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De los claustros a las urnas: la moda de las candidaturas académicas

Universitarios mendocinos de diversa trayectoria incursionarán en la política masiva en las próximas elecciones. Los riesgos que corren y la oportunidad que enfrentan. ¿Se trata de una nueva clase dirigente o son emergentes de la crisis de representación? Los perfiles de los principales postulantes, en esta nota.

Un  nuevo furor recorre los pasillos de la Universidad Nacional de Cuyo. No se trata de una nueva corriente teórica, ni de un autor de vanguardia; mucho menos de una tendencia pedagógica o un aporte significativo a la ciencia. Se trata, ni más ni menos, de la moda académica de las candidaturas políticas.

Academia y política. Ex rectores, decanos, directores de carreras o simples profesores, figuran en las listas de diversos partidos y frentes rompiendo una dudosa tradición, nunca escrita, pero de alto cumplimiento, que separaba taxativamente el involucramiento público a través de la política de la práctica universitaria. Tal ruptura también daba cuenta de un modelo de universidad en el que los académicos veían como una especie de contaminación la posibilidad de interactuar con lo partidario.

Sin embargo, esa concepción de pretendida asepsia universitaria también ha escondido una actitud hipócrita, como si acaso la política no fuera el motor de la vida diaria de una institución pública que por estatutos elige sus autoridades por el voto de sus docentes, estudiantes, graduados y personal de apoyo.

Así las cosas, la política y los políticos no son una novedad en las aulas. Por el contrario, mucha dirigencia, de diversos partidos suele completar su actividad pública con la práctica docente. Sin embargo, lo que parece modificarse en estos días es un fenómeno a la inversa: el de hombres y mujeres que mayoritariamente han dedicado su tiempo al estudio y a la docencia, y que ahora optan por insertarse en la política de masas.

Con el título de candidatos. El puntapié de cara a las próximas elecciones pareció darlo la propia María Victoria Gómez de Erice, quien luego de abandonar el Rectorado, tras dos períodos de gestión, se puso de lleno a trabajar en la política partidaria. De militancia radical reconocida, Gómez de Erice fue parte de la extinta Concertación y ahora encabeza la lista de diputados nacionales del Frente Unidad para el Cambio, un espacio kirchnerista que integran un variopinto arco de partidos y agrupaciones: desde la Federación de Tierra y Vivienda (FTV) que a nivel nacional encabeza Luis D’Elía, los radicales del Espacio para la Reparación Social y un sector del Partido Comunista que responde al Congreso Extraordinario.

Distinto es el caso del decano Juan Carlos Aguiló, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, epicentro de esta movida de lanzamientos electorales. Sin militancia partidaria identificable, Aguiló es candidato a diputado provincial por el Polo Solidario Humanista, un acuerdo entre el Polo Social, el Partido Solidario, el Partido Humanista y otro sector del Partido Comunista, que funcionará como una colectora de los candidatos justicialistas de Celso Jaque: Adolfo Bermejo y Omar Félix.

Casualmente, su compañera de fórmula en su llegada al decanato, Graciela Cousinet, actual vicedecana de Políticas, también estará en una lista el 28 de junio. Esta socióloga encabeza la lista de senadores nacionales de Mendoza Merece Más, el armado electoral de los ahora ex kirchneristas Libres del Sur: una agrupación que pasó del oficialismo furioso a la oposición entusiasta.

Otro hombre de la vida universitaria, el director de la carrera de Comunicación Social, Ernesto Espeche, también optó por la postulación pública, una actitud en la que ya había incursionado en anteriores elecciones. El comunicador, de pasado socialista y luego comunista, milita además en la agrupación HIJOS. En esta ocasión, Espeche también será candidato a senador provincial por la mismo acuerdo electoral con el peronismo que postula a Aguiló.

