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Adiós, torpe pingüino

Todos los saben, puso su pecho y metió mano a los que nadie se les animaba. Obediencia debida y punto final, juicio a los genocidas, recuperación de los derechos humanos como bandera de Estado. El país fue otro desde Néstor, desde que ese sureño se tomo en serio esto de “dar la vida por la argentina.

Qué decir en estos momentos. ¿Qué analizar o reflexionar en un día negro, en un día pastoso, en una mañana tan quebrada? Es que se fue de este maldito mundo Néstor, el querido Néstor, ese torpe y tozudo hombre, ese patriota, nuestro ex presidente. Nada o todo. ¿Quién puede obviar lo que ese torpe pingüino logró para todos los argentinos? Es que el tipo puso el cuerpo, lo puso todito al servicio de su patria y su pueblo. Jugado. Un tipo jugado y nunca un cagón, jamás. Ya lo recordarán cuando se escriba este retazo de historia, fugaz como cuando cae una estrella de noche, efímera como un amor de juventud. Breve como el momento de risas con amigos, que luego serán rictus con pena, ceños fruncidos; porque la vida es pena con instantes felices que atesoramos en cofres, para siempre, para mirarlos de vez en cuando y seguir un rato más aquí, creando sentido en cada paso que damos. La puta madre. Se fue mi querido Néstor, nuestro sentido torpe pingüino.

Todos los saben, puso su pecho y metió mano a los que nadie se les animaba. Obediencia debida y punto final, juicio a los genocidas, recuperación de los derechos humanos como bandera de Estado. El país fue otro desde Néstor, desde que ese sureño se tomo en serio esto de “dar la vida por la argentina”. Muchos se recuperaron económicamente bajo su gestión (aunque no dejaron de putearlo desde una grosa camioneta 4x4 en una playa) y el país es otro, esta mañana, rodeada de congoja y desánimo. Querido Néstor, mi vieja por primera vez logró una pensión y dignidad y recuperó su autoestima. Y eso se agradece, y eso no se olvida. Y en el barrio de mi vieja, donde he vuelto como en el tango, se siente el amargor. Porque los almacencitos sobreviven, porque muchos cambiaron su autito, porque a pesar de tanta mala leche circulando, la gente de vez en cuando recuperaba la sonrisa, de la mano de niños con algodones rosados.

Has dejado, querido Néstor, un enorme legado para nosotros, los que creímos y te lloramos apenas nos enteramos de tu partida. Fuiste un soldado, un luchador incansable. Nos devolviste la política, las discusiones, la ideología cuando parecía que todo esto se parecía al fin de la historia. Gracias compañero. Gracias por tu ejemplo, gracias por tu convicción. Tu muerte no será en vano.