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Reutemann a las puteadas: el que se calienta, pierde


La mayoría de quienes transitan la vida política saben cuánto de verdad hay en un viejo dicho: “El que se calienta, pierde”. Pero parece que no todos lo saben. Al menos, Carlos “Lole” Reutemann, demuestra desconocerlo (si no es que sobreactúa su enojo).

Salió con los tapones de punta a conmover a las recatadas señoras de la Rural con su terminología orillera: “A mi me importa tres pitos”, “que se recontra metan la candidatura en el medio del culo”, etc., etc., cuyas versiones sonoras divierten a los conductores de radio en las últimas horas.

Lo que el común de la gente todavía no alcanza a comprender es a quién le dijo lo que dijo, por qué se enoja como lo hace y qué es lo que le pasa, en realidad, al difícilmente descifrable senador santafecino con aspiraciones presidenciales.

Quienes conocen al santafecino no se sorprenden por esta actitud: acostumbrado a hacer lo que se le cante cuando se le viene en gana, su principal disgusto está centrado, dicen, en que le marquen los tiempos para el lanzamiento de su candidatura presidencial.

Reutemann quería hacerlo en marzo del año que viene. Y pretende no sólo ser un candidato de matriz peronista, sino el eje de algo capaz de representar cabalmente a los sectores productivos, al establishment agropecuario.

Lo segundo, lo tiene casi asegurado. Pero de lo que el “Lole” no puede hacerse el distraído es de las condiciones en las que decidió jugar cuando determinó hacer política desde un movimiento tan amplio y complicado como lo es el Justicialismo.

Catapultado sobre esa base, Reutemann deberá bajar un cambio y comprender que nadie lo dejará tranquilo. El primero de quienes lo incomodará hasta hacerlo derrapar, de ser posible, tiene nombre, apellido y afiches impresos circulando por allí: Néstor Kirchner.

No es difícil imaginar al ex presidente divirtiéndose al escuchar las decenas de reiteraciones radiales de esas frases que descubrieron los nervios de punta del ex corredor.

Pero lo que le pasa al precandidato es bastante más grave: perdió a su espada Roxana Latorre, una ex directora de escuela rosarina que nadie imagina en política sin él.

Esa escisión no es menor en lo simbólico, pero delata, fundamentalmente, un quiebre en la cofradía reutemmista que, hasta ahora, estaba reducida a –como le llama el periodista Reynaldo Sietecase- los mismos amigos que van a su cumpleaños e integran sus listas de candidatos.

Con el agregado de las amenazas que presumiblemente el legislador profirió contra Latorre y el pedido –autoritario y antidemocrático, por lo menos- de que no asuma la banca que acaba de ganar en las elecciones del 28 de junio. Todo, por pelearse con él.


Cuando pase el ruido de las frases altisonantes, lo que quedará es la traducción al “politiqués”, el idioma político argentino, de lo que el senador quiso realmente decir.

Mientras tanto, lo que estamos viviendo no es otra cosa –según explican los santafecinos que lo tuvieron como gobernador- que la verdadera cara de una persona que siempre fue igual y que sigue fiel al estilo con el que Carlos Menem lo tentó a sumarse a la política.

Las declaraciones de Reutemann: