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Se discute bajo qué advocación se manifestará Duhalde a sus fieles en 2011

¿Quién será "Duhalde" durante los cuatro años posteriores a las elecciones presidenciales de 2011? Referente en las sombras de la reconstrucción del peronismo en dispersión, el bonaerense está en boca de todos y todos quieren ser parte de su verbo. Aquellos que lo negaron ahora vuelven a mencionarlo y sus oficinas, revientan de gente.

Hay mucho “run run” en las oficinas del Movimiento Productivo Argentino, el búnker duhaldista en el que confluyen los más íntimos, pero también aquellos que, satelitalmente -y no necesariamente desde la política- reverencian a su líder.

Así lo indican los que ya le han tomado el pulso a esa verdadera catedral de poder antes y lo hacen nuevamente ahora. A diferencia de los últimos seis años en que, circunspectos, los acólitos se reunían allí para escuchar uno u otro sermón, ahora el trajinar es intenso.

Acostumbrados a recibir a numerosos ex gobernadores, los mirones dicen que ya se sabe de mandatarios en ejercicio que, o se han convertido o bien han retornado a la fe duhaldista.

Tras el armagedón electoral del kirchnerismo, el búnker irradia mística, como en los viejos tiempos.

Se sabe que Daniel Scioli, el más fiel de los infieles, aquel que se niega a pensar igual pero, así y todo, hace como si lo hiciera, es uno de los que recurre en la búsqueda de consuelo y consejo.

Si la fe es capaz de mover montañas, según la Biblia, ¿cómo no va a poder unir al peronismo en esta etapa tan crucial?

Pero no es el único. Ni son todos peronistas en esta procesión.

Aunque las negaciones han marcado la historia de la humanidad, sobre todo cuando alguna circunstancia, algún personaje o la pura casualidad dejaron a los negadores en offside, su vigencia es efectiva, pero también, brevemente efervescente.

“Tal no habla con Duhalde”, “cual, se niega a hablar con Duhalde”, repiten voceros –designados o espontáneos- de la política argentina. Desde el búnker – catedral responden como saben sólo los que realmente saben que hay que responder: una sonrisa Monalisa, las manos entrelazadas sobre el pecho y una mirada optimista y consoladora; y, por supuesto, sin palabras.

Un ejemplo: Cobos no habla con Duhalde, sino que los cobistas hablan con los duhaldistas. Que es, en definitiva, lo mismo, aunque no tan impactante como si ambos se vieran  a los ojos.

Hablar con todos es uno de los secretos revelados.

A diferencia del efímero kirchnerismo que elige con quién hablar y decide a quién enviar a la hoguera, el duhaldismo siempre se mostró dispuesto a escuchar. Y se sabe: los secretos de confesionario son los que han construido algunos de los imperios más poderosos de la Tierra.

En el poder de la palabra radica uno de los mandamientos del “nuevo poder místico” que se construye desde el peronismo bonaerense, para todo el país: sentirlo presente, sin necesidad de verlo; saberlo cerca, sin pedirle que imponga sus manos; considerarlo un buen futuro, aun sin haber sido marcado con alguna de sus promesas.

Aunque no lo veamos, Duhalde, El Señor de la Política, está.

Lo que queda en debate es quién será el camarlengo: se manifestará a sus seguidores en 2011 bajo la advocación de Macri, Reutemann, Solá, Das Neves; si por obra de un milagro, De Narváez logra sortear el impedimento de su origen para ser Duhalde por cuatro años. E, inclusive, se debate si se podrán conjurar los demonios a fin de que reencarne su poder territorial, empresarial, productivo y, por supuesto, político, en un hombre que, se sabe, es ajeno a su fe: Julio Cobos.