Mendoza: Un resultado que empezó a gestarse un año y medio atrás
El triunfo del Frente Cívico Federal puede explicarse sólo si se mira la historia reciente de Mendoza. Más precisamente, desde la llegada al poder de Celso Jaque, una sucesión de errores increíbles abonaron el terreno para Julio Cobos. Quiénes son los que en el propio peronismo son los señalados como los principales responsables de la derrota.
El abrumador resultado que la oposición encarnada por el Frente Cívico Federal está obteniendo tiene muchas explicaciones. La gran parte de ellas abunda en los problemas de una gestión como la de Celso Jaque plagada de inconvenientes aún desde antes de asumir.
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Sin embargo, a ello se le suma una constante negación de la realidad, que hizo oídos sordos de la crítica o que en el peor de los casos, tildó de traidores, “gorilas” o desestabilizadores a quienes se animaron a expresarlas. Incluso, algunos medios y periodistas.
Por estos momentos, el clima de convulsión entre la dirigencia del PJ es más que significativo. Al margen de la bronca, sobrevuela una clara sensación de desorientación. Como todas las derrotas, duele profundamente, pero ya hay quienes piden responsables. En especial, por el amplio margen que la lista de Julio Cobos está obteniendo.
De un rápido muestreo, aparece un listado en el que casi todos los consultados coinciden como los “padres de esta derrota”: el propio Jaque, los candidatos, el sector azul, los intendentes y los ministros emblemáticos.
Veamos los porqués de esta “acusación”.
Un gobernador sin carisma ni liderazgo. Celso Jaque volvió a equivocarse hacia el cierre de la campaña cuando aseguró que la gente lo había perdonado por su promesa incumplida de disminuir el 30% del delito en seis meses. Evidentemente, no hubo perdón.
Pero más allá de eso, Jaque no tuvo durante este tiempo la suficiente capacidad de conducción como para mostrar el rumbo de sus políticas o torcer el altísimo porcentaje de imagen negativa que fue lentamente acumulando.
Sus detractores internos le critican además no haberse salido nunca del centro de la escena de la campaña y haber contribuido con ello a transferir su imagen negativa a los candidatos del PJ.
De cara al futuro, sólo le queda relanzar su gestión, provocar un profundo recambio ministerial que él mismo demoró y tomar nota de que su obsecuente alineamiento con el gobierno nacional no es bien visto por los mendocinos.
Candidatos que nunca lograron trascender sus aldeas. Adolfo Bermejo y Omar Félix, intendentes de Maipú y San Rafael, respectivamente, también se llevan su parte en esta catástrofe.
A ellos se les achaca no haber seducido nunca al electorado mendocino. Los emblemáticos caciques peronistas no pudieron trasladar al mapa provincial sus liderazgos departamentales.
En todo momento, se mostraron dubitativos de asumir como propia la gestión de Jaque, y en la recta final, hasta pusieron en duda su pertenencia al kirchnerismo, como expresó Bermejo durante el debate en Canal 7.
Ante tal elección, reaparece una vieja duda que sobrevoló toda la campaña. Especialmente si se toma en consideración que ambos tienen proyectos de cara a la gobernación que ahora pueden verse frustrado. ¿Asumirán, efectivamente en el Parlamento o se quedarán en sus municipios para reflotar sus chances hacia el 2.011?
La pretensión hegemónica de los azules, el blanco de todas las críticas. El sector Azul del peronismo mendocino, conducido por el asesor presidencial Juan Carlos Chueco Mazzón, quiso manejar a su antojo la campaña, dicen los críticos.
De la mano de Patricia Fadel, no fueron pocos los cortocircuitos que se produjeron tanto con el gobierno como con los candidatos. A los azules se les achaca un extremo dirigismo que ya se vio expresado en la conformación del gabinete y en la ocupación de los lugares estratégicos del gobierno.
Se cree que seguir sin miramientos la estrategia gestada desde Buenos Aires fue un gran error de apreciación que minimizó el impacto de la imagen negativa de Jaque y su gestión. El tenor de la victoria del 2007 también ensoberbeció a la dirigencia del PJ que en vez de recostarse sobre su fortaleza histórica, la sintonía territorial, se dedicó a construir fantasías que se sostenían con marketing político y apoyo incondicional de la Casa Rosada.
En esta elección también quedó demostrado que esto, tampoco alcanzó.
Otro mito que cayó: los intendentes no traccionaron. Los intendentes del PJ, especialmente Alejandro Abraham (Guaymallén) y Rubén Miranda (Las Heras) no pudieron trasladar sus férreas gestiones al campo de los votos.
Convocados a último momento para pedir el apoyo en sus comunas ya que ambos municipios fueron declarados “claves”, Abraham y Miranda no convencieron en la medida de lo que se esperaba. Los votos que se creían cautivos no fueron tales.
Así, Abraham y Miranda se suman a Bermejo y Félix como el cuarteto de intendentes derrotado más allá de la suerte que individualmente cada uno de ellos corrió en sus respectivos territorios.
Ambos, que además han mostrado cierta distancia del gobierno provincial, ahora se agregan al panorama de incertidumbre que reina en el justicialismo de cara a lo que vendrá. Sí tienen algo en claro: quieren ser parte de la reconstrucción del gobierno provincial, como oportunamente han reclamado. Y ahora expresan, que será “sin miramientos”.
Ministros a los que muchos “compañeros” miran de reojo. Alejandro Cazabán nunca contó con la unanimidad de su partido. Durante el gobierno de Jaque ha tenido un rol emblemático, y a él se le cuestiona una manera por lo menos polémica de concebir el poder.
