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Las escuelas, rehenes de los odios políticos

Nadie había mostrado convencimiento por el candidato para la DGE, pero en la votación hubo amplia mayoría a su favor. La interna radical quedó en carne viva, ya que varios senadores pusieron bolillas blancas sólo para demostrar que el frente cobista no existe. Ganó López Puelles, pero no se puede asegurar que también haya ganado el sistema educativo.

La interna radical metió la cola esta mañana en la Legislatura. Lo que no sería un gran problema, y ni siquiera una novedad, si no fuera porque los platos rotos los puede pagar el sistema educativo provincial.

Voto más o menos, necesariamente hubo entre seis y siete bolillas blancas de la UCR y el ConFe para el candidato a conducir la DGE del Gobierno, Carlos López Puelles. Un día antes, el interventor partidario, Carlos Le Donne, había dicho lo contrario: que el “frente” que ambos sectores conforman estaba en contra de la designación del contador en ese altísimo puesto.

¿Qué ocurrió esta mañana en el Senado entonces? Hay que remitirse a lo que el propio senador iglesista Mauricio Suárez blanqueó poco después de la sesión secreta: “Nadie puede arrogarse la facultad de hablar por todos”.

Es evidente que Suárez y otros radicobistas acompañaron al candidato del oficialismo para dar una señal política de descontento hacia adentro del partido, que tiene que ver con cuestiones de poder ajenas a la educación. En este sentido, lejos estaba el propio Suárez de mostrar un convencimiento pleno en las virtudes del candidato. “El Gobierno no tiene nadie mejor para poner en ese puesto”, es todo lo que pudo decir el veterano dirigente a favor de quien había apoyado en la votación. Como si eso alcanzara para darle el puesto.

La educación mendocina quedó así de rehén de una coyuntura política ajena a sus problemas y particularidades. A ningún legislador se le pudo arrancar en las últimas semanas una opinión clara de respaldo a López Puelles. A nadie de los que debían votarlo lo convencía, ya fuera por sus nulos antecedentes académicos, sus extrañas maniobras financieras como empresario o sus oscuros “padrinos” políticos en el Gobierno.

Un grupo de legisladores llegó al punto de sentir la necesidad de marcar una postura política en cuanto a la designación del candidato, más allá de que hubiera conciencia de que no todos acompañarían esa posición en la votación.

Pero todo esto no tiene nada que ver con el siniestro juego de bolillas blancas y negras que definió el futuro de López Puelles y quizás el de la educación mendocina, al menos en los próximos dos años.

Es que la votación secreta del Senado, siempre es "otra cosa". Al amparo del anonimato que concede la Constitución, a la hora de colocar la bolillita en la urna se ponen en juego amores y odios particulares, favores acordados, compromisos,  tomes y dacas. Quizás hasta se hagan negocios o alguien gane cargos o plata. El candidato en cuestión y el área para que lo proponen importan bien poco.

Cada senador se siente soberano para hacer dentro del recinto lo que quiera en el crucial momento de emitir su voto, a pesar de que después no pueda fundamentar esa decisión afuera y que posiblemente genere decepción en los ciudadanos que hace poco los votaron para que sean (en el caso de los radicales y los demócratas que apoyaron hoy a López Puelles) opositores serios y rigurosos. Para que cuiden el sistema educativo.

Al final nada importa: cada cual hace su negocio y lo importante es sacar una tajada o un rédito determinado. Así, hoy ganó Jaque, ganó su gris candidato para la DGE y ganó también el radicalismo más ortodoxo, que quería mandarle un mensaje de rebeldía a Cobos.

¿Las escuelas serán, en cambio, las grandes perdedoras?