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Pese a las embestidas, Jaque se resiste a entregar a Cazabán
La salida del secretario general de la Gobernación la pide la oposición, pero también algunos intendentes del PJ. El gobernador intenta negociar para no perder a su alfil, incluso a riesgo de hacer cirugía mayor en el resto del gabinete. Las dudas y las pulseadas que se debaten puertas adentro del oficialismo.
El panorama interno tras la derrota del PJ en las elecciones del último domingo parece haber desatado un clima deliberativo pocas veces visto en el último tiempo. Son demasiadas las especulaciones y tremendo el escenario de orfandad que el oficialismo exhibe.
Esto, ha sido reforzado además por el impasse que el gobernador Celso Jaque determinó como “período de reflexión” en el que advirtió que escucharía el mensaje de las urnas. Pero lo cierto es que hasta el momento, sólo ha escuchado a sus ministros e intendentes, en reuniones distintas que apuntan a evitar la carnicería que supondría en estas condiciones hacer un encuentro multitudinario.
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El grado de fragmentación y los reclamos de los diversos sectores sólo parecen tener un común denominador que los encauza: la cabeza del secretario general de la Gobernación Alejandro Cazabán. Sobre su figura confluyen las críticas de la oposición y también la de los grupos internos del peronismo que nunca lo quisieron y los que han sumado su encono recientemente.
La expresión más clara la han portado los intendentes, pues ven en Cazabán al autor ideológico del modo de construcción y conducción con el que Celso Jaque se ha manejado desde su asunción. Además, le achacan haber interferido en la campaña con una estrategia de desgaste hacia la oposición que se conoció como la “campaña sucia”.
Por el momento, el gobernador se resiste a la idea de entregar a su funcionario más polémico y hasta pretendería sí acceder a pedir la renuncia a los dos o tres ministros más cuestionados, entre los que se encuentran Iris Lima, Guillermo Migliozzi y Sergio Saracco. Con ello, Jaque cree que puede capear el vendaval, aunque el grado de tensión exija más cambios drásticos.
Sin embargo, los jefes comunales también están divididos. Si bien todos se sienten perdedores luego del domingo, algunos se creen con mayores atribuciones. Todos quieren influir con gente propia en un nuevo gabinete, aunque los que responden al sector azul (Bermejo, el más emblemático) pretendería cambiar nombres pero seguir adelante de la misma manera. En cambio, los que responden al denominado “eje peronista” (Abraham, Félix) creen que es momento de cambiar nombres, pero también cambiar políticas.
El problema, cuentan los conocedores de la interna gubernamental, es que no se advierte en el gobernador una decisión de fondo respecto a lo que hoy es un modelo político que fracasó. Un modelo basado en el reparto de poder interno y en la alianza con corporaciones como la Iglesia y sectores empresariales bien definidos.
En tal escenario, donde reina el mutismo y la confusión, hasta se ha pedido consejo a los ex gobernadores justicialistas para den su parecer sobre este momento tan especial de la administración de Jaque. El 50% que obtuvo el Frente Cívico Federal ha puesto en crisis todos los esquemas, y como se dijo, es hasta cuestionador del armado político que da sustento al gobierno.
Básicamente, los mejores consejos apuntan a cambiar el eje, abriendo el juego en serio a sectores de la producción, el mundo académico, la cultura, las pymes, con la posibilidad incluso de ofrecer espacios concretos de poder. En paralelo, superar el clima de profundo internismo que hoy se vive y concentrarse en la gestión municipal y provincial.
Frente a esto, hay dos inconvenientes. El único intendente de peso que se puede mostrar ganador es el sanrafaelino Omar Félix, pero se sabe que sus principales sostenes son Omar Álvarez y José Luis Manzano, justamente representantes de uno de los sectores que más predicamento ha tenido en el gobierno y que algunos dirigentes quieren ahora neutralizar.
El otro, que el propio Cazabán tampoco parece muy proclive a facilitar su salida. En off algunos dirigentes creen que debería renunciar para no poner al gobernador en semejante brete. Pero lo cierto es que se mantiene en su lugar y no son pocos los que imaginan (como mal menor) un futuro sitio en otro espacio del gobierno –tal vez como asesor más o menos expuesto-; incluso, hasta no descartan el Poder Judicial.
Mientras las reuniones se multiplican y la rosca se profundiza, los mendocinos siguen esperando un cambio de actitud del gobierno al que se le realizó un profundo llamado de atención. ¿Tendrá Jaque una respuesta rápida, sólida y a mano para semejante desafío?
Sin embargo, los jefes comunales también están divididos. Si bien todos se sienten perdedores luego del domingo, algunos se creen con mayores atribuciones. Todos quieren influir con gente propia en un nuevo gabinete, aunque los que responden al sector azul (Bermejo, el más emblemático) pretendería cambiar nombres pero seguir adelante de la misma manera. En cambio, los que responden al denominado “eje peronista” (Abraham, Félix) creen que es momento de cambiar nombres, pero también cambiar políticas.
El problema, cuentan los conocedores de la interna gubernamental, es que no se advierte en el gobernador una decisión de fondo respecto a lo que hoy es un modelo político que fracasó. Un modelo basado en el reparto de poder interno y en la alianza con corporaciones como la Iglesia y sectores empresariales bien definidos.
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El otro, que el propio Cazabán tampoco parece muy proclive a facilitar su salida. En off algunos dirigentes creen que debería renunciar para no poner al gobernador en semejante brete. Pero lo cierto es que se mantiene en su lugar y no son pocos los que imaginan (como mal menor) un futuro sitio en otro espacio del gobierno –tal vez como asesor más o menos expuesto-; incluso, hasta no descartan el Poder Judicial.
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