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Néstor y Cristina no entendieron nada

Tras el duro golpe electoral, el matrimonio presidencial no dio muestras de haber comprendido porqué 7 de cada 10 argentinos eligieron opciones opositoras. Por el contrario, reforzaron ciertos modos y algunos gestos que los hicieron perder credibilidad rotunda y tal vez, indefectiblemente.
El matrimonio presidencial le dio la espalda al sentido del voto del domingo.
El matrimonio presidencial le dio la espalda al sentido del voto del domingo.
Néstor y Cristina Kirchner mostraron con sus actitudes públicas, las razones por las cuales sufrieron la mayor derrota política desde sus inicios en la vida pública. Con pocas horas de diferencia, primero el ex presidente y luego la presidenta (lo que también deja a las claras cuál es el orden de prelación en la toma de decisiones) establecieron sus puntos de vista sobre lo que dejó la elección del domingo. Ambos, unidos por una llamativa desconexión de lo que a todas luces surge del resultado del comicio.

Néstor Kirchner no sólo usó la estructura oficial (residencia de Olivos y la agencia Télam) para hacer un anuncio partidario, lo cual en el caso de un ex presidente aparece como un doble exceso, sino que en ese mismo acto, se puso por encima de la voluntad de los bonaerenses que eligieron a Daniel Scioli y Alberto Balestrini y les ordenó no asumir sus flamantes cargos obtenidos por el voto popular.

De un plumazo, confirmó todas las prevenciones y advertencias sobre las candidaturas testimoniales, burlando -a menos de 24 horas- el sentido del voto de todos aquellos que eligieron en la Provincia de Buenos Aires al Frente para la Victoria. El supuesto acto de renunciamiento, tampoco fue bien recibido por los principales referentes bonaereneses, quienes en todo caso, reclamaban previo a su determinación una discusión y un debate sobre las razones de la derrota.

Claro está, esto no entra en la concepción política del kirchnerismo, que también le había impuesto a más de cuarenta intendentes y al propio jefe de Gabiente Sergio Massa, que “defendieran el modelo”; es decir, que fueran candidatos y que por ende, pusieran en riesgo la institucionalidad, al dejar –como hoy ha quedado Scioli- debilitado al haberse expuesto a una elección que finalmente perdió cuando aún le resta más de dos años de mandato como gobernador.

Por su parte, Cristina Kirchner en una poco habitual instancia de conferencia de prensa intentó dar la versión oficial sobre la interpretación de la derrota. Nunca lo logró. Aunque tal vez haya que decir que tampoco nunca lo intentó. Sólo se limitó a mostrar que Mauricio Macri había ganado por un porcentaje mucho menor que en el 2007 (aunque nunca aclaró que el 60% al que hacía referencia constantemente la presidenta correspondía a una segunda vuelta…); a intentar elogiar la elección de Pino Solanas y Martín Sabatella (a quienes ven como posibles aliados legislativos) y dar algunas lecciones de periodismo (pues, al fin de cuentas, la culpa de la derrota seguramente es de los medios).

Fuera de eso, desmintió manejos políticos en el INDEC, retó en público a Massa en un paso de comedia casi para Tinelli, se solidarizó con la situación del destituido presidente de Honduras e intentó tranquilizar a la ciudadanía por el impacto de la gripe A. Claro, sus palabras no pueden ponerse en consideración, cuando en paralelo se niega la realidad socioeconómica y se pretende validar las decisiones sanitarias que suponen una grave pandemia.

Tanto Néstor como Cristina perdieron una inmejorable ocasión para tras el sacudón electoral, intentar recuperar algo del afecto perdido. Lejos de entender que el voto mayoritario de los argentinos, que en una proporción de 7 de cada 10 sufragios favoreció a opciones opositoras, la presidenta y su marido, se encargaron de mirar para otro lado y de reforzar –justamente- las razones y actitudes que los llevaron a la derrota.

Y lo que es peor aún, habilitaron la sucesión partidaria que ya se lanzó con Carlos Reutemann y Mario Das Neves (sin olvidar incluso a los Rodríguez Saá y José Luis Gioja). Todo ello, ratificado en el primer gesto político de Sicioli al frente del PJ: reconstruir el partido, incluso convocando a los disidentes que ganaron esta guerra santa, Francisco De Narváez inclusive. Tal movida, obliga a pensar que en todo caso, más que un modelo, lo que estaba en juego era el control nacional del peronismo.

Frente a la palmaria realidad que dejan los comicios, la futura composición parlamentaria y la constante sangría que las huestes del kirchnerismo seguirán sufriendo de ahora en más, tanto Néstor como Cristina no se cansan de repetir ahora palabras como “gobernabilidad”, “consenso” y “diálogo”. Una trilogía de la hasta hace muy poco se jactaban de poder prescindir en pos de la voluntad política que los habilitaba a la imposición.

Los tiempos han cambiado, aunque los modos sigan siendo los mismos. Sin autocrítica y reafirmando la manera de gobernar que fue castigada en las urnas, Néstor y Cristina tal vez sólo hayan respondido a su temperamento político, aunque todo un país esperaba de ellos alguna señal de comprensión del sentido del voto. Otra vez será.