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Y un día se volvieron a juntar


Y un día se volvieron a juntar. No importa que durante cuatro años se hayan dicho de todo, que las diferencias de proyectos que planteaban eran como el día y la noche, que llegaran en algunos casos a proponerse dirimir sus cuestiones a las trompadas o que mientras gobernaron entre 2003 y 2007 casi desperdiciaron los dos últimos  años ( y millones de recursos del Estado) para definir su pelea interna.

Tampoco importa ahora que algunos se hayan hecho hiperkirchneristas y después opositores a Néstor, que otros expulsaran a Julio Cobos de la Unión Cívica Radical y que ahora un mensaje venido del más allá les pida que lo dejen volver, que el propio Cleto hiciera como si esto nunca le importó y ahora se sienta heredero de una mística radical sagrada o que en las últimas elecciones a gobernador uno de los bandos llevó su odio al extremo tal de que jugó para que Celso Jaque ganara.

Menos importa que hayan sido concertadores plurales, radicales K, radicales G, radicales ortodoxos, radicales de la intervención, afiliados al Confe, iglesistas, cobistas.

Ya nada de eso importa, anoche la ambición los volvió a juntar.

Luego de que una parte de la vida política de Mendoza se moviera al ritmo de sus diferencias, los que alguna vez fueran todos afiliados a la UCR volverán a compartir una lista electoral tras haber alcanzado un acuerdo tan trabajoso como hecho a los apurones.  Y que hasta aquí solo se hace evidente en esas planillas con nombres, apellidos y candidaturas que terminaron de definirse cerca de la medianoche en el hotel Huentala, el bunker  para estas situaciones.

Roberto Iglesias acordó con Julio Cobos, Ernesto Sanz con Armando Camerucci, el propio Sanz compartirá la responsabilidad de encabezar la campaña con Ricardo Mansur, Juan Carlos Jaliff volvió a hablar luego de años con Iglesias, el propio Víctor Fayad dice haber recuperado sus coincidencias con el Mula, hasta Alfredo Cornejo en un momento de la puja por las candidaturas se juntó con Sanz.

Un escenario de consenso y diálogo como pidió el recientemente fallecido Raúl Alfonsín, pero que puede llevar a confusión: la inagotable estrella política de Cobos, la posibilidad cercana de ganarle a Jaque dentro de tres meses y la alternativa de volver a pelear por la gobernación con chances ciertas en 2011 luego de la derrota y la disgregación, hicieron todo el trabajo.

La “lista de unidad” se parió sin que prácticamente ninguno de los que terminaron acordando en estos últimos días limara sus diferencias, se sentara a dialogar para superar odios y rencores acumulados o, en el mejor de los casos, que estuvieran realmente convencidos de que los candidatos son realmente lo mejor que pueden ofrecer.

Lo que pasó anoche fue un signo de los tiempos: Iglesias y Fayad no estuvieron en el anuncio de los candidatos. Acordar estuvo bien, pero ya sacarse una foto con Cobos era demasiado para ellos.

No hubo en todo este tiempo una sola noticia (o al menos no se divulgó) de que Iglesias y Cobos se hayan juntado, de que el primero y Biffi hayan superado su pelea a muerte, de que el Mula y Cornejo hayan siquiera hablado por teléfono una vez, de que Juri y Montero hayan superado sus diferencias de cuando eran ambas ministras de Cobos.

O lo que es peor: si bien en las líneas medias hubo tibios acercamientos en medio de tanta desconfianza reinante, no existió en la previa un acercamiento entre los dos encargados de llevar adelante la campaña a partir de ahora. Sanz y Mansur, enrolados históricamente en la línea interna de los Territoriales, están distanciados casi sin retorno desde 2003  cuando Sanz aceptó la candidatura a senador nacional y dejó a sus entonces compañeros de ruta.

