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Espalda con espalda, el kirchnerismo se reagrupa para no morir

Con un asado de por medio, el Jefe de Gabinete y dueño de la billetera del Gobierno, Aníbal Fernández, blanqueó su rol de sosías de Néstor Kirchner. Reunió a los propios y definieron abroquelarse para resistir tanto las fugas como los embates internos y externos del que son objeto luego de la derrota electoral. Los "viudos" del Kirchner otrora "progresista, nacional y/o popular", buscan nuevo referente.

Lejos de reciclar su mensaje, sin escuchar el dictamen de las urnas, los kirchneristas “puros” ven en cada matiz discordante los primeros indicios de presencia enemiga.

Todos resultan sospechosos.

Nuevamente, el grito de guerra “a todo o nada”, dicen, se escuchó en el asado con el que el sosías de Néstor Kirchner y dueño de la billetera oficial, Aníbal Fernández, reunió a los que quedan, dando el primer paso de resistencia a las fugas.

Espaldas con espaldas, con los brazos entrelazados, se protegen de los ataques, reclamos y acusaciones que empieza a recibir desde adentro del Movimiento Nacional Justicialista el núcleo duro Ka, lo que en otros tiempos supo ser denominado como “los mariscales de la derrota”.

Ya no pueden controlar del todo a los jefes comunales del conurbano, a pesar de que se les cierre el grifo financiero. Como advierte el sigiloso Daniel Scioli, allí viven cuatro millones de pobres. Y una medida histérica podría reservarle a Cristina Fernández una salida similar a la que le dieron a Alfonsín y De la Rúa: una “espontánea” toma de conciencia de su condición de pobres, un hambre –hasta ahora- sostenido como un resorte de capacidad extorsiva, pero que podría expandirse según el clima político.

No todos los que se dicen puros lo son; tampoco hay –con un Kirchner “ecuménico” y ecléctico- un “purificador de kirchnerismos”. Por ello, la tarea de reagrupamiento corre el riesgo de transformarse en una nueva lista testimonial: los que quedan alrededor y poco más.

Los ultrakirchneristas exigen –como lo han hecho D´Elía y Depetri- que “se vuelva a hablar con la gente”. Considerados entonces como críticos, capaces de “escupir el asado”, no fueron invitados a la comilona de Aníbal. Y en este ámbito, el que no está, no es.

Mientras tanto, el “pankirchnerismo”, los "viudos" o aliados dolidos por los malos gestos, ingratitudes y hasta por el giro a la derecha de muchas de las acciones de un Gobierno al que creyeron progresista, nacional y/o popular en el comienzo, buscan nuevos horizontes, mientras miran de reojo qué dice o hace el líder, ya que irse no es gratis. Sobre todo, para los que ocupan lugares rentados por el Estado en función de su anterior fidelidad.

“Hay que discutir más con los aliados”, lanzó este jueves el “ultra Ka” Edgardo Depretri. “La política la fijamos nosotros o la fijan las corporaciones”, cuentan que gritó un encendido Agustín Rossi, quien no aclaró a cuáles se refería, ya que gran parte del éxito que supo tener el Frente para la Victoria provino de “cerrar” con pequeños, medianos y grandes grupos de poder.

Mientras esto ocurre, el peronismo cada vez más disidente del Gobierno, busca un nuevo cauce y los gobernadores de la Pampa Húmeda ya no dudan en escuchar, atender y hasta darles públicamente la razón a los dirigentes ruralistas, buscando una catapulta hacia la Presidencia.

El kirchnerismo no dejará flancos y ajustará al máximo su manejo de todos los resortes de poder. Los jueces federales saben oler cuándo llega la desgracia a un gobernante y eso solo, podría desbaratar rápidamente a los miembros del “núcleo Ka”, jaqueados por denuncias de todo tipo.

Por ello, no liberará la espalda y lo más probable es que siga avanzando como una expresión política independiente del resto. Aun perdiendo de esa forma en 2011, la derrota resultaría más digna –y cómoda- que el banquillo de los tribunales.