Visita de Cazabán a la Legislatura: la tardía búsqueda del consenso
Y un día Alejandro Cazabán abandonó su trono y bajó al llano.
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“Estamos mal”, se sinceró en el comienzo del encuentro. “Vengo a escuchar las críticas que tienen para hacerme y también sus aportes”, agregó.
Uno a uno los diputados del bloque justicialista, que tuvo asistencia perfecta, fueron dándole al secretario sus visiones. Quizás sorprendidos por una visita que representaba un gesto que Cazabán nunca tuvo con “sus” legisladores, a nadie se le escaparon los gritos destemplados y las críticas ácidas que hacen sobre el Chiqui cuando hablan entre sí o con los periodistas, en off the record.
Eso sí, casi de manera generalizada, le reclamaron más diálogo al Poder Ejecutivo. Que los tengan en cuenta para las decisiones importantes. “Que Jaque deje de ningunearnos”, según sintetizó crudamente uno de los diputados que participó del encuentro.
"Ninguneo" dicen sentir los diputados del PJ desde hace mucho tiempo, en los gestos más pequeños, así como en los más importantes y trascendentes. Fría es la letra de los proyectos que llegan a la Casa de las Leyes, dicen. Los legisladores quieren que el gobernador los tenga en cuenta a la hora de la redacción de los proyectos, para que, así, sea más fácil defenderlos en el recinto.
Pero quizás el ejemplo más cabal de "ninguneo" sea el silencio posterior a la derrota electoral de 28 de junio, donde ningún dirigente ajeno al círculo íntimo de confianza del gobernador tuvo información de los cambios de funcionarios ni de medidas de alto impacto, como la intervención de Obras Sanitarias Mendoza. Apenas un par de reuniones hubo entre el gobernador y su tropa legislativa desde entonces, y en ninguna de ellas se tocó con sinceridad el triste resultado de las elecciones.
Le recordaron los diputados al secretario Cazabán que no son mayoría en la Legislatura, ni mucho menos, y que cada ley la tienen que "sudar" para que salga. Un trabajo sucio que casi nunca tiene reconocimientos o palmadas en la espalda del jefe del Poder Ejecutivo.
El supremo secretario de Jaque bajo al llano para escuchar este tipo de reproches de los diputados peronistas tras mantener una reunión (parecida, pero no igual, porque fue en la Casa de Gobierno) con el bloque de senadores oficialistas. La gran pregunta que se hacían los legisladores esta noche era: ¿Por qué esperó 50 días el Gobierno para tener un gesto que le pedían a gritos desde el lunes 29 de junio?
Nadie supo cómo responder esta pregunta. La más probable teoría dice que el Ejecutivo ha hecho un tardío reconocimiento de la debilidad de la gestión, al extremo que siente que no puede subsistir sin el consentimiento de la totalidad de sus legisladores.
Y es que las cosas "están mal", como reconoció el Chiqui. El Ejecutivo está plagado de rumores tremendistas y cortocircuitos internos. Es un gobierno en el que Jaque pierde los estribos con facilidad, al extremo de mandar a los ministros a no hablar "pelotudeces" con los periodistas. Es un gobierno donde corren como veneno los rumores más drásticos, como ese que dice que Jaque se estaría por tomar una licencia para abandonar el poder, sin que nadie se ocupe de deternerlos.
Cazabán no dejó el cuarto piso de la Legislatura (curioso el piso elegido, ya que es el mismo que ocupa en el edificio de Gobierno) sin prometer antes que repetirá este tipo de encuentros.
Pero, a pesar del compromiso, los diputados peronistas se quedaron con una duda inmensa hacia el futuro: "Cazabán se llevó un buen diagnóstico del estado de las cosas y de lo que pensamos nosotros, ¿pero que hará con eso el Gobierno?", se preguntaba esta noche uno de ellos.