Finalmente, Gabriela Azzoni, una licenciada en Letras y también docente en Ciencias Políticas, será candidata a senadora nacional del acuerdo entre el Partido Demócrata y el PRO de Mauricio Macri. Justamente, su llegada a la lista se debería a una sugerencia del PRO que fue aceptada por sus socios locales. Especialista en análisis del discurso, deberá de ahora en más incluir sus propios dichos y actos en sus trabajos de investigación.

Los riesgos de la participación. Es que este salto de los claustros a las listas partidarias supone algunos riesgos: en primer lugar el de licuar el prestigio académico (en el caso de que se lo posea) en el fango de la puja entre los partidos y sus descarnadas peleas. Asimismo, la asimilación de las experiencias y conocimientos acumulados en un escenario que pese a sus esfuerzos, es un ámbito cerrado de fuerte presencia teórica, para aplicarlos en la compleja, dinámica y pragmática realidad de todos los días.

Otro aspecto a considerar es la posibilidad de compatibilizar los métodos y prácticas de la política con los de la vida universitaria, que pese a las supuestas distancias, tienen muchos puntos en común. Especialmente cuando la intriga y el lobby parecen reemplazar las capacidades y habilidades de sus miembros.

A ello se sumará, inexorablemente, el celo que los académicos suelen despertar entre los políticos de raza. Una instancia que una vez más queda ratificada al comprobar que muchos de los nombrados podrán obtener, en una elección, un lugar que a muchos militantes de años les puede demandar toda una vida. Y junto a eso, asumir que de ahora en más su exposición pública se verá atravesada por los siempre caprichosos (y a veces injustos) juicios que tiñen a los políticos y sus asuntos.

Obviamente, aquellos que han tomado la opción de la política práctica no desconocen estos desafíos y si bien es saludable su intento de estrechar lazos entre la academia y la sociedad de la que son partes, del resultado de esta experiencia se podrá colegir si se trata de un aporte cualitativo al mejoramiento de la clase dirigente, o si por el contrario, la corporación política también logra cooptar no sólo la voluntad de participación, sino también la adhesión a ciertas prácticas cuestionables que la política torna en vicio.

Los desafíos para captar votantes. Sería saludable que los universitarios pudieran dotar de nuevos valores y miradas distintivas a la práctica política. Por el contrario, sería un error repetir muchos de los tics que han generado una profunda crisis de representación, poniendo a la política en un lugar de menosprecio. ¿Es la política la que se renueva con estas incorporaciones o en todo caso busca opciones alejadas del perfil clásico del político para perseverar en sus modos del ejercicio del poder?

Tal vez hay aquí un poco de las cosas. La política se expande y de manera saludable busca ser el canal de expresión de todos los sectores sociales; entre ellos, los universitarios. Pero también es cierto que el agotamiento de las estructuras partidarias y su escasa vocación de generar nuevos cuadros, preparados más para el acuerdo que para la gestión de lo público, parece forzar a la búsqueda de nuevas figuras que la Universidad, como usina de discusión y análisis, parece dispuesta a proveer.

Sin embargo, nuestros académicos, formados a luz de la particular y significativa experiencia histórica de la universidad pública, igualadora y generadora de oportunidades, tal vez debería explicitar algunas cosas. Por ejemplo, ¿acordarán con las denominadas candidaturas “testimoniales” que el oficialismo, que en algún caso representan, defiende en el mayor distrito electoral del país, vulnerando un esencial principio republicano del contrato social entre representantes y representados? Siendo hombres y mujeres de rigor académico, ¿acordarán con la manipulación oficial de los índices y la desarticulación del organismo de medición pública que durante décadas ha tenido nuestro país, como es el caso del INDEC?

Seguramente, estas y otras respuestas saldrán a la luz en esta campaña, que como rasgo atípico ha anotado en su grilla de partida a los universitarios quienes en tren electoral deberán repartir sus tiempos de gestión y enseñanza, con las recorridas y los actos proselitistas. Toda una novedad política, que como en toda democracia, el pueblo podrá evaluar y que en ellos estará poder aprobar.