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Cobos, el velorio y una prueba de que el kirchnerismo sigue vivo
El vicepresidente tenía derecho de participar en las exequias de Néstor Kirchner en la Casa Rosada, sencillamente porque allí tiene acceso todo el mundo. Pero a su vez no era precavido hacerlo, por la violencia que el mendocino genera. Proscribirlo es un indicio de que el rumbo del gobierno no cambiará.
Habría sido, de alcanzar a pedirlo, el último deseo del líder. Por eso el entorno presidencial no dudó un segundo al negarle hoy a Julio Cobos el acceso a la Casa Rosada para participar del velatorio de Néstor Kirchner.
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El mendocino tiene en ese edificio una oficina que languidece de soledad desde mediados de 2008, cuando emitió su voto no positivo en el Senado para las retenciones al campo.
Hubo tiempos mejores. En ese mismo despacho, semanas antes del no positivo, Cobos explotaba de alegría. Lo había invitado Cristina precisamente para el anuncio del envío al Congreso del proyecto de las retenciones. La Presidenta había recogido de esta manera un pedido realizado por el vicepresidente, por carta abierta, de convocatoria al diálogo en el ámbito del Congreso Nacional.
En "su" oficina de la Casa Rosada, Cobos atendió a los medios aquella jornada para explotar las repercusiones de una noticia que para nada reflejaría el futuro político de Kirchner y el mendocino.
El edificio presidencial volvió a acogerlo en una reunión dura y cara a cara con Cristina de Kirchner, posterior a su voto a favor del campo. Ese diálogo definió la ruptura de la concertación, la alquimia que llevó a ambos (principalmente a Cobos) al poder.
A pesar de todo lo ocurrido en los últimos años, Cobos tenía derecho de participar del velatorio de Néstor Kirchner este jueves.
La familia del ex presidente tuvo su ceremonia íntima en Santa Cruz, previo al acto multitudinario que se está desarrollando ahora en la Casa Rosada. No estaba convirtiéndose en un intruso si iba allí, donde todos pueden entrar.
En efecto, la ceremonia que se extenderá hasta mañana es un acto institucional y amplio, al que asisten los presidentes de la región, las celebridades y los principales referentes políticos. Además, por supuesto, de cualquier ciudadano común que respete las medidas de seguridad impuestas y que esté dispuesto a horas de cola.
Se brinda allí la despedida a un ex presidente y el actual vicepresidente debería poder estar. En cambio, se lo ha proscripto. Se puede pensar incluso que no le asiste a la familia de Néstor Kirchner el derecho de negarle un espacio, salvo que el objetivo siga siendo que hacer público el mar de diferencias entre los Kirchner y Cobos.
Visto desde otra óptica, el deseso de Cobos no era razonable y hasta pudo haber sido peligroso para su integridad. Desde anoche, los militantes del kirchnerismo gritan cánticos en su contra desde Plaza de Mayo. El dolor y el apasionamiento podría haber dado pie a la violencia. Así, la idea de ir a la Casa Rosada se contradice con la prédica cobista a favor de pacificar la política.
No obstante, está claro que este tipo de desplantes protocolares hieren como pocas cosas al vicepresidente. Y el Gobierno Nacional ha explotado ese costado en varias ocasiones. La última de ellas, cuando no lo invitó a la cena de celebración del Bicentenario que se hizo en la Casa Rosada, donde Cristina estuvo rodeada (como hoy) por personalidades de todo el mundo.
Otra vez maltratado, Cobos actuó rápidamente y con despecho al blanquear que el Gobierno no lo dejaba asistir al velatorio, una revelación que podría haber guardado algunas horas para no agitar conflictos en este difícil momento. Salvo que guste explotarlos en su beneficio.
Pero la respuesta que recibió Cobos del oficialismo quizás sea, por último, el primer indicio concreto de que el kirchnerismo trascenderá a su creador y seguirá en el poder, en horas que se discute precisamente eso: la continuidad del modelo.
La decisión de no darle una tregua al “enemigo” ha sido, posiblemente, un gesto político contundente. Hay un estilo que va a trascender a Néstor Kirchner, parece decir el mensaje a Cobos que no casualmente habría tenido como vocero a l jefe de gabinete, el guerrero Aníbal Fernández, entre otros.
Hay gente que intentará que el rumbo político sea exactamente el mismo que el que marcaba férreamente Néstor Kirchner hasta su fallecimiento, lo cual en estos momentos de incertidumbre es una noticia.
A pesar de todo lo ocurrido en los últimos años, Cobos tenía derecho de participar del velatorio de Néstor Kirchner este jueves.
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En efecto, la ceremonia que se extenderá hasta mañana es un acto institucional y amplio, al que asisten los presidentes de la región, las celebridades y los principales referentes políticos. Además, por supuesto, de cualquier ciudadano común que respete las medidas de seguridad impuestas y que esté dispuesto a horas de cola.
Se brinda allí la despedida a un ex presidente y el actual vicepresidente debería poder estar. En cambio, se lo ha proscripto. Se puede pensar incluso que no le asiste a la familia de Néstor Kirchner el derecho de negarle un espacio, salvo que el objetivo siga siendo que hacer público el mar de diferencias entre los Kirchner y Cobos.
Visto desde otra óptica, el deseso de Cobos no era razonable y hasta pudo haber sido peligroso para su integridad. Desde anoche, los militantes del kirchnerismo gritan cánticos en su contra desde Plaza de Mayo. El dolor y el apasionamiento podría haber dado pie a la violencia. Así, la idea de ir a la Casa Rosada se contradice con la prédica cobista a favor de pacificar la política.
No obstante, está claro que este tipo de desplantes protocolares hieren como pocas cosas al vicepresidente. Y el Gobierno Nacional ha explotado ese costado en varias ocasiones. La última de ellas, cuando no lo invitó a la cena de celebración del Bicentenario que se hizo en la Casa Rosada, donde Cristina estuvo rodeada (como hoy) por personalidades de todo el mundo.
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