A mal tiempo, buena cara: el gobierno pudo zafar en Vendimia
Pese a todos los temores, la adminsitración jaquista logró desactivar conflictos, pasear con anuncios a Cristina y anular a Cobos. ¿Se habrá tratado de un espejismo, o cuando se apaguen los fuegos de artificio la provincia volverá a su anodina normalidad?
El pronóstico del tiempo indicaba para este fin de semana nublado con chaparrones aislados. Conciente de ello, el gobierno decidió tomar sus recaudos y casi al cierre del agite prevendimial, sobre el mediodía del viernes, anunció sus acuerdos con los maestros y los productores del Este de la provincia. Allí, en un solo pase, cerró dos frentes de tormentas graniceras, y disminuyó casi toda posibilidad de pérdida en su cosecha.
Para más y mejor rendimiento de su siembra, terminó de bloquear las intenciones díscolas de los opositores con la presencia de la presidenta Cristina Fernández y un ramillete de sus ministros más emblemáticos: Florencio Randazzo, Sergio Massa y Débora Giorgi. Con ellos, también el secretario de Agricultura Carlos Cheppi. Como se esperaba, Cristina no vino con las manos vacías. Trajo anuncios significativos para el sector que compartió con los pequeños y medianos productores en el Aeropuerto y que luego repitió para el brindis con los grandes bodegueros en Belasco de Baquedano, en Agrelo.
Hasta allí toda ganancia para un oficialismo que pudo lucirse compacto, respaldado por la dirigencia nacional y a su vez exhibiendo para fuera un frente interno ordenado que para dentro no es tal, ya que acumuló tres renuncias de su segunda línea en 48 horas, inclusive la del ex intendente de Lavalle Sebastián Brizuela en el polvorín que parece haberse convertido la Dirección General de Escuelas.
De allí la urgencia de dos ministros de Celso Jaque por desactivar la marcha de la multisectorial que pareció en un instante, antes del Carrusel, querer aguar este apabullante festín de anuncios y glamour que el oficialismo había preparado para sortear con éxito tan difícil parada. Y que para más agrande jaquista, hasta logró que Cristina llegara al palco oficial, lo que transformó la cara del gobernador.
Julio Cobos parece haber contado con información privilegiada de este despliegue porque días antes anunció que iba a “restringir” su participación en la Vendimia. El vicepresidente calculó (o intuyó) que el terreno se avecinaba extremadamente adverso, incluso en su propia provincia, como para exponerse a lo que tras el agasajo de Bodegas Argentinas, el intendente de Godoy Cruz Alfredo Cornejo terminó confesando: “no está dispuesto a soportar más maltratos y desplantes…”.
Así, con Cobos fuera de escena y superado por la visita de Cristina, la oposición pudo hacer poco y nada en Vendimia. Los radicales no pudieron anunciar el acuerdo de la reunificación partidaria que quedó una vez más postergado tras el encuentro entre Roberto Iglesias y el presidente partidario Gerardo Morales. Los demócratas se limitaron a blanquear la candidatura a senador nacional del ex ministro de Seguridad Juan Carlos Aguinaga, y el resto, apenas si miró la fiesta por televisión.
Fue tal el grado de cooptación de los festejos por parte del oficialismo, aplaudidores y militantes mediante, que el propio ministro de Gobierno, Mario Adaro se dio el lujo de atribuirse méritos ajenos, cuando –corajudo- encaró a los periodistas pidiendo que lo exculparan de su fracaso como negociador en el conflicto de Santa Rosa. El ministro se cargó como propia la decisión de la Suprema Corte de restituir en su cargo al intendente Sergio Salgado, en una acción de una audacia impropia para un funcionario del Ejecutivo, sobre todo si se trata de una resolución de otro poder.
La perla negra fue el patético dispositivo que por razones de “seguridad” se tejió el sábado en torno de la figura presidencial. Los representantes del sector vitivinícola y también los miembros de la oposición se solidarizaron con la restricción con la que se debió trabajar en un evento privado en el que tradicionalmente se ha accedido sin ningún tipo de inconvenientes.
El gobierno local miró para otro lado, se responsabilizó a la Presidencia, pero de allí, también se hicieron los desentendidos por el desatino. En el medio, los organizadores que pedían disculpas en todos los idiomas.
