectores se dividan o que Yasky abandone la CTA, como ya lo hizo la emocional líder del grupo Túpac Amaru en Jujuy, Milagro Sala. "Con Hugo Yasky nos
comprometimos a quedarnos", dice Micheli, aunque el clima remanente tras una semana de amargas imputaciones sea evidentemente belicoso. Yasky anunció que piensa asumirse "como
una expresión que va a garantizar la unidad", aunque su victorioso rival lo denunció por "atornillarse al sillón".
Claro que la jujeña Sala tiene otros problemas. Además de la paradoja de que, pese a ser masivamente financiada por los Kirchner desde Buenos Aires, sus votos por Micheli significaron la derrota del filo kirchnerista Yasky, ahora fue denunciada penalmente por concejales de la Unión Cívica Radical de la capital jujeña, que la acusan de haber obstruir la sesión legislativa del martes pasado y de haber insultado y encerrado durante 45 minutos
en su despacho al presidente de ese cuerpo, Juan Carlos Abud Robles.
La Túpac Amaru niega que Sala haya agredido a Abud Robles, pero sin embargo al día siguiente, el miércoles, se repitieron las agresiones frente al municipio de San Salvador de Jujuy, cuyo intendente es el también radical Raúl Jorge.
El choque y la agria polémica dentro de la CTA fue ideal para que el secretario general de la CGT oficial, Hugo Moyano, tuviera su semana feliz, plagada de ironías y dulces venganzas en torno
del choque entre Micheli y Yasky: "Estas disputas, estas acusaciones cruzadas, muestran que no son tan democráticos como decían", descerrajó. Se la dejaron picando y Moyano no tartamudeó: "Ellos criticaron mucho el funcionamiento nuestro y hoy están dando muestras de que cometieron más errores que nosotros".
Pero como le gustaba decir a Juan Perón (1895-1974), la única verdad es la realidad. Votó sólo el 19 por ciento de los empadronados. En otras palabras, la CTA sólo movilizó a 270.500
personas, o sea al 19 por ciento del total de afiliados que ellos presumían tener. La lista de Micheli fue votada por 131.436 votos, mientras que la de Yasky obtuvo 113.187. Ambos coinciden en admitir, en voz no muy baja, que, al tratarse de una central que siempre se ufanó de que su activo societario se construye sobre la base del voto directo de los afiliados, el proceso ha "enlodado" una causa que ellos definieron como nuevo sindicalismo.
Pero el caso de las amargas elecciones de la CTA tiene, además, otras derivaciones, tanto o más decisivas. El Gobierno apostaba mucho a que una victoria del sector de Yasky le significaría un
mayor control de la central independiente de la CGT, para evitar una radicalización que perjudicara a Moyano. Eso no sucedió y el triunfo de la lista de Micheli le birla al Gobierno esa
posibilidad y acentúa la necesidad de depender más que nunca del líder camionero.
En Twitter: @peliaschev

