Pese al maquillaje, la obediencia debida seguirá rigiendo al INDEC
Mientras se pretende disimular la influencia de Guillermo Moreno y la impronta de Néstor Kirchner, toda la oposición habla de "cambios para que nada cambie".
Maquillaje, medidas superficiales, retoques leves, falta de voluntad política; éstas son algunas de las calificaciones que han obtenido las recientes medidas anunciadas por el gobierno de Cristina Fernández sobre el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC).
Tras la salida de Carlos Fernández del ministerio de Economía y la llegada de Amado Boudou, se especuló también que el INDEC podría ser aggiornado en sintonía con el reclamo de todo el arco opositor, pero en particular como un gesto de comprensión política tras el resultado electoral del 28 de junio.
En realidad, y por su peso simbólico como el organismo encargado de las mediciones oficiales con las que no sólo se cuantifica la inflación a través del Índice de Precios al Consumidor (IPC), sino que con su información también da sustento a cualquier política pública, lo que se reclama respecto del INDEC es algo más.
Específicamente, un cambio de políticas que transparenten el accionar, la metodología de medición y la difusión de datos para que éstos dejen de usarse como variable política según el deseo y la necesidad del gobierno. Esta alteración, sustentada desde una intervención y a la que muchos no dudan en llamar manipulación, está orquestada por el secretario de Comercio Guillermo Moreno, un incondicional de Néstor Kirchner y principal brazo ejecutor de sus designios intervencionistas.
Esta semana, y en paralelo al diálogo político, al menos la Casa Rosada reconoció que el INDEC es un problema. Se cambió el organigrama del ministerio de Economía, se creó la figura del director técnico y la formación de un consejo académico con especialistas provenientes de universidades públicas (que revisará la metodología del IPC). Además, se ha previsto un consejo que contemplará el punto de vista de los usuarios.
Sin embargo, lo que desató otra vez el descreimiento y una nueva andanada de críticas opositoras fue la designación de Norberto Itzcovich como el director técnico del INDEC. Se trata un funcionario vinculado al organismo desde 1992, pero que –como no podía ser de otra manera- responde a quien ahora se pretende hacer aparecer como “desplazado” o “debilitado” por las modificaciones: sí, Guillermo Moreno. Una referencia que sirve como índice del crecimiento maratónico de Itzcovich lo da el hecho de que la semana pasada había sido designado director nacional de Estadísticas y Precios de la Producción y el Comercio. Siete días después, le llegó un nuevo ascenso: hacerse cargo del INDEC.
Frente a esto, el común denominador de cualquier análisis da cuenta de una ratificación de los modos y las formas, una profundización de la intervención, una construcción de una nueva estructura que finalmente sigue siendo la misma. Ni siquiera la presencia de un comité de expertos o la opinión de los usuarios parece ser capaz de rebatir el verticalismo, la arbitrariedad y el autoritarismo con que el organismo se ha manejado en la era K.
La oposición ha estimado (y en esto hay que permitirle el ejercicio de la duda) que los anuncios son cambios para que nada cambie, pues en el fondo, el ejercicio del poder (y por ende la orientación de sus políticas) sigue siendo el mismo. Es el que traza la línea que une a Néstor Kirchner con Guillermo Moreno y que ahora se ejecutará a través de Itzcovich. No aparece en el oficialismo la suficiente voluntad de cambio como para revertir lo hecho hasta el momento.
“Hay que volver al INDEC de antes, es imprescindible darle más autonomía y transparencia, aplicar metodologías con rigor científico, que reflejen la verdadera realidad nacional y no un imaginario de números dibujados por quien esté a cargo", expresó el diputado nacional mendocino Enrique Thomas, aliado de Julio Cobos y presidente del Bloque Unión Peronista. “Se logrará esto si se va Guillermo Moreno y su gente, si vuelven al Instituto todos los funcionarios de excelente nivel académico que echaron”, razonó el legislador.
Por su parte, Gerardo Morales, presidente de la UCR dijo que esta movida dejó en claro que Moreno tiene más poder que el ministro Boudou; mientras que Francisco De Narváez hizo hincapié en la nueva oportunidad perdida por el gobierno. Eduardo Macaluse apuntó a Itzcovich al mencionarlo como co-responsable de todo lo que ha venido sucediendo en el INDEC, en especial de “las manipulaciones”.
