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Demasiado tarde, el gobernador entregó dos ministros gastados

En una nueva muestra del particular manejo de los tiempos, el gobierno decidió la salida de Iris Lima y Guillermo Migliozzi. Se trata de cambios insuficientes que pretenden responder al presente, en especial a la derrota electoral, pero que no hacen más que remitir al pasado. ¿Con esto alcanza para seguir adelante? ¿Habrá una autocrítica por estas designaciones que poco y nada le aportaron a Mendoza?

Finalmente, el gobierno deslizó dos modificaciones en el gabinete. Fue a través de una versión oficiosa de su ministro de Gobierno Mario Adaro, quien por teléfono confirmó las salidas de Iris Lima en la Dirección General de Escuelas y de Guillermo Migliozzi en Producción. Una movida sobre la que minutos antes los propios intendentes del PJ se habían enterado mediante ¡¡mensajes de texto!!

Si bien hasta el momento no hay un anuncio oficial, ni mucho menos una expresión del gobernador, los cambios se toman como “oficiales” en el particular estilo que la administración de Celso Jaque ha tenido para con el manejo de la cosa pública; en especial de lo que constituye una obligación constitucional: la difusión de los actos de gobierno. Aspecto éste en el que deja mucho que desear; por más que no sea el único, ni el más importante.

Sin embargo, los cambios confirmados resultan a todas luces insuficientes, en particular si se considera las dificultades de la gestión, la catastrófica derrota sufrida en las elecciones del 28 de junio y el grado de nerviosismo que esto produjo en el oficialismo. Siempre según especulaciones, el gobernador introduciría otros cambios a futuro, pero ello dependerá tanto de su propio humor como de variables externas, particularmente de la crisis generada por la irrupción de la Gripe A.

Más allá de eso, el reemplazo de Lima y Migliozzi más que responder a la reflexión producto de las paupérrima perfomance del PJ en los comicios, aparece como el resultado de un viejo déficit que en ambas áreas el gobierno tenía. Desde hace un año las voces críticas dentro y fuera del gobierno venían pidiendo las cabezas de ambos.

Durante todo este tiempo, la continuidad en sus cargos fue producto del capricho del gobernador más que de una ratificación de sus acciones. Sin políticas, ni avales, lo de los ahora ex ministros fue sólo aguantar hasta donde diera el cuero. Por eso, su salida no reviste ninguna sorpresa, y en todo caso es una muestra más de lo extemporáneo que caracteriza las decisiones de Jaque.

Sería un error creer que con estas modificaciones el gobierno está escuchando “el mensaje de las urnas”. Con estos cambios simplemente se está corrigiendo lo que se debería haber corregido hace un año, cuando muchos intendentes, legisladores y mendocinos de pie (principalmente, maestros y productores) exigían tanto la salida de Lima y de Migliozzi. ¿O cómo olvidar las modificaciones producidas en el ámbito escolar y que muchos docentes consideraban como conquistas profesionales? ¿Cómo no recordar en esta ocasión los dichos de Migliozzi en ocasión de la catástrofe que produjo el granizo? Sólo un par de ejemplos de la desconexión con la realidad con la Jaque gobierna.

Es de esperar que además de confirmar estas salidas, el gobernador asuma el error de sus designaciones, pues más allá de la suerte de su gobierno, o de los aciertos o desaciertos, las gestiones individuales de quienes hoy se están yendo del gobierno no han hecho aportes significativos a la provincia. Y en esto el único responsable es Celso Jaque.

Para sus reemplazos se ha propuesto a Raúl Mercau, un profesional respetado en el ambiente económico, con experiencia docente internacional y que todo el mundo descuenta que hará una mejor gestión que Migliozzi. En especial por su predisposición al diálogo para enfrentar una coyuntura que se avecina como compleja. En la DGE, y si logra superar el necesario aval legislativo, llegará Carlos López Puelles, un funcionario sobre quien se desconocen sus antecedentes vinculados a la educación; incluso su nombre habría surgido tras la negativa de Guillermo Carmona a ocupar ese lugar.

En la tarea de revalorizar el rol del Estado también debe incluirse, principalmente, las capacidades de quienes asumen cargos públicos. En especial de aquellos que tienen altas responsabilidades de conducción, tales como un ministro. La política, y especialmente el gobierno de Celso Jaque, debe ser capaz no sólo de recuperar la confianza perdida, sino de contar con colaboradores calificados técnica y políticamente. La improvisación, otro aspecto recurrente de la gestión, siempre resulta ineficiente: en especial cuando las decisiones, además, se demoran hasta el límite de la exasperación.