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Motín a bordo

Parado desde la cubierta de su nave, Celso Jaque sabe que sólo profundizando el rumbo, podrá llegar a alguna costa segura. Mientras tanto, debe sofocar a diario diversos planteos que lo han convencido de endurecer el mando, aún a riesgo de perder soldados. Éramos pocos… y estalló la interna.

Al gobierno de Celso Jaque parece no alcanzarle con haber retomado la iniciativa política en torno del Pacto Social por la seguridad, lo que le permitió (por primera vez desde que asumió) liderar un proceso en una determinada dirección, más allá de los resultados. Si bien los consensos, en torno de un tema tan amplio y delicado se dieron rápidamente, con una preponderante presencia de casi todos los sectores de la vida pública, y priorizando algunas iniciativas que no son nuevas ni transformadoras por sí; al menos, se puede observar el despliegue de una política, y eso, sin dudas es positivo.

Queda, sin embargo, la amarga sensación de cierto juego tribunero, muy propio de la clase política, que advierte que si bien no puede decir que “no” condicionado por la sensibilidad social que la seguridad genera, tampoco tiene los suficientes argumentos, o especula que no es el momento para oposiciones, y termina acompañando ideas, o iniciativas que bajo el paraguas de las buenas intenciones, generan a futuro más problemas. Tal vez el caso paradigmático sea el de la norma que endurece el sistema de excarcelaciones, que tras ser aprobada con solo dos votos negativos en Diputados, hace asomar ahora una nueva pelea: su debida constitucionalidad.

Muchos legisladores, aún a sabiendas de esta situación, prefirieron aprobar la norma, para no ser ellos quienes decían que “no”, y que luego el problema fuera –en definitiva- del Ejecutivo.  El gobierno, apurado por tener instrumentos para hacer frente a la crisis, ya que sabe que en ella se juega su propia existencia, al parecer está decidido –ahora sí- a resistir a quien sea con tal de mostrar su acción y preocupación por el tema. Aseguran desde el cuarto piso de Casa de Gobierno, que Jaque está dispuesto a enfrentar al Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y a quienes amenazan con ir a contarle todo a mamá Cristina para que ponga las cosas en su lugar. Jaque sabe que ya ha consumido casi un año de gestión entre dimes y diretes que no han hecho más que mellar su popularidad, y no está dispuesto a ceder ni un centímetro más de su diluido poder, aunque quien pretenda posicionarse o sacar ventaja sea un amigo, un compañero o un ex.

Las especulaciones de algunos analistas hablan de encuestas propias que maneja el Gobierno, en las que sólo el 11 por ciento de los que votaron por Jaque lo volverían a votar hoy. Sin dudas, y a pesar que siempre la gestión desgasta, aquí parece haber actuado una lima muy gruesa (aún en sus propios seguidores) que tras mucho tiempo de negación de la realidad, ahora sí esta inquietud ha llegado como preocupación al entorno del gobernador.

Claro, mover piezas para cambiar o afirmar el rumbo, implica pisar callos. Tanto por los que quedan heridos como por aquellos que también sumados a la especulación, desean mostrar sus diferencias en este proceso que dista del color de rosas. Tal vez el embate más contundente esta semana haya sido el que intentó poner en caja al vicegobernador Cristian Racconto. En Casa de Gobierno no sólo se cansaron de sus excentricidades institucionales (por llamarlo de algún modo), sino que también han percibido señales de desconfianza en los movimientos del arquitecto, y por ello decidieron darle a través de la tapa de los diarios, sólo una muestra del enojo.

Sin embargo, y como también ya se ha difundido en abundancia, las diferencias con algunos intendentes como Adolfo Bermejo, Rubén Miranda, Alejandro Abraham y Omar Félix, son notorias; algo parecido sucede entre el hombre fuerte del gobierno, Alejandro Cazabán y el que debería ser el hombre fuerte, por ser el presidente del PJ y el ministro político, Juan Marchena; quien además no es el único que recela del poder de Cazabán. Instancia que también alcanza desde los representantes de la joven y cristiana Fundación Contemporánea hasta la vieja línea interna peronista denominada los azules que maneja con control remoto desde Buenos Aires Juan Carlos Chueco Mazzón.

En fin, un sinnúmero de intríngulis que no hacen más que boicotear el día a día y que en lo inmediato puede tener sólo dos efectos. El primero, el movimiento y la salida de más funcionarios, tal como ya aconteció con el Polo Social recientemente y con el jefe de Prensa, Lautaro Vicario esta semana, y del que el ultimátum lanzado a los ministros también se inscribe. El segundo, la suma de más dificultades que se pueden trasladar a la gestión ante la actuación de funcionarios que no saben, no quieren o no pueden. Y del cual el más claro ejemplo parece haber sido el acta que se pretendió firmar con la Legislatura, a propósito del Pacto, que parecía omitir hasta la más elemental concepción de la división de poderes y atribuciones, y que de alguna manera reflejan los cortocircuitos y diferencias también ya profusa y oportunamente explicitados entre el jefe de bloque oficialista Carlos Bianchinelli y el Ejecutivo, o entre el jefe de la Cámara de Diputados Jorge Tanús y el propio vicegobernador. Una falta de diálogo, que evidentemente no ayuda en este vínculo, pero que también se puede hacer extensivo a cualquier área de la gestión jaquista.     

Esta especie de multinterna generalizada, permanente y cotidiana (ahora expuesta aunque minimizada por sus protagonistas) tenderá a dilucidarse en la medida que la realidad no ponga más palos en la rueda de la gestión, y en tanto y en cuanto, los caminos de la política se mantengan dentro de los ámbitos de la previsibilidad y la racionalidad. Pero si en cambio, por el factor que sea, algún elemento se sale de cauce, ni la supuesta concordia lograda con el Pacto y que en el plano externo sólo ha recibido algunos cuestionamientos del Partido Demócrata y del intendente de Godoy Cruz Alfredo Cornejo, podrán encauzar el rumbo de un barco que pese a haber superado una tormenta, debe enfrentar a diario episodios insurgentes de amotinados que cuestionan por lo bajo desde el rumbo del timón a la plana mayor del almirantazgo, o que desean tomar sus propios barcos de emergencia ante lo que intuyen puede ser un desastre mayor.