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Un discurso pensado para huir hacia delante
El gobernador prefirió más que la cruda descripción de la realidad, la fantástica enumeración de hechos y acciones tanto rutinarias o no. Salvo su convocatoria a la construcción de un plan estratégico del Bicentenario, no hubo mayores apelaciones al sentido profundo de sus políticas, ni a las dificultades que atraviesan su gestión.
Urgido a dar respuestas por la gestión anodina que encabeza, y el creciente malhumor que genera entre los mendocinos, Celso Jaque prefirió en su discurso ante la Asamblea Legislativa, detallar con nivel de minucia un sinnúmero de tareas que de por sí, se supone que cualquier administración debe desarrollar.
Ese correr hacia delante mientras todos se distraen con el presente fue el sentido de una construcción retórica plagada del apabullamiento de cifras o la enumeración de programas más que de lo que efectivamente se esperaba: las líneas directrices de las grandes políticas, el rumbo que se ha priorizado en este año y medio, los niveles de compromiso alcanzados en la articulación de sus iniciativas.
En toda su alocución hubo pocos momentos que dieran cuenta del proyecto de provincia y los objetivos que sustentan su accionar, más allá de ciertos latiguillos discursivos que de tan repetidos ya resultan inocuos como la “inclusión”, la “solidaridad” o la “competitividad”.
Área por área, y tal como sucedió en 2008 cuando primó el criterio de la herencia recibida, el gobernador evitó menciones a su antecesor, Julio Cobos; pero no por ello, las continuas comparaciones sobre lo hecho en ambos períodos, lo que va del suyo y el del vicepresidente. El complejo de diferenciación del jaquismo, ya en plena cuenta final electoral, pareció ceder a la tentación de demostrar que la mayor o menor concreción de obras no es inmune a los celos.
Jaque repitió sus ya conocidas arengas contra el accionar de la Justicia, poniendo el dedo en la llaga de la productividad y la eficiencia, así como en la elección popular de los fiscales; justificó la mano dura y el accionar policial al límite, dando una peligrosa señal sobre los alcances de los derechos consagrados constitucionalmente, y ratificó sus deseos de encarar un exhaustivo proceso de reforma constitucional que deberá (si todo sale como está previsto) implementar su sucesor; no sin antes saltar previamente las condiciones de interpretación de la mayoría necesaria para la reforma a través de la modificación del artículo 221.
Mientras Jaque detallaba la Mendoza ideal, aquella que según los dichos del gobernador es puesta de ejemplo a nivel nacional en diversas acciones, las interrupciones de los legisladores y las barras parecían querer aplaudir todo aquel indicador, ya sea de inversión o de incremento que supusiera un logro de su gestión, aunque en muchos casos no se tratara más que de cifras en el aire, como el porcentaje de captación que obtuvo la difusión publicitaria de la provincia tras el rally Dakar.
Así, la estrategia oficialista de contrastar el ya impuesto como concepto de la falta de palabra del gobernador se vio acompañado por manifestantes de diversos sindicatos y militantes peronistas que se hermanaban bajo una bandera que decía “Jaque cumple” justo frente a la entrada principal de la Legislatura. Allí, no dudaron en alentar al gobernador y abrazarlo con sincera emoción. La puesta en escena que difundieron los canales televisivos mendocinos asemejó, por momentos, la del reciente gafe de Aníbal Ibarra ante las cámaras de Telenoche.
Ese privilegio del cara a cara no lo tuvieron los manifestantes más duros contra el gobierno igualados en la lucha contra el decreto que autoriza la suba de la tarifa eléctrica, que debieron seguir las acciones desde la Plaza Independencia, casi como perfecta instantánea de la manera de gobernar de Jaque: para los amigos casi todo, para los críticos, casi nada.
Su aburrida disertación, que no eludió ni el dengue, ni la gripe porcina, se caracterizó además por las constantes apelaciones a la crisis internacional. El nuevo eufemismo comodín, que tanto en la Nación como en la provincia parece ser la excusa perfecta para justificar desde los minúsculos incrementos salariales hasta el adelantamiento de las elecciones.
El discurso tuvo sólo un momento estructural que se correspondía y justificaba a la ocasión de tener frente a sí a los representantes del pueblo: cuando el gobernador convocó a la construcción de un plan estratégico para la provincia a las puertas del Bicentenario. Al menos quedará la invitación a construir un modelo de provincia que sin embargo no puede repetir los vicios de la partidocracia y la diferenciación que parecen signar muchas de las acciones de este gobierno.
Casi como si hubiera dado a entender que no tiene mayores respuestas a los grandes problemas de esta provincia, tales como la seguridad, la salud, la vivienda o la producción, más que la repetición de estadísticas y fríos datos que es arduo contrastar con sus beneficiarios u observar a simple vista, el gobernador optó huir hacia delante. Puso proa al 2.010, al 2.011 y al 2.013 pues parece que el presente excede su marco de análisis y su poder de gestión. El tiempo dirá si su elección fue la correcta.
Mientras Jaque detallaba la Mendoza ideal, aquella que según los dichos del gobernador es puesta de ejemplo a nivel nacional en diversas acciones, las interrupciones de los legisladores y las barras parecían querer aplaudir todo aquel indicador, ya sea de inversión o de incremento que supusiera un logro de su gestión, aunque en muchos casos no se tratara más que de cifras en el aire, como el porcentaje de captación que obtuvo la difusión publicitaria de la provincia tras el rally Dakar.
Así, la estrategia oficialista de contrastar el ya impuesto como concepto de la falta de palabra del gobernador se vio acompañado por manifestantes de diversos sindicatos y militantes peronistas que se hermanaban bajo una bandera que decía “Jaque cumple” justo frente a la entrada principal de la Legislatura. Allí, no dudaron en alentar al gobernador y abrazarlo con sincera emoción. La puesta en escena que difundieron los canales televisivos mendocinos asemejó, por momentos, la del reciente gafe de Aníbal Ibarra ante las cámaras de Telenoche.
Ese privilegio del cara a cara no lo tuvieron los manifestantes más duros contra el gobierno igualados en la lucha contra el decreto que autoriza la suba de la tarifa eléctrica, que debieron seguir las acciones desde la Plaza Independencia, casi como perfecta instantánea de la manera de gobernar de Jaque: para los amigos casi todo, para los críticos, casi nada.
Su aburrida disertación, que no eludió ni el dengue, ni la gripe porcina, se caracterizó además por las constantes apelaciones a la crisis internacional. El nuevo eufemismo comodín, que tanto en la Nación como en la provincia parece ser la excusa perfecta para justificar desde los minúsculos incrementos salariales hasta el adelantamiento de las elecciones.
El discurso tuvo sólo un momento estructural que se correspondía y justificaba a la ocasión de tener frente a sí a los representantes del pueblo: cuando el gobernador convocó a la construcción de un plan estratégico para la provincia a las puertas del Bicentenario. Al menos quedará la invitación a construir un modelo de provincia que sin embargo no puede repetir los vicios de la partidocracia y la diferenciación que parecen signar muchas de las acciones de este gobierno.
Casi como si hubiera dado a entender que no tiene mayores respuestas a los grandes problemas de esta provincia, tales como la seguridad, la salud, la vivienda o la producción, más que la repetición de estadísticas y fríos datos que es arduo contrastar con sus beneficiarios u observar a simple vista, el gobernador optó huir hacia delante. Puso proa al 2.010, al 2.011 y al 2.013 pues parece que el presente excede su marco de análisis y su poder de gestión. El tiempo dirá si su elección fue la correcta.