Primera entrega: Chos Malal, la ciudad donde pisa fuerte el suegro de Jaque
Cuando don Tito Landete entró a la oficina del supermercado que fundó, hizo gala de su ironía para saludar al cronista llegado desde Mendoza. “Y…acá me ve. Desde que está mi yerno como gobernador, a mí me va muy bien”, respondió el patriarca y padre de Ricardo, subsecretario de Salud, que puso en la consideración de los mendocinos la “joya” de la familia por el escándalo del tomate trucho que su hijo debe controlar desde el Gobierno de Mendoza.
El encuentro se dio en la oficina del supermercado, pero a pesar de que respondieron las sospechas acerca del tomate triturado -aclaraciones que aparecerán en la próxima nota-, los miembros de la familia se negaron a ser fotografiados por MDZ.
En el pueblo, a Tito Landete algunos lo consideran con las virtudes de un “don” que ha sabido ganarse el respeto de la gente a fuerza de participar en actividades sociales. No en vano traen a la memoria sus avanzadas sobre la cordillera para llevar suministros a las familias que permanecían durante meses en lo que se conoce como la "veranada".
Algunos, precisamente, lo recuerdan más como un camionero que supo hacerse una diferencia como comerciante, un nuevo rico propio del medio pelaje argentino, observan con cierta ironía. Los menos, aunque rescatan su habilidad para los negocios, definen que nunca dejó de ser un "ignorante".
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Don Tito (en la foto, la fachada de la casa de Chos Malal donde vive), comentaron, es un hombre temperamental. Eso lo llevó a trenzarse en algunas peleas de tribuna del equipo que también ayudó a sostener económicamente como dirigente y que lleva el nombre de la ciudad.
“Pero así como dio, también recibió varias veces”, apuntaron.
Más allá de la pasión –que, según confiaron, también tiene su correlato con los fierros modernos-, hay cierta coincidencia en la sociedad en que se trata de un empresario que hizo su fortuna trabajando.
No se trata del tipo más poderoso de todo el pueblo –ese, señalaron, está en la esquina siguiente por calle Urquiza y vende desde electrodomésticos a motos de pequeña cilindrada- pero se destacó durante varios años como presidente de la Cámara de Comercio de Chos Malal, a través de la cual buscó apuntalar lo que denominan “la Región Pehuenche”, una alianza comercial que favorezca el tránsito de productos entre las localidades del norte neuquino con San Rafael y Malargüe. Su interés por el comercio regional se refleja en esta carta que dirigió a un diario neuquino.
Hasta aquí, don Tito Landete es un empresario tesonero y que se refleja tal como pudo conocerlo este cronista en las oficinas administrativas del supermercado que fundó. Llegó para saludar –previamente había llamado dos veces a su hijo, Néstor, actual administrador de “Súper Landete”-, ofreció algunas ironías sobre el maltrato de la prensa hacia su yerno, y después partió. A sus más de 70 años, llegaba de alisar un terreno con una máquina, como favor para un amigo, con su vestimenta cubierta de polvo.
“Mi viejo se crió auxiliando a los micros de la TAC para sacarlos de la nieve, tiene esa solidaridad que hoy no se ve”, lo defendió su hijo Néstor.
Sin embargo, muy pocos recuerdan casi al pasar una, quizás, mancha en la historia de este comerciante al que varios definieron como un “pionero”.
Transcurrían los años de plomo y Don Tito había hecho buenas migas con el comandante a cargo del 3º Regimiento de la Gendarmería apostado en Chos Malal. “El comandante Lubrina”, indicaron, sin precisar el nombre. “Fue en 1978, o un año después”, acotaron.
Cabe considerar que Chos Malal cuenta con el paso de Pichachén, que dista a unos 100 km, aproximadamente, de la ciudad. Cruzando la cordillera, se encuentra la ciudad chilena de Los Angeles y, más allá, el puerto de Concepción. Ante este panorama, era frecuente que se mantuviera esa vía comercial inaugurada por los mapuches. La salvedad es que varios lo hacían de manera ilícita.
