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San Martín y la idea de un ejército que dure sólo mientras tenga una “razón de ser”

En un nuevo aniversario de la muerte del Gral. José de San Martín, recordamos el informe del militar Federico Mittelbach que pretende responder a la pregunta de si es necesario o no contar con un ejército permanente en el país.

¿Para qué sirve un ejército cuando no hay guerras? ¿Es necesario que perviva en tiempos de paz? ¿No será que se distorsionan los motivos que lo fundamentan y, por lo tanto, comienza a incursionar en cosas que no le incumben, como gobernar o promover conflictos?

Algunas respuestas a estas incógnitas las dio un militar argentino hace un par de décadas, en plena sustanciación de la democracia.

Del tema no se habló más. Pero aquí lo traemos a colación, ya que el sustento de su propuesta no está en la rebeldía antipatria, sino en su conocimiento de la vida y obra del Gral. José de San Martín.

La propuesta Mittelbach

Absolutamente en el campo opuesto a lo que el nacionalismo más recalcitrante propone, un militar, Federico Mittelbach (foto), sostuvo la teoría de que el Gral. José de San Martín no creó un ejército permanente con el que identificar a la patria por siempre, sino que fue el revés: montó las milicias para cuando hizo falta crear la patria, para que luego, cuando ya no hubiese necesidad de usarlo, no existiera más.

Dicho de otro modo, Mittelbach sostuvo que no se necesitan Fuerzas Armadas de manera permanente, sino sólo cuando hay en puerta un conflicto armado.

“Para cumplir con la razón de ser del Ejército por el creado –escribió Mittelbach en julio de 1990- San Martín apenas si necesitó 10 años: desde la creación del Regimiento de Granaderos (16 de marzo de 1812), hasta el 20 de septiembre de 1822, fecha en la cual reúne al Congreso de Lima, presenta su renuncia, se despide del pueblo peruano y se embarca para Chile en el puerto de Ancón”.

Continuó Mittelbach analizando: “Parece ser del caso preguntarse por qué (San Martín), militar desde los 12 años, no regresa a Buenos Aires para continuar la que era su profesión, convertido, a lo menos, en el jefe máximo de la institución militar de su patria. Pues no lo hace –sostuvo el autor- porque ´la razón de ser de ese ejército (la libertad americana) había concluido (en rigor, habría de finiquitarla Simón Bolivar el 11 de diciembre de 1824 en los campos de Ayacucho). Simplemente –siguió Mittelbach- ocurre que su oficio hasbía perdido esa ´razón de ser´. Desaparecidos los ´godos, ¿con quiénes ha bría de guerrear? ¿Acaso con orientales, paraguayos, altoperuanos o chilenos a quienes él llamaba ´mis paisanos´?”.

El militar Mittelbach fue hijo y nieto de militares y su único hermano, también es un hombre de las Fuerzas Armadas. “Milicos tengo en mi genealogogía criolla desde los inicios mismos de la conquista”, dijo alguna vez. Nació en el Hospital Militar y, con estos datos, refutó a todo quien intentase acusarlo de “antimilitarista”.

Saldada esta cuenta, el autor ofreció un argumento más del “ejército vigente por objetivos”, como podríamos llamar a la teoría sanmartiniana: “Adviértase –escribió Mittelbach- que en la guerra contra el Imperio del Brasil (1925-28), la primera espada argentina ofrece sus servicios a su país de origen; y que únicamente reacciona ante la agresión anglo-francesa, en prueba de lo cual dona su sable, que ´ha de acompañarlo en toda la guerra de la Independencia´, a Juan Manuel de Rosas (23 de enero de 1844), ´por la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretenciones de los extranjeros que tratan de humillarla´”.

Dicho esto, Mittelbach consideró, en dos únicos puntos –cuyo contenido resumiremos- por qué la Argentina no necesita de sus Fuerzas Armadas:

1- Las únicas FF. AA. que tuvieron auténtica “razón de ser” fueron aquellas que genéricamente constituyeron los ejércitos patrios (con la fuerza naval de Brown incluída). Ello, desde una doble perspectiva ética y política, que le daba legitimidad.

2- A despecho de la honradez con que pueden haber servido en sus filas muchos de sus integrantes, nuestras FF. AA. tienen bien poco de qué enorgullecerse desde 1826 en adelante y carecen de argumentos convincentes que justifiquen su actual existencia.

Hasta allí su propuesta para el debate. Nadie recogió el guante, en su momento. Pero hoy lo recordamos como un aporte que rompe con el molde y que, por lo tanto, puede resultar útil para repensar el país a doscientos años de su independendización.