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Como Irrigación para el agua, ¿hace falta un “gobernador” de los árboles en Mendoza?


Una nueva modalidad de delito se impone, sin que nadie sepa a ciencia cierta qué hacer: el robo de árboles.

En Mendoza se calcula que hay cerca de un millón y medio de árboles junto a las calles de las zonas urbanas. Lentamente, la cifra disminuye, sin que se aprecie un plan masivo, sistemático y palpable de preservación y reforestación.

Sigilosamente la mayoría de las veces, “de prepo” y a la vista de todos en otras, equipos completos de ladrones de árboles son capaces de sacar uno o dos en menos de una hora, desramarlos y llevarse el tronco liso al que luego veremos hecho mueble o cajón de frutas.

En ellos, ya no reconoceremos su sombra ni la frescura; los pájaros no encontrarán refugio y el aire, el purificador que tenía a cambio de tan poco: una acequia cerca o una anónima napa subterránea.

Parecerá menor, pero la modalidad se extiende en la periferia de la ciudad. Sin datos ni estadísticas que lo avalen, no hace falta ver reflejados en papeles los datos de una realidad que ocurre ante nuestros ojos.

Carriles completos de la zona Este de la provincia ven raleada su arboleda, pero también lo son callejones internos del Gran Mendoza, en donde los pocos permiten que las ganancias sean muchas.

Un caso del que hay testimonio da cuenta de la anarquía bajo la que se gobierna la vegetación de este desierto al que llamamos Mendoza.

Sucedió en la zona de El Bermejo y despertó sospechas por la hora: fue a las 14.30 de un día de semana cuando el ruido de las sierras ocupó el aire en una zona tranquila y silenciosa. Cuando los vecinos asomaron, una cuadrilla en un camión municipal con la identificación tapada se estaba llevando un pino que había volteado el viento en la plaza…y los otros tres que lo acompañaban, también.

En estas situaciones no hay a quién recurrir. Si lo hay, en todo caso, ellos mismos no lo saben. No entienden cómo hay que actuar. La policía deriva a Recursos Naturales y ésta oficina, a los municipios. En los municipios proponen una recorrida inversa de llamadas.

Las diferencias de criterios entre municipios y la Provincia en este tema hacen que una demora en la toma de decisiones resulte fatal para el arbolado público.

Mientras se debate quién debe actuar y cuándo, o se discuten leyes durante años que tardarán otros años en ser reglamentadas, no hay quien gobierne el bosque artificial urbano.

¿Habrá que crear un ente nuevo y poderoso que lo haga, antes de que volvamos a vivir sobre piedras crudas?

Está abierto el debate.