Una mala suma: medidas improvisadas + jueza imprudente + intereses económicos
Como si la falta de preparación del gobierno para enfrentar la pandemia de Gripe A no alcanzara, ahora apareció una jueza civil que, efectivamente, hizo gala de sus conocimiento legales, pero mostró poco sentido común. Entre ellos, empresarios que sólo piensan en no perder más dinero, sin importar a qué costo.
Hasta cierto punto, la resolución de la jueza civil Fabiana Martinelli puede resultar imprudente. Es un fallo que, analizado a partir de la simpleza, prioriza derechos constitucionales que, dentro del contexto de una pandemia, parecen ir en contra de la emergencia sanitaria decretada por el gobierno provincial.
¿Pero es así? ¿Puede una jueza estar tan equivocada e ir a contramano de una serie de medidas de prevención?
Para ser juez, además de ajustarse a derecho y tener un conocimiento fehaciente de las leyes, es fundamental contar con dos atributos que en nuestra sociedad, y sobre todo en los estratos gubernamentales, no abundan: ser prudente y tener sentido común.
Cuando Martinelli hizo lugar a los dos recursos de amparo presentados por los dueños de un pelotero y de un boliche, convirtió en legal un reclamo producto de la poca preparación que, para estos temas, mostró el Poder Ejecutivo de la provincia.
Para ser más un poco más claro: nadie del gobierno supo tomar las riendas del asunto. Dispararon una serie de medidas que, según escucharon, habían tomado en otras provincias. Pero no le dieron el marco regulatorio necesario.
Ahora, la consecuencia de una ecuación nefasta: un gobierno que toma decisiones improvisadas + una jueza que dice ajustarse a derecho, pero que poco interpretación hizo del tiempo y el espacio + los intereses de empresarios que no asumen la responsabilidad social.
Se prohibieron las fiestas en boliches y el funcionamiento de los peloteros. Sin embargo, nadie ejerció el poder de policía que debería tener el Estado para controlar que esta disposición se cumpliera.
No sólo eso, sino que se permitió el funcionamiento de otros sitios de esparcimiento, en una decisión de neto corte discriminatorio, y sin –una vez más- un control estatal para establecer si las condiciones impuestas se cumplían.
Entonces, los bares se convirtieron en boliches y los pubs se convirtieron en boliches. Y los boliches, cerrados.
Los supermercados funcionaron con las colas atestadas de gente y las guarderías abrieron sin que desde los municipios tomaran alguna postura. Y los boliches, cerrados.
La conciencia social y la solidaridad, al menos en Argentina, son conductas que emergen con la misma emoción con que se canta el himno, pero que se desvanecen apenas el bolsillo emite los primeros gemidos.
Los bolicheros no escucharon solamente sus gemidos; también oyeron el brindis de sus desleales competidores, quienes, amparados en una decisión espasmódica e improvisada, tomaron la Gripe A como la oportunidad comercial que esperaban.
Ahora, la consecuencia de una ecuación nefasta: un gobierno que toma decisiones improvisadas + una jueza que dice ajustarse a derecho, pero que poco interpretación hizo del tiempo y el espacio + los intereses de empresarios que no asumen la responsabilidad social.
Se prohibieron las fiestas en boliches y el funcionamiento de los peloteros. Sin embargo, nadie ejerció el poder de policía que debería tener el Estado para controlar que esta disposición se cumpliera.
No sólo eso, sino que se permitió el funcionamiento de otros sitios de esparcimiento, en una decisión de neto corte discriminatorio, y sin –una vez más- un control estatal para establecer si las condiciones impuestas se cumplían.
Entonces, los bares se convirtieron en boliches y los pubs se convirtieron en boliches. Y los boliches, cerrados.
Los supermercados funcionaron con las colas atestadas de gente y las guarderías abrieron sin que desde los municipios tomaran alguna postura. Y los boliches, cerrados.
La conciencia social y la solidaridad, al menos en Argentina, son conductas que emergen con la misma emoción con que se canta el himno, pero que se desvanecen apenas el bolsillo emite los primeros gemidos.
Los bolicheros no escucharon solamente sus gemidos; también oyeron el brindis de sus desleales competidores, quienes, amparados en una decisión espasmódica e improvisada, tomaron la Gripe A como la oportunidad comercial que esperaban.