Fuera de ello, los discursos tanto de la presidenta como del gobernador no dejaron nada nuevo. Se repitieron los anuncios y se usó el escenario para dar cuenta de otros asuntos como por ejemplo la mención del gobernador a los decomisos de cocaína realizados en el año anterior (¡?). Así las cosas, no mucho más quedó por decir ni por hacer. La intención estaba cumplida, el efecto ya se había logrado, los miedos políticos ya estaban conjurados.
Las nubes de los opositores y descontentos se habían disipado y como bajo los efectos de un paraguas protector, el gobierno pudo sortear gran parte de esta Vendimia que intuyó traumática pero que pudo sortear a fuerza de anuncios y chequera. Por más que todavía desde el teatro griego Frank Romero Day se podían divisar algunos vientos que podían silbar más fuerte de lo esperado, pero nada que no pueda sortear el fortificado ánimo oficial.
Queda saber si una vez disipados los ánimos y el espíritu vendimial, las cosas podrán seguir siendo color de rosa. Si la puesta en escena de una provincia sin conflictos y en la que se solucionan los conflictos de manera instantánea podrá sostenerse en el tiempo. O si sólo se trata de un espejismo, una buena racha, un golpe de suerte que le permitió al gobierno pasar sin prisa pero sin calma, un fin de semana atípico como si se tratara de cielo despejado. Por la hiperactividad, pero también por los gestos políticos que la sostuvieron aunque éstos todavía no se trasladen a la gestión.
Así, con Cobos fuera de escena y superado por la visita de Cristina, la oposición pudo hacer poco y nada en Vendimia. Los radicales no pudieron anunciar el acuerdo de la reunificación partidaria que quedó una vez más postergado tras el encuentro entre Roberto Iglesias y el presidente partidario Gerardo Morales. Los demócratas se limitaron a blanquear la candidatura a senador nacional del ex ministro de Seguridad Juan Carlos Aguinaga, y el resto, apenas si miró la fiesta por televisión.
Fue tal el grado de cooptación de los festejos por parte del oficialismo, aplaudidores y militantes mediante, que el propio ministro de Gobierno, Mario Adaro se dio el lujo de atribuirse méritos ajenos, cuando –corajudo- encaró a los periodistas pidiendo que lo exculparan de su fracaso como negociador en el conflicto de Santa Rosa. El ministro se cargó como propia la decisión de la Suprema Corte de restituir en su cargo al intendente Sergio Salgado, en una acción de una audacia impropia para un funcionario del Ejecutivo, sobre todo si se trata de una resolución de otro poder.
La perla negra fue el patético dispositivo que por razones de “seguridad” se tejió el sábado en torno de la figura presidencial. Los representantes del sector vitivinícola y también los miembros de la oposición se solidarizaron con la restricción con la que se debió trabajar en un evento privado en el que tradicionalmente se ha accedido sin ningún tipo de inconvenientes.
El gobierno local miró para otro lado, se responsabilizó a la Presidencia, pero de allí, también se hicieron los desentendidos por el desatino. En el medio, los organizadores que pedían disculpas en todos los idiomas.
Fuera de ello, los discursos tanto de la presidenta como del gobernador no dejaron nada nuevo. Se repitieron los anuncios y se usó el escenario para dar cuenta de otros asuntos como por ejemplo la mención del gobernador a los decomisos de cocaína realizados en el año anterior (¡?). Así las cosas, no mucho más quedó por decir ni por hacer. La intención estaba cumplida, el efecto ya se había logrado, los miedos políticos ya estaban conjurados.
Las nubes de los opositores y descontentos se habían disipado y como bajo los efectos de un paraguas protector, el gobierno pudo sortear gran parte de esta Vendimia que intuyó traumática pero que pudo sortear a fuerza de anuncios y chequera. Por más que todavía desde el teatro griego Frank Romero Day se podían divisar algunos vientos que podían silbar más fuerte de lo esperado, pero nada que no pueda sortear el fortificado ánimo oficial.
Queda saber si una vez disipados los ánimos y el espíritu vendimial, las cosas podrán seguir siendo color de rosa. Si la puesta en escena de una provincia sin conflictos y en la que se solucionan los conflictos de manera instantánea podrá sostenerse en el tiempo. O si sólo se trata de un espejismo, una buena racha, un golpe de suerte que le permitió al gobierno pasar sin prisa pero sin calma, un fin de semana atípico como si se tratara de cielo despejado. Por la hiperactividad, pero también por los gestos políticos que la sostuvieron aunque éstos todavía no se trasladen a la gestión.

