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Los buenos contra los malos: una súplica desesperada al milagro de Vendimia
Una vez más Celso Jaque apeló a la convocatoria masiva y heterogénea para dejar en claro sus intenciones en la lucha contra el delito y la inseguridad. Como sucedió en el lanzamiento del Pacto Social a fines de agosto del 2008, en esta ocasión aprovechó el ampuloso rótulo de "Brindis vendimial al trabajo, la producción y la solidaridad mendocina" para ratificar sus intenciones.
Celso Jaque tuvo la audacia de correr el eje de la producción y las reivindicaciones sectoriales vitivinícolas para ponerle foco en pleno clima vendimial a un tema tan delicado como la seguridad. Su apuesta sorprendió, pues hace referencia al peso que tiene en la gestión y en las preocupaciones del gobernador que de esta manera intentó darle entidad a un evento de características inciertas y de finalidad misteriosa, pero por supuesto, política.
Y precisamente esa redundancia, esa renovada arenga a convocar a “todos” en la lucha contra la inseguridad hablan por sí sola de los éxitos que en la materia puede exhibir su gobierno. Lejos de mostrar resultados, o al menos las acciones concretas de aquel hoy deshilachado pacto, Jaque volvió a recordarles a los mendocinos que está dispuesto a todo con tal de erradicar aquello que considera “lo peor de Mendoza: el delito y los delincuentes”.
Pese a los aplausos que arrancó tan encendida promesa, el gobernador sigue enfrentando al menos dos graves problemas políticos, tal vez de la misma magnitud que la inseguridad. En primer término, se sigue dirigiendo a sus interlocutores como un candidato en campaña, y no como el líder de una provincia que está gobernando desde hace casi un año y medio. Sus constantes apelaciones a lo que se va a hacer, o “lo que vamos a demostrar los mendocinos” suenan ya a discurso vacío. O lo que es peor, a retórica futurista de mundos inciertos, en exceso lejanos a Mendoza.
Por otra parte, si el gobernador cree en serio que los convocados en el Auditorio Bustelo (incluido éste que escribe) somos “lo mejor de Mendoza”, estamos en problemas. Esa tajante y calificativa división entre los presentes y los ausentes; entre los incluidos y los excluidos; entre los buenos y los malos; entre los trabajadores y los delincuentes; no parece apropiada para un gobierno que necesita renovar cíclicamente sus intenciones en la búsqueda de consenso y credibilidad.
Estamos convencidos que muchos de los que ni siquiera asomaron sus narices por el Barrio Cívico también merecen ese paraíso de bienestar y progreso que el gobernador y todos los mendocinos ansiamos. Asimismo, también es cierto que algunos de aquellos que al mediodía arrasaban cuanta mesa estaba a mano, o se sacaban fotos a mansalva con las reinas, tendrían serias dificultades en la obtención de su certificado de buena conducta.
Tal gafe discursivo y comunicacional, que implica a la vez un error político, se coronó cuando –por enésima vez- el gobernador les dijo a los que nos roban y nos matan que no los queremos más. Y nos prometió a nosotros, los buenos, solidarios y trabajadores que con nuestro esfuerzo, eso será posible.
Aquellos viñateros homenajeados en la ocasión, y que sin duda su trabajo merece reconocimiento, suelen indicar con sabiduría popular que la Vendimia obra milagros. Tal vez éste sea uno de ellos.
Tal gafe discursivo y comunicacional, que implica a la vez un error político, se coronó cuando –por enésima vez- el gobernador les dijo a los que nos roban y nos matan que no los queremos más. Y nos prometió a nosotros, los buenos, solidarios y trabajadores que con nuestro esfuerzo, eso será posible.
Aquellos viñateros homenajeados en la ocasión, y que sin duda su trabajo merece reconocimiento, suelen indicar con sabiduría popular que la Vendimia obra milagros. Tal vez éste sea uno de ellos.