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La ley del mangazo
En el mundo, el Estado se hace cargo de los desatinos del capital. En la provincia, el capital parece ser la condición para la continuidad de la política. Los reclamos por refuerzos presupuestarios para los municipios, ¿hacen surgir desde las comunas oficialistas una nueva oposición?
El planeta se columpia al vaivén del sistema financiero internacional. Allí, eso que llamamos el mundo real termina siendo una gran patraña conformada por estructuras de dinero ficticias, maniobras especulativas y grandes corporaciones vendedoras de humo, que como tal, desaparecen.
La caída en los últimos días de estas gigantes maquinarias de las finanzas y la economía en los Estados Unidos llama también a la reflexión sobre los límites del capitalismo; en tanto y en cuanto, el sacralizado mercado parece no resolver por sí mismo las distorsiones generadas en su interior, y como en las mejores economías centralizadas y planificadas, es el Estado el que tiene que salir a rescatar bancos y financieras a fin de evitar males mayores.
Evidentemente, algo no anda bien en este mundo. Y como dice la presidenta Cristina Fernández, los que hasta ayer medían el riesgo de los países emergentes, hoy le generan a sus respectivos países enormes desequilibrios financieros que amenazan, como las grandes pestes, extenderse por todos y cada uno de los continentes.
Pero lo cierto es que las pulsaciones del mundo están dadas por los flujos de dinero, y ni siquiera nuestra pequeña gran aldea parece salvarse de tan materialista condición. Los enormes esfuerzos del gobierno provincial por encauzar la gestión tras el acuerdo de la seguridad, y con él, una mediana calma que permita respirar, se vio alterada esta semana con la avanzada de los intendentes que no quieren esperar más por algunas remesas prometidas y que todavía están esperando. Los 40 millones establecidos como refuerzo presupuestario fueron la piedra de la discordia.
Desde Las Heras, Rubén Miranda expresó con virulencia y honestidad brutal una sensación y un pensamiento que desde hace tiempo tienen muchos justicialistas con o sin responsabilidades de gobierno. El destinatario fue el ministro de Hacienda, Adrián Cerroni, encargado de manejar la plata de la Provincia, aunque la frase también podría haber sido dirigida para cualquier otro ministro de los muchos cuestionados. “Si no sabe sacar los números, que se vaya…” dijo Miranda que, como varios peronistas, siente que más que querer perjudicarlo, la gestión de Celso Jaque no puede resolver algunos desafíos por la impericia de ciertos funcionarios a quienes los cargos –creen sin decirlo públicamente- parecen quedarles grande.
A su turno, Alejandro Abraham, desde Guaymallén, pareció avalar la movida, y en consonancia, expresó que no sólo las comunas quieren más dinero, sino que prefieren un diálogo directo con el gobernador, tal vez cansados de algunas excusas y evasivas que desde Hacienda parecen haberle realizado a los caciques, quienes se sienten con el cansancio de los cobradores que se hartan de tocar timbres y que nadie los atienda.
Sin embargo, la frase de Miranda y el posterior banque de Abraham parecen destinados a marcar un nuevo punto de inflexión en el entramado político de la provincia. Especialmente porque la paciencia de algunos actores se acaba de manera directamente proporcional a la velocidad con que aparecen nuevos y más complejos problemas que tienen siempre como principio y como fin, al dinero. Opositores y oficialistas creen que si no reciben más partidas sus propias dificultades financieras ponen en riesgo sus gestiones comunales, y con ello, sus futuros políticos. Y, obviamente, y antes que esto ocurra, están dispuestos a dejar de lado lealtades partidarias o las más simples y elementales formas del protocolo.
El propio gobernador consideró, ante estos reclamos, que en realidad lo que estaba flotando en el ambiente era un profundo nerviosismo, propio de aquel al que no le alcanza la plata: ya sea un intendente, un asalariado o un operador de bolsa que ve como sus acciones se derrumban como consecuencia de un crack mundial. Sin embargo, y sabedor que detrás de estas palabras también hay embates políticos, marcó la cancha y le mandó a decir a Miranda que creía que sus declaraciones eran, lisa y llanamente, una falta de respeto.