Tal vez fue un cortocircuito entre ambos “compadres”. Dicen que Lubrina se desentendió del asunto, aunque antes le habría dado el paso libre. Recuerdan que Don Tito habría terminado pagando los platos por contrabandear pieles hacia Chile al ser descubierto un cargamento por los guardaparques.
Otros relativizan el incidente al señalar que era frecuente el contrabando en aquellos años y que forma parte de la historia no oficial del comercio en Chos Malal y otras ciudades cordilleranas. Pero el hecho no deja de ser una paradoja histórica, puesto que la misma ciudad fue fundada para combatir el cuatrerismo y el contrabando a fines del siglo 19.
Las buenas migas con la Gendarmería todavía persisten, a pesar de aquel suceso perdido en la memoria no oficial de la ciudad y que difícilmente pueda anotarse en el museo local. Sobre todo, por la competencia entre los locales comerciales –hay tres, en un radio de cuatro cuadras a la redonda- ante el mercado cautivo de contar con un regimiento en una localidad de frontera. Ese mismo regimiento en cuyo predio recientemente se encontraron siete cuerpos por parte del Equipo Argentino de Antropología, y que se presume serían de detenidos políticos durante la última dictadura militar.
Las afinidades electivas: de Alfonsín al MPN
“¿Te mostró la foto que tiene con Alfonsín?”, preguntaron al cronista en la mesa del bar Canay, uno de los más atractivos del pueblo.
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Y… no. La verdad es que el encuentro con Don Tito en las oficinas de Súper Landete fue apenas breve y no hubo tiempo sino para la diplomacia de rigor. Pero la pregunta dio pie para interpelar por la afinidad política del empresario que cobró notoriedad en Mendoza por el escándalo del tomate triturado.
La imagen con el ex presidente Ricardo Alfonsín hace pensar que, en sus orígenes, el patriarca de la familia Landete era de extracción radical, tal como sostuvieron los consultados. Pero en Chos Malal son conocidas su sintonía con el Movimiento Popular Neuquino, ese “pulpo” político que domina la provincia desde hace mucho tiempo y que las crisis circunstanciales –como las provocadas por la muerte del maestro Carlos Fuentealba- hace zozobrar a la dirigencia –léase Jorge Sobisch- pero no al movimiento.
“Es amigo del gobernador Jorge Sapag, lo va a esperar al aeropuerto cada vez que viene”, aseguraron.
Sus buenos contactos políticos con el MPN –presente hasta en las piedras del río Neuquén, junto a la ciudad- hasta le habrían permitido superar los vaivenes financieros que la empresa familiar tuvo algunos años atrás: una fuerte deuda con el bastión financiero del partido gobernante, el Banco Provincia de Neuquén.
En la actualidad, aquellas crisis parecen ser un lejano recuerdo de la época menemista y el Súper Landete se impone como el local más importante en su rubro, como proveedor del estado municipal y provincial.
Salvando el puesto político que ocupa hoy Ricardo Landete en la cartera de Salud, otro de los vástagos de Don Tito también tuvo su hora de mitines y arengas. Se trata de Sergio “Quique” Landete, que en la actualidad tiene una firma de seguros ubicada en la misma cuadra donde pueden encontrarse el supermercado, la empresa de transporte “Chos Malal” y la vivienda de la familia.
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“Ese local se lo hizo construir el padre”, aseguraron, para ratificar cierta unidad en la familia.
“Quique” participó como precandidato a concejal en una interna del MPN por la lista de José Luis Jofré, pero su experiencia tuvo corto vuelo puesto que perdieron en esas justas partidarias. Lo llamativo es que, según datan las crónicas de esa época -julio de 2003- compitieron por primera vez en la vida política de Chos Malal tres corrientes internas del Movimiento Popular Neuquino.
“Es medio figuretti, así como ayuda a la gente en actividades sociales, hizo un papelón cuando vino Cristina en mayo pasado”, refirieron, para recordar que Don Tito intentó vulnerar sin éxito la seguridad presidencial para saludar a la presidenta. Cristina trajo, en esa oportunidad, una buena noticia para las 2 mil familias que viven de la crianza del chivo criollo, otra similitud con Mendoza pero que ésta no tiene: la denominación de origen.