Uno de los desafíos que ahora tiene por delante esta nueva (¿nueva?) coalición, sea superar el fantasma de la Alianza de 1999.

Y también el reflejo que quedó en la sociedad mendocina, de que la Concertación que se armó en 2007 para hace gobernador a Biffi era solo un rejunte electoral.

El acuerdo al que se llegó estuvo sujetado con nada hasta última hora. Fue solo el posible y de tal fragilidad, que hasta la discusión por una lista de legisladores provinciales de San Martín lo pudo derrumbar por completo.

Cobos quedó otra vez al desnudo en sus debilidades y contradicciones. En febrero, de la noche a la mañana, hizo caer el acuerdo con el radicalismo que venía negociando desde finales de 2007. En ese momento les decía con desprecio a los que hoy apunta a reunificar: “Que alguien me traiga una declaración mía que diga que yo iba volver a la UCR”. Sesenta días después, todo es diferente.

El vicepresidente es hoy una de las figuras más fuertes del escenario nacional. Pero lideró como pudo el proceso de reunificación en Mendoza. Las dificultades que tuvo para encausar a su partido, fueron un ejemplo de eso. Cleto medió cuando la sangre estaba a punto de llegar al río, es cierto, pero no impuso a sus candidatos. Terminó aceptando que Sanz encabezara la lista para senadores nacionales cuando su figura era Laura Montero.

Y en la nómina de candidatos a diputados cedió a la presión de Juan Carlos Jaliff para colocar en primer término al ex intendente de Rivadavia y descolocar a Alfredo Cornejo que tenía reservado (y prometido) ese lugar para César Biffi.

Sí empujó para darles un lugar al puñado de justicialistas concertadores fieles, Enrique Thomas y Guillermo Amstutz principalmente, y logró que las candidaturas de Jaliff y Biffi reforzaran la presencia opositora en la Legislatura.

Esta forma quedó lejos de la que aplicó el mismo Cobos en 2005, cuando en el despacho del cuarto piso de Casa de Gobierno impuso a los gritos, ante un todavía poderoso Roberto Iglesias, a Cornejo como candidato a diputado nacional. Los testigos de esa definición, todavía recuerdan el portazo de Iglesias y lo marcan como el principio de la guerra interna que se desataría luego.

Algo parecido podría pasarle si es que, como dice que le dijo, va detrás del pedido que le hizo Alfonsín de reunificar al radicalismo.

Cleto anunció que irá la semana próxima a la Convención Nacional de la UCR y seguramente será toda una experiencia para él. No hubo un solo dirigente radical en Mendoza que se acuerde de haberlo visto en alguna Convención en los últimos años, ni siquiera cuando era afiliado.

Podría decirse que Cobos cedió en pos de la unidad. Pero lo que sucedió en estos días se acerca más a una realidad que sufre tanto él, como el propio Celso Jaque: ninguno de los dos lidera, solo fueron mediadores para que sus propias fuerzas no estallen. Jaque pasó algo parecido. Hace días sacó pecho y se jactó de que el Justicialismo iba a hacer una interna porque “eso demuestra que el PJ está vivo”. Y sostuvo que él iba a colocar sus nombres en las listas.

“A mí no me gusta romper las tradiciones, así que voy a hacer lo que siempre hicieron los gobernadores justicialistas”, decía, tratando de emular a José Octavio Bordón, a Rodolfo Gabrielli y a Arturo Lafalla.

Todos ellos, impusieron sus candidatos. Jaque no pudo colar ni uno, más allá de que uno ya debería estar acostumbrado a eso de que se dice una cosa y se hace otra: para los cargos importantes, el PJ tampoco tuvo internas.

En los últimos días, sin embargo, dicen que el gobernador está sonriente: una encuesta de Julio Aurelio que fue realizada a fines de marzo, le marcó al gobierno provincial que de todas las alternativas posibles, la peor fórmula que podría presentar el radicalismo era una: la de Sanz y Mansur.