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Entre el campo y el Gobierno faltó un mediador

Ambos sectores se juntaron "a hablar" sin antes haber limado las asperezas. Consecuencia número uno: no bien salieron de la reunión comenzaron a pelearse nuevamente. Un diálogo gestual que corre el riesgo de transformarse sólo en una foto. Mientras tanto, este domingo los analistas ya hablan en las principales columnas de la prensa nacional, sobre la vuelta al conflicto entre campo y Gobierno.

La presidenta Cristinas Fernandez de Kirchner decidió ponerse al frente de su gobierno, dos años después de indiciado y sólo pudo hacerlo luego del fracaso electoral de su marido, Néstor Kirchner. Hasta ahora, era él quien llevaba las riendas del gobierno. Ahora, la lucha dentro del matrimonio por liderar el país tiene a la esposa presidencial “a prueba”.

Es en este marco que hay que entender la convocatoria al diálogo y la puesta en marcha de un mecanismo que, desde los gestos, hacen que el Gobierno argentino comience a parecerse al resto de los gobiernos democráticos del mundo, tras siete años de hermetismo autorreferencial.

Pero cuando de sostener una conversación con la dirigencia ruralista se trata, no debió realizarse de una manera directa y frontal. Al menos, si lo que se pretendía es que la consecuencia inmediata del encuentro fuese el inicio den un período diferenciado de aquel de las disputas, el conflicto y hasta la agresión mutua.

En el terreno de lo gestual fue positivo: dos enemigos se encuentran después de mucho desgaste mutuo. Ambos ganan con hablar.

Lo que sucede es que terminado lo simbólico la realidad hace trizas la puesta en escena: se odian, tienen intereses económicos y políticos absolutamente contrapuestos y ambos sectores esconden sus cuitas en bajo una mesa que quedan al descubierto no bien se paran y cada uno vuelve a lo suyo.

Faltó un mediador o una instancia mediadora. Faltó la figura –ya sea personal o institucional- que limara las asperezas sectoriales antes de que el encuentro se produjera. No hubo una antesala en la que unos, los del campo, se despojaran de la bronca y los otros, los del Gobierno, articularan un grupo de ideas básicas para una política pública agropecuaria, ausente en la Argentina.

Esa instancia la tuvieron en medio de la crisis entre campo y Gobierno: fue el vicepresidente Julio Cobos. Fue así, con el aval de la Presidenta y de la dirigencia ruralista hasta que Néstor Kirchner se metió en el asunto sin tener en cuenta que lo que estaba haciendo era no sólo minar el poder simbólico de su esposa, sino la base de sustento de la institucionalidad del país.

El día del padre del año pasado, ante una realidad que superó su capacidad de maniobra,  el “mediador” pegó un portazo.

Por ello, en los diarios del domingo, y después de la apertura formal de la exposición Rural de Palermo, ambos sectores vuelven a la carga contra el otro.

Como las más viejas (y sabias) dicen, “cuando las palabras de reconcioliación no son sinceras, lo que viene después es una pelea más fuerte”.