Jaque mostró una verdad a medias que la oposición leyó como una mentira entera
La previa de la intervención a Obras Sanitarias Mendoza muestra el mecanismo psicológico de la toma de decisiones en el gobierno. Mientras los opositores creían que les estaban adelantando un diagnóstico, en el Cuarto Piso daban por descontado que estaban obteniendo un aval.
Cuando la tarde del domingo caía como una más de este invierno anémico, el gobierno tuvo una reacción de esas que no son habituales: en general en la política, y en particular en esta administración. Convocó a Casa de Gobierno a los presidentes de los partidos mayoritarios de la oposición con representación parlamentaria.
El llamado debe haber sorprendido a Juan Carlos Jaliff (CONFe), Carlos Le Donne (UCR) y Omar De Marchi (PD), quienes pese a lo particular de la convocatoria, decidieron asistir a la enigmática cita con el gobernador Celso Jaque. Afortunadamente, en las filas de la oposición son más los que creen que pese a las dificultades de la gestión, hay que ayudar más que obstruir.
Lo cierto es que la cumbre se filtró a los medios, pese al desértico paisaje de la Casa de Gobierno. Sin embargo, el motivo de la reunión seguía siendo una incógnita, incluso para los propios invitados que, puntuales, dieron el presente.
Tras la cumbre, los dirigentes no tuvieron problemas en posar para la foto y declarar que el gobernador los había llamado para ponerlos al tanto de la caótica situación del sistema de agua y cloacas de la provincia. Mencionaron que la situación era de “colapso” y dieron algunos detalles de la reunión. Por ejemplo que además habían participado el ministro de Gobierno, Mario Adaro y el de Infraestructura, Francisco Pérez.
Es más, hasta De Marchi dijo que el encuentro había sido “light” y Jaliff dijo que había que armar un ámbito especializado y de mucha participación para abordar en el mediano plazo” el asunto. Del tono de estas expresiones se desprende que esa noche no se habló de nada que implicara una decisión urgente y trascendente. Por el contrario, dieron a entender que se planteó un tema de manera preventiva a fin de asegurar un tratamiento futuro basado en el consenso. Incluso, hasta se descartó de plano la posibilidad de una reestatización de Obras Sanitarias Mendoza.
Sin embargo, al día siguiente y de manera sopresiva, el gobernador anunció la intervención de la empresa, haciendo quedar mal parada a la oposición que –tras el encuentro del domingo- pareció haber sido anoticiada de la decisión, o que al menos estaba al tanto de la movida, cuando en realidad, en la reunión del domingo sólo se expuso el diagnóstico pero no la decisión gubernamental.
En la jerga política, Jaque les escondió “la bocha” a los presidentes partidarios. Los usó para tener un aval que nunca les pidió. Y lo que es aún peor, si se los hubiera pedido, probablemente lo hubiera obtenido. Tal vez no de manera inmediata, pero sí una vez que los presidentes partidarios hicieran sus respectivas consultas hacia dentro de sus agrupaciones.
La jugada, al margen del papelón político, es un caso testigo de la metodología de toma de decisiones en el gobierno provincial. Pues aquí sólo hay margen para pensar dos cosas: O que Jaque dio por entendido que con exponer la situación de colapso se daba por supuesto que el gobierno tenía pensado (y tal vez ya decidido) intervenir OSM; o que directamente (y esto es lo que creen los opositores) que Jaque no sólo les mintió -al ocultar las verdaderas intenciones de la convocatoria- si no que además los usó.
Cuando el consenso es apenas un simulacro, una puesta en escena, como en esta ocasión o cuando no todas las cartas se ponen sobre la mesa, el diálogo entre gobierno y oposición más que contribuir al entendimiento y la construcción común, termina dinamitando la convivencia política.
¿Qué pasará si en el futuro, un gobierno debilitado como el de Celso Jaque, necesita para llevar adelante alguna acción el respaldo de la oposición? ¿Tendrá nuevamente el crédito, la asistencia perfecta para un diálogo que después puede ser usado para tomar decisiones inconsultas? ¿Es posible creer que el gobierno haya omitido dar a conocer que la decisión ya estaba tomada y se anunciaría al día siguiente? ¿La oposición “se durmió” y no alcanzó a ver que en la convocatoria había otra intención? Algunas preguntas que hoy rondan el debate de los analistas.
Lo cierto es que Jaque, ante una oposición que pecó de inocente o institucionalista, rifó una oportunidad concreta de fortalecer el poder político de la Provincia. Incluso, el de mostrarse como un gobierno con iniciativa y capacidad de liderazgo. Una vez más, Jaque transitó sus decisiones por un laberinto plagado de recovecos e intrigas que bien pudo sincerar ante la oposición, pero que terminó blanqueando en voz baja, como un supuesto que habilita malos entendidos. Una verdad a medias que para los dirigentes de la foto tiene todas las formas de una mentira entera.
Sin embargo, al día siguiente y de manera sopresiva, el gobernador anunció la intervención de la empresa, haciendo quedar mal parada a la oposición que –tras el encuentro del domingo- pareció haber sido anoticiada de la decisión, o que al menos estaba al tanto de la movida, cuando en realidad, en la reunión del domingo sólo se expuso el diagnóstico pero no la decisión gubernamental.
En la jerga política, Jaque les escondió “la bocha” a los presidentes partidarios. Los usó para tener un aval que nunca les pidió. Y lo que es aún peor, si se los hubiera pedido, probablemente lo hubiera obtenido. Tal vez no de manera inmediata, pero sí una vez que los presidentes partidarios hicieran sus respectivas consultas hacia dentro de sus agrupaciones.
La jugada, al margen del papelón político, es un caso testigo de la metodología de toma de decisiones en el gobierno provincial. Pues aquí sólo hay margen para pensar dos cosas: O que Jaque dio por entendido que con exponer la situación de colapso se daba por supuesto que el gobierno tenía pensado (y tal vez ya decidido) intervenir OSM; o que directamente (y esto es lo que creen los opositores) que Jaque no sólo les mintió -al ocultar las verdaderas intenciones de la convocatoria- si no que además los usó.
Cuando el consenso es apenas un simulacro, una puesta en escena, como en esta ocasión o cuando no todas las cartas se ponen sobre la mesa, el diálogo entre gobierno y oposición más que contribuir al entendimiento y la construcción común, termina dinamitando la convivencia política.
¿Qué pasará si en el futuro, un gobierno debilitado como el de Celso Jaque, necesita para llevar adelante alguna acción el respaldo de la oposición? ¿Tendrá nuevamente el crédito, la asistencia perfecta para un diálogo que después puede ser usado para tomar decisiones inconsultas? ¿Es posible creer que el gobierno haya omitido dar a conocer que la decisión ya estaba tomada y se anunciaría al día siguiente? ¿La oposición “se durmió” y no alcanzó a ver que en la convocatoria había otra intención? Algunas preguntas que hoy rondan el debate de los analistas.
Lo cierto es que Jaque, ante una oposición que pecó de inocente o institucionalista, rifó una oportunidad concreta de fortalecer el poder político de la Provincia. Incluso, el de mostrarse como un gobierno con iniciativa y capacidad de liderazgo. Una vez más, Jaque transitó sus decisiones por un laberinto plagado de recovecos e intrigas que bien pudo sincerar ante la oposición, pero que terminó blanqueando en voz baja, como un supuesto que habilita malos entendidos. Una verdad a medias que para los dirigentes de la foto tiene todas las formas de una mentira entera.