Con todo, en la actualidad hasta los detractores de Don Tito niegan que pueda tener algún tipo de influencia política en la municipalidad local, gobernada por una singularidad que sólo la oposición al MPN puede provocar: “Encuentro por Chos Malal”, una coalición de partidos integrados por el PJ –el intendente Carlos Lator es peronista-, la UCR –Jorge Alfonso Scelzi, secretario de gobierno- y una suma de partidos provinciales que se distribuyen equitativamente los cargos en el municipio y en el Concejo Deliberante.
“Don Tito tiene más impacto en lo social”, insistieron y señalaron que se trata de una de los supermercados más viejos de Chos Malal y que da trabajo a unos 30 empleados –multiplicados a su vez por cinco bocas, una familia tipo-, una ciudad cuyo mayor problema es la desocupación.
De allí la principal influencia en la vida social y económica de los Landete. El mismo día que el cronista de MDZ llegó a la ciudad, el intendente Carlos Lator estaba reunido con un grupo de desocupados que cortaba la ruta por el atraso en el pago de los planes sociales enviados por el Gobierno. Unos 200 pesos por mes.
El yerno y el "maltrato de los medios"
Sobre el escritorio de Néstor Landete hay varias fotos de la familia extendida. Entre ellas, una llama la atención. Se trata de una postal con Celso Jaque y su esposa Liliana en el patio de una casa, con la vista fija orientada hacia un costado que el fuera de campo no permite revelar. En el rostro del gobernador mendocino, hay un esbozo de sonrisa, fuera de su habitual parquedad. Liliana lo rodea por detrás, con sus brazos.
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“Mis viejos están un poco preocupados porque se habla de ellos, que ya tienen 73 años, y de su yerno, y eso les duele”, confió Néstor en su oficina, mientras esperaba a Don Tito que había llamado en dos oportunidades ante la presencia del cronista de MDZ. La primera, para saber cómo iba la consulta periodística. La segunda, para avisar que iba a pasar a saludar.
De allí que las quejas de la familia apuntan a la insistencia de los medios de comunicación mendocinos que llaman con frecuencia a la casa de Don Tito para preguntar sobre la pareja y sobre el bisnieto nacido este año en el Hospital Español, lo que habría provocado un serio malestar en el seno de la familia. Y, en ese sentido, consideran como un maltrato las informaciones vertidas sobre las intimidades de la familia.
Según algunos allegados, Don Tito habría llorado por las malas noticias que le llegan desde Mendoza en torno a la relación entre Liliana y Celso, aunque él afirma que “todos estamos bien, mi hija, mi yerno”.
En esa misma línea, Néstor rechazó la idea que el mandatario mendocino y su hermana estén separados y atraviesen una crisis matrimonial: “Con el tema de la separación fue de terror, nada que ver”, negó para dar cuenta de la presión mediática que sienten sobre sus espaldas en una ciudad acostumbrada al ritmo febril de radios FM consustanciadas con sus anunciantes.
“La relación con mi hermana y con Celso es familiar. Nos juntamos para las fiestas y apenas charlamos de trabajo”, explicó Néstor.
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Ese contacto parece no ser tan fluido con su hermano Ricardo. “Con Liliana es con la que más hablamos por teléfono, fundamentalmente de cuestiones familiares. Pero con mi hermano y con Celso, desde que están en sus cargos, es difícil dar con ellos”, apuntó.
Néstor también dio cuenta que tanto Ricardo como la esposa del gobernador partieron siendo jóvenes a Mendoza, a estudiar en la universidad, y nunca más volvieron a afincarse en Chos Malal.
La crisis de los tomates triturados puso a Don Tito y a su empresa en la consideración de los mendocinos, aunque en Chos Malal apenas comentaron el incidente como al pasar, como algo que “salió en el diario Río Negro” según el canillita apostado en la esquina del súper. En la familia, en tanto, y pese a las complicaciones políticas que tiene tanto el hijo dilecto, Ricardo, como el yerno, Celso, consideran que el problema es algo que ya ha sido superado.
