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Cuatro bodrios y un funeral

Las peleas no cesan, y ni siquiera el suicidio de uno de los hombres claves en estos 25 años de democracia (dato innegable más allá de las valoraciones de cualquier índole), parece haber removido el letargo y el aburrimiento que se genera cuando el empeño se pone en la fricción más que en la construcción de una sociedad mejor.
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La muerte de José Genoud eclipsó el panorama semanal de una realidad contrastante que decididamente hace esfuerzos por escaparle al lucimiento de sus protagonistas y por ende, al necesario vuelo de la acción política. La presencia masiva de dirigentes de las fuerzas mayoritarias, en un ámbito legislativo transformado en sala velatoria, es la marca simbólica no sólo de la fortísima y polémica trayectoria del ex vicegobernador radical, sino también de qué manera frente a la tragedia o a la adversidad, la corporación política estrecha filas, olvidando agravios y disputas del pasado.

Sin embargo, y antes de que la conmovedora noticia alterara el clima, la provincia transcurrió timorata en el plano de sus pequeñas disputas, de sus ya clásicas rencillas, en las que para beneficio del inmovilismo, no parece haber nunca ni vencedores ni vencidos; simplemente antagonistas de un ajedrez mayor que de tan minucioso resulta aburrido.

La “caciquecracia”

La puja por la distribución de más fondos para los municipios parece transformarse en un dolor de cabeza  más complejo de lo que el mismo gobierno de Celso Jaque imaginó inicialmente. Los que creían que se trataba nada más que de una demanda puntual pudieron advertir en estos días que más allá del dinero hay un cuestionamiento político sobre los modos y las formas de la conducción jaquista.

Esta próxima semana habrá un nuevo intento por destrabar el tema en la Legislatura, pero lo cierto es que los caciques quieren –más allá de saciar sus necesidades inmediatas- una participación más efectiva en la toma de decisiones en la provincia. Intentan así, imponer su peso territorial y gravitar en las políticas a fin de tener elementos para defender una gestión a la que ven no sólo lejana a sus pareceres, sino también debilitada frente a la misma opinión pública que hizo posible el triunfo de Jaque y de los intendentes.

Cogobernar es la oferta que esconde también el reclamo. Negociar, incluso a un alto costo, es la respuesta que desde Casa de Gobierno tienen para los levantiscos que además saben que no están solos. Sólo hace falta una señal de los jefes comunales del PJ para que un puñado importante de legisladores actúen en consecuencia, y también para que se sumen al coro de insatisfechos aquellos ya de por sí quejosos: los intendentes de la oposición.

Más de los montescos y los capuletos

A propósito de esta pelea entre la provincia y los municipios, durante estos días se reflotó con fuerza la disputa entre el gobernador Celso Jaque y el vicepresidente Julio Cobos. En medio de la discusión legislativa para el salvataje financiero, la Concertación cambió su postura respeto a la intención de entregar cerca de 15 millones para las comunas.

Esta decisión generó acusaciones cruzadas y rispideces que involucran al vicepresidente en un plan para entorpecer la tarea de Jaque. Una vez más, los picoteos políticos tuvieron como excusa a los números, con un amplio coro de defensores y detractores que se sumaron a la gesta. La batalla, ya un clásico de la política mendocina, involucra también una lucha de egos y de celos, en un fragor histórico que ha sido capaz de disputar desde el favor de los Kirchner hasta la preferencia de los mendocinos.

Ahora, que Cobos está freezado en el gobierno de Cristina, y que Jaque intenta tener autonomía de decisión sin que eso implique ruptura, ambos parecen liberados a lanzarse manotones que nunca llegan a destino, o a ignorarse como rivales de barrio que pretenden a la misma dama sin advertir que ella sufre por sus necesidades y su triste destino.

Lo cierto es que nadie asegura que ésta haya sido la última reyerta. Por el contrario, se esperan nuevas escaramuzas y picardías que poco tienen que ver con una elaboración política que atienda a los intereses superiores de la Provincia y sí con este folclore cotidiano de montescos y capuletos que entendemos, del Desaguadero para acá, como “la política”. 

De costa a costa

Una buena para el gobierno provincial, enredado ahora en la posible extensión del régimen de promoción industrial a las provincias vecinas (lo que implicaría disputar con la Nación y algunos muy buenos aliados como la administración de José Luis Gioja en San Juan), fue el paso decisivo que el jaquismo dio para poder avanzar en la nominación de Marcelo Costa en la Osep.

El actual subsecretario de Servicios Públicos sorteó casi sin mayores inconvenientes la audiencia pública que lo ha dejado posicionado para enfrentar ahora la votación secreta del Senado. Más allá de lo que allí suceda, y en virtud del terror que inspira en el oficialismo la sola mención de las bolillas negras, el gobierno parece haber acumulado experiencia en este proceso de nominación.

Sin embargo, eso no significa que las cosas hayan mejorado sustancialmente. El paro docente de 72 horas, las polémica por las planillas de descuento y el amague de judicializar la puja salarial, siguen poniéndoles signos de interrogación al futuro de un área tan sensible y conflictiva como es la educación. Sin dudas, Iris Lima encabeza el ránking de los ministros cuestionados, pero sin embargo no es la única. Alguien del entorno íntimo del gobernador resumió el sentimiento de frustración que Jaque tiene respecto de sus ministros: “si hoy hubiera elecciones, al único que podríamos presentar es a Ciurca…”. La frase, además, parece ser algo más que una percepción personal del funcionario, sino también una corporización de los resultados de algunas encuestas en la que el ministro de Seguridad es uno de los pocos que –paradójicamente- salvan la ropa.

Esto, hasta llegado el caso, podría acelerar algunos procesos y decisiones que en el fuero íntimo parecerían tomadas respecto a la continuidad de colaboradores. Jaque sabe que hoy es visto por muchos mendocinos como una especie de naufrago, y que su única tabla de salvación puede ser, de ahora en más, elegir muy bien a quienes lo ayuden a remar, y a quiénes debe dejar a su suerte en medio del océano. De lo contrario, nunca podrá llegar a tierra firme, y mucho menos, hacer pie en una costa segura. 

Adelante (atrás y a los costados) radicales

Una de las tantas fotografías que dejó el funeral de José Genoud, fue la de la pelea radical. Si bien es cierto que en el plano partidario y en privado (y especialmente tras el escándalo de las coimas en el Senado) el Pepe solo contaba con la adhesión incondicional de su sector Causa Nacional, dirigentes de todas las extracciones internas se mostraron respetuosos ante la pérdida.

En primer lugar, sus ex amigos de Causa, Juan Carlos Jaliff y Andrés Marín, hoy fervientes cobistas, quienes dejaron entrever que más allá de las diferencias del presente, lamentaban el dolor de ya no ser. Por otro lado, sus históricos rivales desde la época del Movimiento de Renovación y Cambio, con Víctor Fayad y Raúl Vicchi a la cabeza, quienes a pesar de tantas disputas de comité se hicieron presentes en el mismo domicilio del ex senador nacional apenas se conoció la trágica decisión.  

También, y más allá, andaban dando vuelta muchos otros que provenían de la Coordinadora, como Alfredo Cornejo, y por supuesto, algunos otros del sector de los Territoriales, uno de los más nuevos agrupamientos del mapa radical, que sin embargo ha quedado desdibujado tras la última intervención del partido y el cisma producido por Julio Cobos.

Al margen de los orígenes, la dispersión actual entre “ortodoxos” y “concertadores” parece estar en punto muerto pese a los avances producidos hace un tiempo incluso a nivel nacional. Aún existen de ambos lados suficientes reparos como para augurar una reunificación y por estos días todas las expectativas están puestas en lo que será la Convención Nacional que discutirá a fondo este tema en Córdoba el próximo fin de semana.

Más allá de lo que allí se decida, son muchos los dirigentes de uno y otro lado que cuestionan la estrategia solitaria de Cobos, o su particular construcción que aparece a los ojos de muchos observadores como desmadrada ideológicamente. Y por otra parte, el posicionamiento ante el gobierno de Jaque también resulta ser otro punto de discordia. La vertiente dialoguista de los que se encolumnan con la intervención de Carlos Le Donne es el más grave desaire para los seguidores de Cobos.

Así las cosas, muchos ya ni se saludan, y otros lo hacen casi por compromiso. Lejos parecen haber quedado los días en que las disputas se dirimían a través de elecciones internas, y donde José Genoud supo darle continuidad a su espacio y lograr mediante la negociación o la decisión de los afiliados, un lugar propio en esta sopa radical, hoy tan contaminada y tan menguada, que de tanto picante se ha tornado insípida.