Sindicalismo y patotas: los nombres que provocan temor oficial
"Hay un vínculo entre las patotas sindicales y el gobierno nacional a través del jefe de la CGT, Hugo Moyano", aseguró oportunamente Oscar Aguad, diputado nacional por la UCR.
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Esa frase sintetiza una realidad que muchos conocen y pocos mencionan, y que ha quedado al desnudo luego de los incidentes que dejaron como saldo la muerte de Mariano Ferreyra la semana pasada. Es una verdad incómoda, que tiene que ver con la perversa relación existente entre ciertos gremios sindicales de peso y el Gobierno nacional. Mientras los primeros ofrecen “mano de obra” para labores de diversa índole, los segundos los premian, no sólo con jugosos subsidios, sino también con relevantes cargos en lugares clave de la administración pública.
Elogios, mentiras y video
Aunque hoy el kirchnerismo intente despegarse por completo de los referidos incidentes y niegue tener relación con el titular de la Unión Ferroviaria, José Pedraza, un video que aparece en el sitio de Internet de Presidencia de la Nación, refuta la versión oficial.
Allí puede verse cómo, el 12 de noviembre de 2009, Cristina Kirchner, en el marco de la inauguración de una nueva sede, elogió “la obra” realizada en ese sindicato. “Mostrémosle a todos cuál es este modelo de organización sindical que cree que lo más importante no es destruir sino conseguir mejoras para sus trabajadores”, dijo, justo antes de enaltecer la figura de Pedraza.
El hombre señalado
A medida que pasan las horas, se va comprobando la participación de Pablo Díaz en la trama de la muerte del joven Ferreyra, un nombre que fue anticipado por este diario el mismo día que pereció el militante del Partido Obrero. Díaz no sólo es la mano derecha de Pedraza, sino también —según varios testigos— el “reclutador oficial” de la Unión Ferroviaria.
Al mismo tiempo, es el principal interlocutor entre un importante Ministro de la Nación y ese sindicato. Cuando esto se sepa, ¿seguirá sosteniendo el oficialismo que no tiene relación con los incidentes de la semana pasada?
Uno de los que ratificó la importancia de Díaz en el reclutamiento de barras fue Cristian Favale, quien ayer declaró por apenas 15 minutos ante la Justicia antes de quebrarse y pedir protección para su familia. ¿Qué puede temer un hombre como él, con profusos antecedentes penales y parte activa de la barra brava de Defensa y Justicia?
Por lo visto, su temor habría comenzado a hacerse carne inmediatamente después de señalar a Gabriel Sánchez, ex integrante de la barra brava de Racing, como el verdadero autor de los disparos que mataron a Ferreyra. En realidad, Favale no dio su nombre, sino que lo describió como alguien con gorrita, anteojos y “un payaso tatuado en el brazo”, datos que caben perfectamente al perfil de Sánchez.
A la trama deben agregarse dos hechos de relevancia: por un lado, la detención de Juan Carlos Pérez, delegado gremial de la Unión Ferroviaria —quien fue arrestado en las últimas horas en la localidad bonaerense de Brandsen—; por el otro, el señalamiento por parte de al menos cinco testigos de la participación de otro empleado ferroviario, Aldo Amuchástegui.
Ambos, junto al mencionado Pablo Díaz, son los principales actores de una trama maldita, relacionada a la utilización de fuerzas de choque; barras que son reclutados a cambio de promesas laborales. Allí es donde aparecen las tristemente célebres empresas tercerizadas, comandadas por familiares de los mismos sindicalistas que hoy son condenados social y políticamente.
Como se dijo insistentemente en esta columna, el Gobierno nacional otorgó millonarios subsidios a los cuestionados sindicalistas y nombró a varios de sus capitostes en cargos clave de la Secretaría de Transportes de la Nación. Al mismo tiempo, ignoró sistemáticamente los reclamos de los tercerizados ante el Ministerio de Trabajo, dando vía libre al polémico engranaje que hoy todos condenan.
Favale no es ajeno a esos malditos nexos entre sindicalistas y Gobierno. El terror que mostró ayer, por caso, parece ser síntoma de ese preciso conocimiento.
El hombre señalado
A medida que pasan las horas, se va comprobando la participación de Pablo Díaz en la trama de la muerte del joven Ferreyra, un nombre que fue anticipado por este diario el mismo día que pereció el militante del Partido Obrero. Díaz no sólo es la mano derecha de Pedraza, sino también —según varios testigos— el “reclutador oficial” de la Unión Ferroviaria.
Al mismo tiempo, es el principal interlocutor entre un importante Ministro de la Nación y ese sindicato. Cuando esto se sepa, ¿seguirá sosteniendo el oficialismo que no tiene relación con los incidentes de la semana pasada?
Uno de los que ratificó la importancia de Díaz en el reclutamiento de barras fue Cristian Favale, quien ayer declaró por apenas 15 minutos ante la Justicia antes de quebrarse y pedir protección para su familia. ¿Qué puede temer un hombre como él, con profusos antecedentes penales y parte activa de la barra brava de Defensa y Justicia?
Por lo visto, su temor habría comenzado a hacerse carne inmediatamente después de señalar a Gabriel Sánchez, ex integrante de la barra brava de Racing, como el verdadero autor de los disparos que mataron a Ferreyra. En realidad, Favale no dio su nombre, sino que lo describió como alguien con gorrita, anteojos y “un payaso tatuado en el brazo”, datos que caben perfectamente al perfil de Sánchez.
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A la trama deben agregarse dos hechos de relevancia: por un lado, la detención de Juan Carlos Pérez, delegado gremial de la Unión Ferroviaria —quien fue arrestado en las últimas horas en la localidad bonaerense de Brandsen—; por el otro, el señalamiento por parte de al menos cinco testigos de la participación de otro empleado ferroviario, Aldo Amuchástegui.
Ambos, junto al mencionado Pablo Díaz, son los principales actores de una trama maldita, relacionada a la utilización de fuerzas de choque; barras que son reclutados a cambio de promesas laborales. Allí es donde aparecen las tristemente célebres empresas tercerizadas, comandadas por familiares de los mismos sindicalistas que hoy son condenados social y políticamente.
Como se dijo insistentemente en esta columna, el Gobierno nacional otorgó millonarios subsidios a los cuestionados sindicalistas y nombró a varios de sus capitostes en cargos clave de la Secretaría de Transportes de la Nación. Al mismo tiempo, ignoró sistemáticamente los reclamos de los tercerizados ante el Ministerio de Trabajo, dando vía libre al polémico engranaje que hoy todos condenan.
Favale no es ajeno a esos malditos nexos entre sindicalistas y Gobierno. El terror que mostró ayer, por caso, parece ser síntoma de ese preciso conocimiento.


