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La Federal, al servicio de los K, elige a quién reprimir

"Hay que desistir de algunas acciones que le costaron mucho al país", decía la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Mientras, afuera, una decena de personas desnudas eran víctimas de una represión obscena.

Diez manifestantes se pusieron desnudos para reclamar por sus derechos y 40 –los diez que estaban como Dios los trajo al mundo y 30 más- fueron salvajemente golpeados por la Infantería de la Policía Federal, bajo el comando de un comisario que lució, en todo momento, desequilibrado.

No se trataba más que de una protesta que había sido anunciada por Internet y que pretendía llamar la atención sobre el desalojo de la asociación mutual Sentimiento, en Buenos Aires. "Si ellos nos quieren en bolas, sin edificio, sin contrato, nosotros nos desnudamos", fue la consigna convocante.

La Federal, bajo las órdenes del ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Julio Alak, avanzó como si se tratara de la violación fragrante de la ley, cuando, en realidad, estar desnudos en la calle contradice algunas normas perimidas, anacrónicas, que la dictadura elevó al rango de sagradas.

Al mismo tiempo en que esto ocurría, entre socarrona y prepotente, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner advertía sobre un presunto plan para desestabilizarla. Le pedía a la policía “orden, pero no a palos” y la policía, en la calle, metía palos sin lograr orden.

"Hay que desistir de algunas acciones que le costaron mucho al país", decía la Presidenta. Mientras, afuera, una decena de personas desnudas eran víctimas de una represión obscena.

Por miedo, el Gobierno ni siquiera intenta hacer lo mismo con los piqueteros que inventaron y que ahora se les van de las manos.

Por debilidad, recurren a convencer por vía telefónica a los líderes piqueteros de que “ya está, levanten el corte que le hacen el juego a la antipatria”.

Y por inconsistencia ideológica, sacan a palos a los más débiles, a los pocos que no reciben subsidios para sostener la militancia ni se transforman en intermediarios a sueldo de las políticas públicas. Detrás de la decena de tipos en bolas no hay miles de personas esperando un premio a fin de mes, sino 50 cooperativas