Por lo pronto, Don Tito ya no está al frente del súper, pero no deja el liderazgo en la empresa de transportes que también fundó. Su esposa, Antonia, no le va a la zaga. Todavía atiende en el supermercado un puestito de mercería.
“Ella añora San Rafael, pero él no se quiere ir de acá”, acotó Néstor, luego de dar las explicaciones sobre la participación de la empresa en el escándalo que puede costarle el puesto político a su hermano en el Ministerio de Salud: “Nuestra vida ha cambiado en lo mediático, nada más”.
Conociendo... Chos Malal
Si algo sorprende de la principal ciudad del norte de Neuquén es que tiene varios rasgos que la acercan a Mendoza. Sus angostas acequias que rodean el casco histórico de la ciudad, los álamos para sofrenar el ímpetu del viento patagónico y una incipiente industria vitivinícola –los vinos de los curas salesianos llegaban hasta el mismísimo Vaticano- que se perdió en el pasado, dan cuenta de las huellas dejadas por sus fundadores. Fue el quien llegó desde Mendoza junto a otras familias para comenzar la historia.
Con el tiempo, la vinculación entre Chos Malal y el sur de Mendoza sería fundamental, aunque con el correr de los años y debido a la falta de inversión se fueron perdiendo las principales vías de comunicación.
Entre éstas, el mal estado de la ruta 40. Un buen trecho de 60 km desde Malargüe hasta el límite provincial es de ripio y las piedras saltan hacia los costados ni bien pasan los vehículos. En Chos Malal argumentan que Neuquén cumplió en pavimentar lo que le corresponde, pero Mendoza todavía está en deuda.
A ello se suma la caída de ese emporio que llegaba a todos lados, la TAC, ya que era el único servicio de transporte que hacía el recorrido entre nuestra capital y el norte de Neuquén. En la actualidad, la empresa Andesmar volvió a reactivar el recorrido desde enero.
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Y, aunque parezca una postal de un época de oro, la pérdida de los vuelos entre Mendoza y esta ciudad, que todavía conserva su aeropuerto -la presidenta llegó al mismo en el Tango 01 en mayo pasado- y ya reactivó una aerolínea hacia la capital neuquina, de la que distan 6 horas de viaje en colectivo.
Estos contactos entre mendocinos y neuquinos a menudo han resultado más que insospechados. Para decirlo de otra manera: Ricardo Landete, que alguna vez estuvo en África participando de la ONG Médicos Sin Frontera, no está sólo como uno los referentes más significativos que ha trascendido las fronteras del pueblo. Los mendocinos también conocimos otro, que supimos "adoptar" y votar, en su oportunidad.
También nacido en Chos Malal, Jorge “Coco” López fue otro de los que emigró tempranamente para hacer sus estudios universitarios. Con el tiempo, volvería a su terruño, pero ya como integrante de aquel team peronista que se dio en llamar “El equipo de los mendocinos”.
Actualmente, “Coco” López es decano de la facultad de Ciencias Económicas de la UNCuyo, tras un lapso de varios años en el sosiego, olvidando quizá los vaivenes políticos que provocaron la pérdida de los bancos estatales y que lo tuvieron como protagonista en los `90. Hace rato que ya no se lo ve en la ciudad.
Don Tito Landete siguió el camino inverso. Desde San Rafael, tomó el volante de su camión, acompañado de Antonia, su esposa, y comenzó a cruzar la frontera en los años `60 para iniciar su larga carrera en el comercio y fundar, años después, el supermercado más viejo de Chos Malal.
Pero al principio, muchos recuerdan que él llegaba a menudo al pueblo con su camión y mercaderías para venderlas, hasta que decidió instalarse definitivamente. Ese trayecto, desde San Rafael, duraba un día y medio.
En la lejana Chos Malal encontramos más historias que merecen ser conocidas y que relataremos en las próximas entregas.