Incluso, el ex jefe de Gabinete kirchnerista Alberto Fernández dijo que los cambios son “insuficientes” y que la continuidad de Moreno es “una mala señal”.Mientras tanto, empelados y técnicos separados durante este tiempo estiman ante los medios que las medidas apuntan a “diluir” la revisión de las cifras. Como puede apreciarse, un amplio espectro de dirigentes ya considera que la decisión oficial más que una solución es una reconfirmación del error, aunque por otra vía.
Sólo el economista y ex presidente del Banco Central, Mario Blejer dio una señal de esperanza al considerar que “si los comités propuestos funcionan bien, puede ser una ocasión para recuperar la confianza perdida”. Para eso indicó que sus miembros deben ser “independientes”, algo que de ninguna manera parece estar garantizado en el impredecible universo de los K. Mucho menos, según ha quedado debidamente explicitado durante este tiempo, con una herramienta que debería ser esencial para el funcionamiento de un Estado democrático pero que sin embargo se maneja con la lógica de la obediencia debida.
Sin embargo, lo que desató otra vez el descreimiento y una nueva andanada de críticas opositoras fue la designación de Norberto Itzcovich como el director técnico del INDEC. Se trata un funcionario vinculado al organismo desde 1992, pero que –como no podía ser de otra manera- responde a quien ahora se pretende hacer aparecer como “desplazado” o “debilitado” por las modificaciones: sí, Guillermo Moreno. Una referencia que sirve como índice del crecimiento maratónico de Itzcovich lo da el hecho de que la semana pasada había sido designado director nacional de Estadísticas y Precios de la Producción y el Comercio. Siete días después, le llegó un nuevo ascenso: hacerse cargo del INDEC.
Frente a esto, el común denominador de cualquier análisis da cuenta de una ratificación de los modos y las formas, una profundización de la intervención, una construcción de una nueva estructura que finalmente sigue siendo la misma. Ni siquiera la presencia de un comité de expertos o la opinión de los usuarios parece ser capaz de rebatir el verticalismo, la arbitrariedad y el autoritarismo con que el organismo se ha manejado en la era K.
La oposición ha estimado (y en esto hay que permitirle el ejercicio de la duda) que los anuncios son cambios para que nada cambie, pues en el fondo, el ejercicio del poder (y por ende la orientación de sus políticas) sigue siendo el mismo. Es el que traza la línea que une a Néstor Kirchner con Guillermo Moreno y que ahora se ejecutará a través de Itzcovich. No aparece en el oficialismo la suficiente voluntad de cambio como para revertir lo hecho hasta el momento.
“Hay que volver al INDEC de antes, es imprescindible darle más autonomía y transparencia, aplicar metodologías con rigor científico, que reflejen la verdadera realidad nacional y no un imaginario de números dibujados por quien esté a cargo", expresó el diputado nacional mendocino Enrique Thomas, aliado de Julio Cobos y presidente del Bloque Unión Peronista. “Se logrará esto si se va Guillermo Moreno y su gente, si vuelven al Instituto todos los funcionarios de excelente nivel académico que echaron”, razonó el legislador.
Por su parte, Gerardo Morales, presidente de la UCR dijo que esta movida dejó en claro que Moreno tiene más poder que el ministro Boudou; mientras que Francisco De Narváez hizo hincapié en la nueva oportunidad perdida por el gobierno. Eduardo Macaluse apuntó a Itzcovich al mencionarlo como co-responsable de todo lo que ha venido sucediendo en el INDEC, en especial de “las manipulaciones”.
Incluso, el ex jefe de Gabinete kirchnerista Alberto Fernández dijo que los cambios son “insuficientes” y que la continuidad de Moreno es “una mala señal”.Mientras tanto, empelados y técnicos separados durante este tiempo estiman ante los medios que las medidas apuntan a “diluir” la revisión de las cifras. Como puede apreciarse, un amplio espectro de dirigentes ya considera que la decisión oficial más que una solución es una reconfirmación del error, aunque por otra vía.
Sólo el economista y ex presidente del Banco Central, Mario Blejer dio una señal de esperanza al considerar que “si los comités propuestos funcionan bien, puede ser una ocasión para recuperar la confianza perdida”. Para eso indicó que sus miembros deben ser “independientes”, algo que de ninguna manera parece estar garantizado en el impredecible universo de los K. Mucho menos, según ha quedado debidamente explicitado durante este tiempo, con una herramienta que debería ser esencial para el funcionamiento de un Estado democrático pero que sin embargo se maneja con la lógica de la obediencia debida.

