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Quítenle el control remoto a la Presidenta

Habló Cristina Fernández e intentó convencer a todos el mundo de algo increíble: sacó un montón de cuentas para explicar que el domingo, en realidad, no fue derrotada. El zapping político de la mandataria. Votá en la encuesta interior.

Distraída con las cifras, miró para atrás y le preguntó a su ministro del Interior por cuántos puntos había perdido las elecciones su marido. “Vendió”, como si fuese algo que hay que agradecerle, que “las elecciones fueron transparentes”. Trató de aparecer tranquila y con todo bajo control, pero trastabilló una vez, otra más y dos o tres veces más al leer la planilla de resultados que le habían impreso, confundiendo resultados y partidos a los que le iba adjudicando las cifras. Metió a Sabattella con  el frente “Es Posible” de los Rodríguez Saá, por ejemplo.

La señora Presidenta hizo zapping político y eligió la realidad que más le gusta ver. Evitó concentrarse en la profundidad del mensaje electoral, adverso, triste para sus sueños y propósitos, delator de su soledad dentro de la Rosada y, ahora, fuera de ella también.

Tomó agua, se tocó por enésima vez el jopo, nerviosa y aceptó las preguntas: tan sólo una por cada tipo de medio presente. Rió, entre socarrona y despechada cuando le tocó preguntar al periodista del Grupo Clarín o al del canal América. Todos “enemigos” del gobierno, por hache o por be. Enemigos por todas partes.

Zapping, nuevamente; y lectura rápida de las “letras de molde” que tanto lee con dolor, masoquista, para volver a contestar a cada columna y columnista que osó criticarla, como si con eso pudiera exorcisar el dictamen popular. O justificar la propia derrota echándole la culpa a otros, a la prensa, a los dueños de los medios y, finalmente, a la gente que –siguiendo su teoría- les hace caso a esos medios, periodistas o a esos dueños de medios.

Frente a todas las cámaras y micrófonos disponibles para relanzar su gestión (ahora sí con ella como figura principal), la presidenta de la Nación desperdició la oportunidad histórica.

A la hora del balance del duro traspié sufrido por su partido utilizó el atril para intentar convencer a los argentinos y a las argentinas de que, en realidad, había ganado.

Pero hagamos zapping nosotros sobre lo que dijo y lo que no dijo la mandataria, ayer:

• No dijo. ¿No era que todo se iba al demonio si su marido perdía? Cristina Fernández no explicó el por qué de la tranquilidad y normalidad nacional del día después y mucho menos, todos los porqués de aquellas mentiras discursivas de la campaña electoral con las que se pretendió infundir pánico y condicionar el voto.

• Dijo. Se olvidó de felicitar al electorado y, aunque tibiamente descolgó un saludo para los que se impusieron, prefirió continuar con el cultivo del ego propio –olvidando el mal fruto que esa faena le trajo ayer nomás- al felicitar a su propio gobierno por la normalidad con la que se desarrollaron los comicios.

• No dijo. Con Néstor Kirchner y el hasta el domingo implacable y demoledor aparato del PJ bonaerense derrotado, la Presidenta pudo replantear su gobierno, dando aviso de retorno al mensaje de las urnas. Pudo haberse “sacado de encima” a su marido, de presencia perniciosa en su gobierno, hasta ahora, replanteando un gabinete que baila a su alrededor, pero que recibe instrucciones desde otro lado. No lo hizo.

• Dijo. Leyó un montón de cuentas que, según lo que podía percibirse en el ambiente, le habían escrito sus ministros Randazzo y Massa, con la idea de convencer de que había ganado una urna en Necochea o las elecciones en Perico. Error: la manipulación, la soberbia, la falta de contacto con la “realidad real” ya fueron castigados por la sociedad con suficiente contundencia.

Zapping presidencial, nuevamente y con frenesí.

Pero la realidad no es un reality. Y no se cambia por capricho.

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