Sin que el agua llegue al río, es probable que en los próximos días las partes logren pulir sus diferencias, y que tras las cuentas y el reparto queden más o menos conformes todos los involucrados. Sin embargo, y ya que no es ésta la primera divergencia por fondos entre el gobierno provincial y los municipios, queda la profunda sensación que un nuevo frente ha sido abierto tras el intercambio dialéctico. Algo que para nada necesita el gobierno de Jaque, pero que sin embargo parece caracterizarse por multiplicar sus frentes de batalla.
Si el discurso de los jefes comunales oficialistas se parece cada vez más al que sostienen sus pares opositores, es que aquí también algo anda mal. Así como en el primer mundo los guardianes del mercado y la libre competencia han debido sucumbir ante el auxilio del Estado, es probable que las astillas del mismo palo terminen conformando una nueva e inesperada oposición, cuyo único salvataje y contención parece depender pura y exclusivamente, del vil dinero.
Ese poderoso caballero que no repara ni en grandes ni en chicos; ni en leales ni en contras; pero que sin embargo, ante su seductora aparición logra borrar casi mágicamente todas las diferencias. Pero que, por el contrario, ante su ausencia, hasta lo evidente se torna discutible.
A su turno, Alejandro Abraham, desde Guaymallén, pareció avalar la movida, y en consonancia, expresó que no sólo las comunas quieren más dinero, sino que prefieren un diálogo directo con el gobernador, tal vez cansados de algunas excusas y evasivas que desde Hacienda parecen haberle realizado a los caciques, quienes se sienten con el cansancio de los cobradores que se hartan de tocar timbres y que nadie los atienda.
Sin embargo, la frase de Miranda y el posterior banque de Abraham parecen destinados a marcar un nuevo punto de inflexión en el entramado político de la provincia. Especialmente porque la paciencia de algunos actores se acaba de manera directamente proporcional a la velocidad con que aparecen nuevos y más complejos problemas que tienen siempre como principio y como fin, al dinero. Opositores y oficialistas creen que si no reciben más partidas sus propias dificultades financieras ponen en riesgo sus gestiones comunales, y con ello, sus futuros políticos. Y, obviamente, y antes que esto ocurra, están dispuestos a dejar de lado lealtades partidarias o las más simples y elementales formas del protocolo.
El propio gobernador consideró, ante estos reclamos, que en realidad lo que estaba flotando en el ambiente era un profundo nerviosismo, propio de aquel al que no le alcanza la plata: ya sea un intendente, un asalariado o un operador de bolsa que ve como sus acciones se derrumban como consecuencia de un crack mundial. Sin embargo, y sabedor que detrás de estas palabras también hay embates políticos, marcó la cancha y le mandó a decir a Miranda que creía que sus declaraciones eran, lisa y llanamente, una falta de respeto.
Sin que el agua llegue al río, es probable que en los próximos días las partes logren pulir sus diferencias, y que tras las cuentas y el reparto queden más o menos conformes todos los involucrados. Sin embargo, y ya que no es ésta la primera divergencia por fondos entre el gobierno provincial y los municipios, queda la profunda sensación que un nuevo frente ha sido abierto tras el intercambio dialéctico. Algo que para nada necesita el gobierno de Jaque, pero que sin embargo parece caracterizarse por multiplicar sus frentes de batalla.
Si el discurso de los jefes comunales oficialistas se parece cada vez más al que sostienen sus pares opositores, es que aquí también algo anda mal. Así como en el primer mundo los guardianes del mercado y la libre competencia han debido sucumbir ante el auxilio del Estado, es probable que las astillas del mismo palo terminen conformando una nueva e inesperada oposición, cuyo único salvataje y contención parece depender pura y exclusivamente, del vil dinero.
Ese poderoso caballero que no repara ni en grandes ni en chicos; ni en leales ni en contras; pero que sin embargo, ante su seductora aparición logra borrar casi mágicamente todas las diferencias. Pero que, por el contrario, ante su ausencia, hasta lo evidente se torna discutible.