En lo específicamente vinculado a esta campaña, sus denuncias inauguraron lo que se denominó “la campaña sucia”. Una estrategia que muchos en el peronismo califican de errada, incluso algunos dirigentes e intendentes que hicieron equilibrio para no quedar pegados.
Junto a Cazabán, otros peronistas emblemáticos apuntan a Mario Adaro. El ministro de Gobierno –dicen- confundió en campaña su rol de “ministro político” y se dejó ganar por el militante, fustigando constantemente a la oposición.
Se olvidó Adaro que en un gobierno ahora mucho más debilitado políticamente es él quien debe tender puentes. Su postura y sus constantes chicanas, expresadas de manera pública, han dejado a Jaque sin un hombre mesurado y de equilibrio para asegurar la gobernabilidad de la Provincia. Sus propios compañeros lo advierten y aseguran hacérselo saber a la brevedad.
Un gobernador sin carisma ni liderazgo. Celso Jaque volvió a equivocarse hacia el cierre de la campaña cuando aseguró que la gente lo había perdonado por su promesa incumplida de disminuir el 30% del delito en seis meses. Evidentemente, no hubo perdón.
Pero más allá de eso, Jaque no tuvo durante este tiempo la suficiente capacidad de conducción como para mostrar el rumbo de sus políticas o torcer el altísimo porcentaje de imagen negativa que fue lentamente acumulando.
Sus detractores internos le critican además no haberse salido nunca del centro de la escena de la campaña y haber contribuido con ello a transferir su imagen negativa a los candidatos del PJ.
De cara al futuro, sólo le queda relanzar su gestión, provocar un profundo recambio ministerial que él mismo demoró y tomar nota de que su obsecuente alineamiento con el gobierno nacional no es bien visto por los mendocinos.
Candidatos que nunca lograron trascender sus aldeas. Adolfo Bermejo y Omar Félix, intendentes de Maipú y San Rafael, respectivamente, también se llevan su parte en esta catástrofe.
A ellos se les achaca no haber seducido nunca al electorado mendocino. Los emblemáticos caciques peronistas no pudieron trasladar al mapa provincial sus liderazgos departamentales.
En todo momento, se mostraron dubitativos de asumir como propia la gestión de Jaque, y en la recta final, hasta pusieron en duda su pertenencia al kirchnerismo, como expresó Bermejo durante el debate en Canal 7.
Ante tal elección, reaparece una vieja duda que sobrevoló toda la campaña. Especialmente si se toma en consideración que ambos tienen proyectos de cara a la gobernación que ahora pueden verse frustrado. ¿Asumirán, efectivamente en el Parlamento o se quedarán en sus municipios para reflotar sus chances hacia el 2.011?
La pretensión hegemónica de los azules, el blanco de todas las críticas. El sector Azul del peronismo mendocino, conducido por el asesor presidencial Juan Carlos Chueco Mazzón, quiso manejar a su antojo la campaña, dicen los críticos.
De la mano de Patricia Fadel, no fueron pocos los cortocircuitos que se produjeron tanto con el gobierno como con los candidatos. A los azules se les achaca un extremo dirigismo que ya se vio expresado en la conformación del gabinete y en la ocupación de los lugares estratégicos del gobierno.
Se cree que seguir sin miramientos la estrategia gestada desde Buenos Aires fue un gran error de apreciación que minimizó el impacto de la imagen negativa de Jaque y su gestión. El tenor de la victoria del 2007 también ensoberbeció a la dirigencia del PJ que en vez de recostarse sobre su fortaleza histórica, la sintonía territorial, se dedicó a construir fantasías que se sostenían con marketing político y apoyo incondicional de la Casa Rosada.
En esta elección también quedó demostrado que esto, tampoco alcanzó.
Otro mito que cayó: los intendentes no traccionaron. Los intendentes del PJ, especialmente Alejandro Abraham (Guaymallén) y Rubén Miranda (Las Heras) no pudieron trasladar sus férreas gestiones al campo de los votos.
Convocados a último momento para pedir el apoyo en sus comunas ya que ambos municipios fueron declarados “claves”, Abraham y Miranda no convencieron en la medida de lo que se esperaba. Los votos que se creían cautivos no fueron tales.
Así, Abraham y Miranda se suman a Bermejo y Félix como el cuarteto de intendentes derrotado más allá de la suerte que individualmente cada uno de ellos corrió en sus respectivos territorios.
Ambos, que además han mostrado cierta distancia del gobierno provincial, ahora se agregan al panorama de incertidumbre que reina en el justicialismo de cara a lo que vendrá. Sí tienen algo en claro: quieren ser parte de la reconstrucción del gobierno provincial, como oportunamente han reclamado. Y ahora expresan, que será “sin miramientos”.
Ministros a los que muchos “compañeros” miran de reojo. Alejandro Cazabán nunca contó con la unanimidad de su partido. Durante el gobierno de Jaque ha tenido un rol emblemático, y a él se le cuestiona una manera por lo menos polémica de concebir el poder.
En lo específicamente vinculado a esta campaña, sus denuncias inauguraron lo que se denominó “la campaña sucia”. Una estrategia que muchos en el peronismo califican de errada, incluso algunos dirigentes e intendentes que hicieron equilibrio para no quedar pegados.
Junto a Cazabán, otros peronistas emblemáticos apuntan a Mario Adaro. El ministro de Gobierno –dicen- confundió en campaña su rol de “ministro político” y se dejó ganar por el militante, fustigando constantemente a la oposición.
Se olvidó Adaro que en un gobierno ahora mucho más debilitado políticamente es él quien debe tender puentes. Su postura y sus constantes chicanas, expresadas de manera pública, han dejado a Jaque sin un hombre mesurado y de equilibrio para asegurar la gobernabilidad de la Provincia. Sus propios compañeros lo advierten y aseguran hacérselo saber a la brevedad.

